Secciones
×

Síguenos en

¿Por qué Donald Trump será un presidente excepcionalmente bueno?

Trump es más capaz e inteligente de lo que la mayoría podía darle crédito. ¿Lo hace esto una persona de buen corazón? Eso solo el tiempo lo dirá. Pero no lo hace el ignorante heredero y malcriado que todos pensaban. 

Por Héctor Pleitez*

Nov 12, 2016- 18:10

Después de casi año y medio de su anuncio como candidato para conducir los destinos de Estados Unidos desde la Casa Blanca por el Partido Republicano (conservador), muchos que siguieron paso a paso su controversial y poco tradicional ascenso político se han quedado rascando la cabeza del resultado de este recién pasado 8 de noviembre.

Casi nadie le daba más de un 15 % de posibilidades de triunfo.

Siempre pensé que la opinión pública dominante (Main Street media) estaba equivocada en su evaluación del candidato Trump (y lo sigue estando), a veces honesta y justificadamente pero la mayoría de las veces siguiendo una agenda liberal preestablecida desde los cuarteles editoriales.

Este último factor exacerbó los ánimos de las muchas ya sensibles minorías étnicas, religiosas, la comunidad LGBTI y el votante femenino en general. Los demócratas se relamían los bigotes mientras la sociedad se iba polarizando hasta alcanzar niveles violentos tanto retóricos como físicos pocas veces visto en los Estados Unidos. 

Por lo anterior, era fácil entender que el cálculo político se decantara a favor de la candidata demócrata Hillary Clinton. 

Pero los medios no contaban con la astucia y olfato del republicano. Como todo buen empresario, tuvo primero una visión: ganar la Casa Blanca. Estudió el vehículo que lo llevaría ahí (partido político afín principalmente a su filosofía económica), evaluó el entorno e hizo su FODA (Fortaleza Oportunidades Debilidades y Amenazas). Pudo apelar a las defraudadas y olvidadas otrora bases demócratas que fueron ignoradas por Obama e insultadas y menospreciadas por un discurso demócrata de superioridad intelectual faltando el respeto a su dignidad y creencias tradicionales.

Obama polarizó yéndose al extremo político de la izquierda intelectual y fracasó en hacer llegar realmente los beneficios económicos y la justicia social que prometió en su campaña (el político que tenga oídos, que oiga). En otras palabras, pudiéramos decir que Trump es el verdadero legado de Obama; él está por revertir todas las medidas que han mantenido a Estados Unidos en un débil despegue económico, un sistema de seguro médico insostenible, un complicado código tributario, altos impuestos a empresas, excesivas regulaciones a distintos sectores productivos y la manipulación de las tasas de interés a través de la Reserva Federal.

Veamos para adelante… La noche de las elecciones, los futuros de la Bolsa de Valores se desplomaron casi un 5 % al ver el posible gane de Trump; 36 horas más tarde, el Dow y Nasdac (principales indicadores del mercado) se encuentran rompiendo récords de alza históricos, el sector financiero tuvo un salto sustancial de un 8 %, esto gracias a un discurso de Trump ecuánime e incluyente. Parece que el optimismo ha ganado espacio al miedo.

Al ver los pocos recursos que tuvo Trump, la oposición que enfrentó de distintos lobbies liberales, medios televisivos y escritos, y su propio partido republicano, sin pasar por alto casi todo Hollywood, queda clara una gran verdad: Trump es más capaz e inteligente de lo que la mayoría podía darle crédito.

¿Lo hace esto una persona buena de corazón? Eso solo el tiempo lo dirá. Pero no lo hace el ignorante heredero y malcriado que todos pensaban. En la realidad él es un hombre más sencillo de mente y práctico de lo que parece; habla con palabras básicas y dice lo que piensa; muchas veces le sale mal y se mete en problemas pero está aprendiendo. Por otro lado, demuestra que no es un político lleno de mañas y doble discurso, sino directo y sin miedo a caer mal, y eso… cae bien.

Ha demostrado ser capaz, inteligente y disciplinado cuando se lo propone, pero su mayor virtud es que no es político.

Esto abre la puerta paradójicamente a una nueva clase de gobernantes, los que digan lo que piensan y hagan lo que dicen. Esto sí es revolucionario.

En conclusión, él será un buen presidente porque es práctico, inteligente y tiene capacidad de corregir cuando se ha equivocado… pero lo más importante es que tiene la voluntad de hacer las bien cosas.

*Colaborador de El Diario de Hoy.