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Motivando la lectura

Por Por José María Sifontes*

Ago 30, 2013- 18:02

¿Cómo se puede inducir un niño al hábito de la lectura? Es una pregunta importante pues la lectura, aparte de ser un deleite –y a veces hasta un inestimable consuelo– aumenta las perspectivas de la existencia, desarrolla la imaginación e incrementa los potenciales de la persona. La utilidad de la lectura va desde los más elevados propósitos hasta el tener interesantes temas de conversación en una reunión social.

La respuesta no es sencilla. Cada niño es distinto y le estimulan diversas cosas. El ambiente influye por supuesto. En un hogar donde los padres leen y en el que hay abundante material de lectura, la actividad llega a ser percibida como algo natural y aparentemente entretenida. Si en la casa el entretenimiento principal es pasar viendo en la televisión concursos de baile o historias de fantasmas, entonces la lectura será vista como actividad de excepción y no de regla. Y no digo que no haya programas interesantes o películas de calidad en la televisión. Sería hipócrita de mi parte decir que no me gustan o que no las veo, pero hay que dar un justo balance. Y en este balance la lectura debe prevalecer. Un hecho histórico, por ejemplo la Revolución Francesa, puede ser visto en un documental en televisión o se puede leer en un libro. La televisión tiene la ventaja de resumirlo y cubrirlo, digamos, en un par de horas. La lectura lleva mucho más tiempo pero se fija más en la memoria. Con la televisión los datos se esfuman al poco tiempo, con la lectura se quedan. Además, en la televisión las cosas se presentan ya acabadas, hay rostros y escenas, se es completamente pasivo. La lectura abre la imaginación; uno tiene que imaginarse las caras de los personajes, los paisajes y las acciones. Y esto, el tener un rol activo marca una gran diferencia.

Pero volvamos al punto ¿cómo hacer que los niños lean? Habrá tal vez en algunos cierto factor genético que los hace buscar por si mismos los libros, incluso sin mayor estímulo ambiental. Son lectores natos, que ya traen ese posible gen. Así es también con los escritores, y hay ejemplos de grandes novelistas que no tuvieron una notoria instrucción ni estímulo. Pero en la mayoría de casos esta predisposición no se tiene y hay que estimularla. Una buena forma es leerles material de todo tipo e ir conociendo cuál les agrada más. También es un buen estímulo llevar a los niños a las librerías, que pasen un buen tiempo allí y que escojan sus propios libros. Esto de que escojan sus propios libros es crucial ya que los gustos no se pueden forzar. Lógicamente al principio los gustos serán limitados pero poco a poco se irán ampliando. Me parece que es un error en los programas escolares la secuencia de las lecturas obligatorias para los estudiantes. Lo de obligatorio, aunque no ideal, pasa, escuela es escuela, pero la secuencia puede dar origen a problemas y rechazo. Obligar a un adolescente a leer obras que pueden ser clásicas pero que no les despertarán interés ni las entenderán será percibido como una tortura. Obligarlos a leer obras del Siglo XIV, con su español antiguo y todo, es como incentivar el gusto por la navegación después de un naufragio. Primero, lecturas que interesen y entretengan; después lo demás. Recordemos que para que el hábito se forme debe ser sentido como un placer. Y eso es efectivamente.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.

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