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La inversión en el país

Por Por Manuel Hinds*

Ago 08, 2013- 18:02

Este gobierno ha mantenido como primera prioridad en su política económica el conseguir una segunda operación con el fondo del milenio que, si es como la primera, representará unos 400 a 500 millones de dólares a ser desembolsados en unos cuatro o cinco años. Ha sido muy afortunado que así sea porque , no tanto por el dinero en sí mismo sino porque por tener su mente enfocada en éste ha aceptado, a regañadientes, consejos de la agencia que maneja el programa, consejos que han sido buenos para el desempeño del país. Sin el dinero, lo más seguro es que el gobierno no hubiera aceptado estos consejos.

Está muy bien, pues, que el gobierno se haya interesado en las donaciones que le puede dar al país el gobierno de Estados Unidos. Estos fondos se convierten en inversiones concretas que dan trabajo mientras se construyen y luego aumentan la eficiencia del país cuando entran en funcionamiento. El país no puede crecer sin inversión. Cualquier esfuerzo dirigido a aumentarla es bienvenido. Pero es importante notar una gran inconsistencia que el gobierno y su partido tienen en sus políticas económicas: mientras que tiene tanto interés en el dinero de Estados Unidos, no tiene ningún interés en los fondos mucho mayores que el sector privado y la ciudadanía en general pueden proporcionarle a esta inversión. Peor aún. Con sus políticas, el gobierno y el partido oficial hacen todo lo posible por reducir este aporte nacional, de dos maneras. Por un lado, ha disminuido la inversión pública. Por el otro, ha mantenido políticas que deprimen la inversión privada a través de insultos y amenazas proferidas contra los inversionistas y de una cada vez más asfixiante burocracia que mata las iniciativas de inversión antes de que puedan dar frutos. Esta política ha representado la continuación de una campaña que el FMLN ha sostenido por décadas para alejar la inversión del país, amenazando con establecer un régimen como el cubano, expropiando todo tipo de capital y acusando a los inversionistas de explotar a los trabajadores.

Como resultado, el país tiene la tasa de inversión más baja de la América Latina como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB). Peor aún, este porcentaje ha bajado con los años mientras que el promedio de América Latina, excluyendo a El Salvador, ha subido. En 1990, en las etapas finales de la guerra, la diferencia era de 4 puntos porcentuales. Ahora es de 8. Y no cabe duda de que la causa última de esta diferencia es la amenaza continua del FMLN. En los últimos 20 años, la inversión cayó cada vez que se acercaban las elecciones y volvió a subir cuando el FMLN las perdía. No volvió a subir desde que el FMLN ganó en 2009 y siguió amenazando a los inversionistas.

Los montos de inversión que las actitudes y las acciones del gobierno y el FMLN han frustrado en el país son enormes, mucho más grandes que el proyecto del milenio, que el puerto de La Unión y que cualquier programa de ayuda que el país ha recibido jamás. Si El Salador estuviera invirtiendo como el promedio de América Latina, la inversión del país sería de 5,366 millones de dólares en vez de 3,381 millones que invierte ahora. Es decir, invertiría 1,985 millones de dólares más por año, casi dos mil millones más. Esto es 20 veces lo que la Corporación del Milenio dona por año, es igual a diez puertos de La Unión por año, es suficiente para crear miles de empleos cada año, además de aumentar sustancialmente la tasa de crecimiento de la economía.

El Salvador no puede seguir desperdiciando estos recursos propios. Este gobierno, y los que vienen, tienen que entender que los problemas del país no se van a resolver quitando a unos para dar a otros lo poco que quede después de pasar por el gobierno, sino invirtiendo en capital humano y físico. Para eso, hay que dejar de amenazar a los inversionistas y crear un ambiente seguro para la inversión.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.

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