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“Buxos caperuxos”

Por Por Carlos Alfaro Rivas*

Ago 25, 2013- 18:01

¿ Quién quiere ser millonario? es uno de los programas con más rating en el país. Eso quiere decir que una buena tajada del millón y pico de televisores, entre Ahuachapán y La Unión, sintoniza el Canal 4 los miércoles a las 8 pm. Aquí y en la China, la idea es ponchar a los participantes antes de que logren salir bien pupusos de pisto.

No sería raro que los encargados de redactar las preguntas del programa, aprovechen el enredo de la más reciente crisis constitucional para que Willie Maldonado despida a varios jugadores. Es sin duda un tema bien enredado que se complica aún más por tanto gato encerrado, por tanta mano peluda.

La mayoría de salvadoreños fácilmente ubicamos al presidente y a su vice, algunos ministros y quizás a los diputados. Ahora bien, entender cómo está configurada y cuál es la misión de la Corte Suprema de Justicia, es terreno lleno de nebulosas que urge despejemos si no queremos que nos lleve candanga.

El Dr. Fortín Magaña nos exhorta a que “estemos atentos y actuemos para defender nuestra Constitución”. Tiene toda la razón pero, para poder actuar, es necesario entender lo que debemos defender. Veamos:

En la más reciente violación a nuestra democracia, intereses políticos pretenden quitarle la imparcialidad e independencia a Doña Justicia, para que ni se le ocurra obstaculizar sus pretensiones ni restarles poder.

Si logran sus ambiciones, los salvadoreños perderemos nuestro derecho a la libertad y a trabajar para salir adelante.

Sin respeto a nuestra Constitución, nuestro voto perderá legitimidad.

Sin justicia, cambiarían los inquilinos de Mariona y Zacatraz: Libres los mareros y corruptos; presos los opositores al gobierno y las molestas plumas que ahora opinan con libertad.

También cambiaría el perfil de los huéspedes de nuestros hoteles. Los ejecutivos de empresas globales, como SAB Miller, Unilever y Citi, harían “check out”, y los amigotes del gobierno harían “check-in”.

Un sentido de persecución contagiaría a la población, pues el Estado Supremo estaría de mirón en nuestros vecindarios, trabajos, Internet e interviniendo nuestros teléfonos .

Las fuerzas productivas del país, generadoras de empleo y bienestar, reducirían sus planillas por la falta de oxígeno y sus proyectos serían engavetados.

Los anaqueles del Súper Selectos estarían ralitos y los periódicos que sobrevivan se publicarían ediciones flaquitas por la falta de publicidad.

El poder absoluto estaría concentrado en un pequeño club de nuevos ricos que, empalagados por la miel del poder, se darían la dolce vita y comprarían el apoyo de discípulos para que opaquen cualquier intento de protesta en su contra.

¿Y Juan Pueblo? Muy mal gracias. Muy mal pues el atol que le dieron con el dedo no cuajó y porque a pesar de ver su libertad amenazada, no hizo nada.

En la tele, radio y los periódicos ya no podrá ver, oír ni leer lo que le gustaba. Se “acabuche pate-cuche” navegar por Internet con libertad. Se “acabuche” también la posibilidad de ventilar su cólera por tanto abuso de poder. Si tiene suerte, calmará sus agruras e insomnio con Nexium y Tafil “chabeleadas”. Se quedará sin trabajo y, desesperado por no poder proveer lo básico para sus hijos, le pasará todos sus ahorros a un coyote para intentar llegar a Los Angeles. Pobre Juan, su personalidad ocurrente y espontánea será consumida por tanta incertidumbre, tanta paranoia.

RIIIINGGGGGG… Es tiempo de atender a la advertencia del despertador. No podemos quedarnos con los brazos cruzados mientras violan a Doña Justicia, mientras pretenden descabezar a la Sala de lo Constitucional, mientras se llevan de encuentro a nuestra libertad.

La mayoría de salvadoreños preferimos la democracia, pues nos permite elegir nuestro propio destino. Anhelamos un país de oportunidades en el que se pueda progresar. Queremos seguir opinando y disfrutando ¿Quién quiere ser millonario? o el programa que nos ronque la gana.

“¡Buxos caperuxos!” Digamos NO a los gatos encerrados y a las manos peludas.

*Colaborador de El Diario de Hoy

calinalfaro@gmail.com

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