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Las naciones y sus épocas de oro

Por Por Julio Ernesto Agreda*

Ago 14, 2013- 20:00

Echando un vistazo a la historia, nos damos cuenta de que cada nación ha tenido sus buenos tiempos; aquellos que sus ciudadanos recuerdan con orgullo y hasta nostalgia. Mientras unas tuvieron ya sus épocas doradas, otras lo están viviendo en el presente; tristemente algunas pobres naciones nunca han experimentado lo que es vivir en prosperidad y esplendor. Creo, sin temor a equivocarme, que una de esas naciones es mi querido El Salvador. Venimos arrastrando males crónicos desde los tiempos de la colonia, como son la desigualdad y la marginación social producidas por el egoísmo y la ambición de quienes temporariamente se toman el país.

Uno puede ver cómo otras naciones surgen con fuerza económica, social, científica y tecnológica, capaces de invadir mercados internaciones con su riqueza, mientras nosotros seguimos tapando el hoyo que se abrió la noche anterior. Somos reactivos en lugar de ser proactivos. Y es que siendo sinceros, no han aparecido todavía las personas que tomen las riendas de este país con una visión de nación. Mientras primen las ideologías partidarias, el egoísmo y la ambición personal, nos mantendremos congelados y sin esperanzas de un nuevo amanecer.

Si los que hacen su pasantía en la política abandonaran sus diferencias ideológicas, el egoísmo y su propia ambición, y en lugar de esto se plantearan el reto de impulsar un proyecto de nación en el que se involucre a todos los sectores, las cosas empezarían a cambiar rápidamente. Fenómenos tan complejos como el de la delincuencia que cada vez ha ido ganando terreno y otros similares, nos obligan a enfrentarlos como una sola familia, es decir, todos como nación. Estos problemas no los resuelve un partido político por más que busque el protagonismo; la historia nos lo demuestra.

Seamos inteligentes, abandonemos toda presunción mesiánica y pongámonos a trabajar por el país. Dejemos de pensar que somos los mejores o los únicos que tenemos la fórmula para sacar adelante a la nación. Es demasiado grande el paquete como para que alguien pretenda cargarlo por sí solo.

Como muchos salvadoreños, sigo esperando el comienzo de una nueva época para mi país. Soy de los que creo firmemente que quienes nos gobiernen deben ser hombres de compromiso y temerosos de Dios. No los que siempre utilizan a la iglesia y se escudan en la Biblia únicamente en épocas de campaña con el fin de ganar votos. Los tales deben ser capaces de trabajar por recuperar los valores morales, familiares y espirituales, que jamás se presten para cambiar la estructura tradicional de la familia, así esto les signifique pérdida de votos. Estos deben ser justos y equitativos en la administración del país, sin ánimo de enriquecerse a costa del pueblo dadas las oportunidades que ofrece la posición mientras se gobierna.

Se dice que: “cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime” (Proverbios 29:2). También es cierto que: “bienaventurada es la nación cuyo Dios es Jehová” (Salmo 33:12). Mientras no entendamos estos principios y caprichosamente pretendamos dirigir al país sin tomar en cuenta a Dios, nos distanciamos más de los buenos tiempos que todos esperamos.

Digo esto, convencido de que así será y sustentado en la historia. Por ejemplo, el pueblo de Israel tuvo sus mejores épocas en los días en que gobernaron David y Salomón, tiempo conocido como el de la monarquía unida. Fue entonces que la nación floreció en lo económico, en el arte y en la literatura, entre otras. Tanta prosperidad había que la plata no tenía valor, porque lo que dominaba era el oro (1º. Reyes 10:21-23). Buena parte de los libros del Antiguo Testamento surgió aquí, entre ellos los salmos y los proverbios. Como esa nación otras igualmente lo han hecho y les ha ido bien, ¿que esperamos nosotros para despertar de semejante ceguera?

*Pastor General Iglesia Cristiana SHEKINA.

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