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Los defectos que confundimos con virtudes

Por Por Sergio Rodríguez Ávila*

Ago 23, 2013- 18:04

Los salvadoreños muchas veces pensamos que la astucia en intentar engañar a la ley y el orden, desde mordidas a policías, corrupción por parte de los diputados hasta amaños de partidos de fútbol, nos vuelve “malía”. Confundimos el engaño, la picardía, como si fuera algo gracioso, “así somos los salvadoreños”.

No hay cosa que nos debería molestar más que cuando otro salvadoreño dice:”así son las cosas aquí”, cuando se refiere a las docenas de cosas que como cultura nos mantienen en el subdesarrollo. Nos hemos acostumbrado muchas veces a vivir en una cloaca de antivalores, y no sólo eso, parece ser muchas veces que nos gusta el mal olor de esta situación, incluso aportamos a la misma tirando más basura con nuestras propias actitudes y acciones.

Para dar un ejemplo concreto, miremos a Jorge “Mágico” González, el héroe de muchos salvadoreños. Por lo menos todos aquellos que alguna vez hayan tocado una pelota de fútbol en nuestro país, sienten algún tipo de admiración por él. Especialmente por lo alto que llegó a representar a nuestro país en el fútbol internacional y pues, sin lugar a dudas, por la magia que hacía con la número 5.

Sin embargo, al contar la historia del “Mágico”, es una pena tener que mencionar la parte de la historia de antivalores que representó este personaje. No voy a mencionar qué es lo que se menciona, por respeto a él como persona, pero en mi opinión, más que el “Mágico” dedicarse a profesar su buen fútbol, debería dedicarse a ser un ejemplo de alguien que pudo llegar a ser mucho más de lo que fue, pero su indisciplina lo detuvo.

¿Cuánto jóvenes no le dirán a su compañero de equipo de fútbol: “échate el traguito, qué importa que mañana tenemos otro partido, mirá el Mágico y todo lo que logró”. Puede parecer gracioso, pero somos varios los que nos hemos encontrado borrachos a toda la selecta nacional (sí, los que vendieron a nuestra patria) en una discoteca reconocida del país porque ganaron un partido, sin importar que días después tenían otro de clasificación para el mundial.

Tenemos que madurar como sociedad, reírnos de lo chistoso, llorar de lo triste, y enojarnos con lo absurdo. Suficientes años hemos vivido aceptando la deshonestidad, la indisciplina y en general los antivalores. Con el caso de los amaños de fútbol, al Fiscal General de la República, Luis Martínez, se le ha abierto una oportunidad especial para castigar la corrupción. Este caso nos hará famosos a nivel internacional por corruptos (así se percibirá lastimosamente), al menos que demos un mensaje que a los responsables los metimos presos, que tenemos un cero tolerancia a la corrupción.

Se le ha abierto una oportunidad especial el Fiscal, un evento para que agarre práctica, porque la afición, es decir, todo el país sin distinción de ideología, fuimos engañados y vendidos. Que no se detenga hasta que tengan que pagar por el crimen que hayan cometido (de ser encontrados responsables, pues por el momento todos son inocentes ante la ley), y que la FIFA los condene a no poder jugar un partido profesional por el resto de sus vidas. Que se haga un ejemplo de estos tipos.

El párrafo anterior decía que el fiscal también puede tomar esto como práctica, porque después de esto ya sabrá cómo ir detrás de tanto político malacate que nos gobierna, especialmente en la Asamblea Legislativa, donde se dice que la corrupción es parte del día a día (en cierta unión de partidos).

*Lic. en Ecomomía.

Columnista de El Diario de Hoy.

twitter:@SergioTotoR

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