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La justicia de los cerrajeros

Por Por Mario González**Editor subjefe de El Diario de Hoy.

Ago 10, 2013- 18:01

Nos guste o no nos guste, la justicia ya habló… Ese fue prácticamente el mensaje que el presidente Obama dirigió a los estadounidenses al pronunciarse sobre la liberación del policía de barrio que mató a un joven de color en Florida.

“A raíz de esta sentencia, sé que las pasiones pueden incrementarse, pero somos una nación de leyes y el jurado ha hablado…”, dijo exactamente el mandatario de la nación más desarrollada de la Tierra.

Un jurado liberó de cargos al exvigilante que alegó defensa propia por la muerte del afroamericano Trayvon Martin en febrero de 2012.

Para Obama hubiera sido fácil encender la llama del racismo y lanzar a las masas contra los miembros del jurado (tribunal popular) o de la Corte misma, pero llamó a la calma y, sobre todo, a acatar la decisión judicial.

Charles Ogletree, profesor de Derecho en Harvard y amigo de Obama, consideró que el presidente como abogado que es y por su sentido jurídico estima que no debería hacer nada que pueda interrumpir o alterar cuestiones futuras que involucren el caso Zimmerman.

Mucho tenemos que aprender todavía en El Salvador, donde funcionarios del Ejecutivo y el Legislativo están haciendo costumbre el cuestionar, atacar y tratar de neutralizar los fallos judiciales que les son adversos, como si ellos fueran la ley.

Pero lo más grave es politizar y obstruir la justicia, sobre todo cuando afecta intereses de grupos o sectores que se dicen “progresistas” y que prometían una sociedad más justa… Sí, la “sociedad de economía mixta” o la “sociedad anónima de capital variable” que están construyendo, por supuesto, la de los nuevos ricos que están felices mientras el país sufre retraso, desempleo e inseguridad.

A mí me queda claro que no hay un pleito de salas o tribunales, como se ha querido presentar, sino un intento de frenar o neutralizar a una instancia clave como la Sala de lo Constitucional para que no les siga estorbando.

Los salvadoreños no nos chupamos el dedo y nos hacemos las siguientes preguntas: ¿Curiosamente cómo es que tres “ciudadanos” presentan sendos recursos contra ocho magistrados de la Sala de lo Constitucional –titulares y suplentes– cuando se procesa la elección del presidente de la Corte por supuestos vínculos con el oficialismo? ¿Por qué el pleno de la Corte se lanza y ratifica a los contenciosos para que juzguen a sus pares constitucionalistas? ¿Por qué la Sala de lo Contencioso abre un proceso a sus colegas cuando sabe que juzgan la elección de ese funcionario? ¿Qué debemos pensar al ver que uno de los demandantes confiesa que su proceder apunta a evitar que se destituya al susodicho, cosa de la que se cuidan de mencionar los otros dos? ¿A quién favorecería que los salvadoreños se queden sin Sala de lo Constitucional, la instancia que puede ampararlos de abusos de los otros poderes y tutela sus derechos fundamentales?

Nadie nos engaña. Está claro a quién se busca favorecer y qué se quiere evitar neutralizando a los constitucionales.

El problema es que nos van a llevar a una crisis y un vacío institucional y, como dice la sabiduría popular, en río “revuelto, ganancia de pescadores”. Ya podemos pensar que se cometerá toda clase de abusos y picardías sin que nadie pueda impedirlo y quiénes sacarán provecho de esto.

Esa no es la justicia que todos queremos, sino la “justicia de los cerrajeros”, más bien de los malos cerrajeros, los que se tomaron impunemente el Palacio de Justicia, los que abusan de sus cargos y violentan puertas como los antiguos cuerpos de seguridad; los que abren despachos de noche para espiar; los que imponen a sus funcionarios por la fuerza de policías con pistola en mano y les alzan el brazo como si estuvieran en un ring de boxeo o lucha libre; los que convierten las instituciones en vulgares recintos y alegan que “lo conquistado no se entrega”.

Esa no es la justicia por la que decenas de miles dieron sus vidas en una guerra, de lo cual ahora se aprovechan unos pocos que en la mayoría de casos pasaron viajando en el exterior y ni cicatrices tienen.

Por muy modesto que sea su trabajo, pido perdón a los cerrajeros honrados y les aclaro que de ninguna manera quiero confundirlos con los otros, soberbios y prepotentes que no conocen el respeto ni les importa la democracia y son tan letales como los que derribaban puertas a patadas en los 80. Me temo que hacia eso vamos otra vez…

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