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Consecuencias de verticalidad y jerarquía

Por Por Julio Andrés Funes*

Ago 04, 2013- 18:04

En nuestro país, como en la mayoría de países latinoamericanos y muchos otros del mundo en vías de desarrollo, reina la verticalidad y la jerarquía en nuestras estructuras sociales, como lo son partidos políticos, empresas, organizaciones y otras instituciones. Este artículo no pretende ahondar en el porqué de esta realidad ni en las causas de la misma. Al contrario, con el anhelo de plantar una semilla en la mente de lectores, la pieza busca explorar algunas de las consecuencias no exhaustivas de este contexto.

El primer efecto que se viene a la mente como consecuencia de una sociedad con una verticalidad obtusa es lo que recientemente leí referido como “Mal de Hybris”, en referencia al término utilizado en algún momento en Grecia para referirse a un héroe de batalla engrandecido. En otras palabras, y sin afán de generalizar, la glorificación de la verticalidad y la jerarquía en nuestro país llegan a crear un cierto narcisismo o desmesura y pérdida de humildad en muchos de los individuos que se encuentran en posiciones de poder. Los individuos en posiciones de poder que no logran lidiar con este contexto, lastimosamente llegan a pensar que sus ideas y puntos de vista son superiores al resto de la sociedad debido a la veneración pública que se les da a sus personas. Ejemplo contrario de esto se puede presenciar alrededor del mundo, especialmente en países más desarrollados y con niveles de educación más elevados, pero también se puede presenciar en El Salvador y la región. En estas otras situaciones, se encuentran líderes económicos y/o políticos que se mantienen humildes, son conscientes que sus posiciones de poder son resultado de las circunstancias y pueden conversar con una persona común y corriente de “tú a tú” y sin aires de superioridad.

La glorificación de la verticalidad y la jerarquía puede restringir la comunicación general en la sociedad. Esto porque una gran parte de la población común y corriente llega a adquirir un temor a compartir opiniones u ideas abiertamente por temor a represalias de parte de individuos en posiciones de poder o sus aliados. A la vez y obviamente, esto limita la crítica constructiva y el diálogo en las estructuras sociales, ya que individuos en posiciones de poder no valoran las ideas u opiniones que vayan en contradicción de sus ideas e intereses propios.

Asimismo y en la misma línea, los individuos en los niveles bajos de empresas, partidos políticos y otras estructuras económico-sociales tienen poca injerencia en la toma de decisiones y estas se llevan a cabo de una manera poco participativa. Los individuos que suben profesional o políticamente “la escalera” en nuestras estructuras sociales y económicas no suben por sus ideas y pensamiento crítico, propio e independiente, al contrario, suben porque acuerdan con las ideas, intereses y opiniones de los individuos en el poder, sea esto por coincidencia o por esfuerzo. Los individuos con criterio objetivo e independiente son mal aprovechados y muchas veces aislados; las buenas ideas de los niveles bajos muchas veces son bloqueadas o secuestradas por mandos medios y no llegan a los niveles altos por esta misma realidad.

Pero quizá la peor consecuencia de este contexto en sociedades como la nuestra, y en coherencia con el resto expuestas anteriormente, es que las buenas ideas nuevas se estancan y no fluyen. Mientras nuestros líderes políticos y económicos piden crecimiento económico y la participación de la juventud con urgencia, contradictoriamente este escenario en realidad estanca el crecimiento económico y social; se estancan la innovación, la juventud, el surgimiento de PYMES, la clase media, el crecimiento económico y el progreso social en general. Lo opuesto a esta realidad es una sociedad más horizontal y “plana”, donde las buenas ideas se capitalizan no importando de donde provengan y los líderes las incitan, promueven y apoyan porque entienden que el progreso en cualquier esquina del país beneficia a todos. Esto a su vez lleva a una sociedad continuamente innovadora, competitiva y en crecimiento constante.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

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