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Fiestas agostinas, no son para diversión

Por Por Jaime Ramírez Ortega*

Jul 31, 2013- 18:02

Cada vez que se acerca una de las fiestas patronales, que rige territorialmente, según el patrono de cada localidad, sucede que en la mayoría de veces estos eventos religiosos siempre traerán días festivos, lo que se traducirá en descanso remunerado.

Sin embargo la mayoría de salvadoreños tiende a confundir el descanso o el evento propio religioso, con pachangas, fiestas paganas, carnavales exóticos, que incluyen bebidas embriagantes y en algunos casos abuso de todo tipo de drogas. Pero hay otros ciudadanos que son más aventureros, deciden irse fuera del país a gastarse lo que posiblemente no tienen y financiar su viaje a pura tarjeta de crédito.

Sin temor a equivocarme creo que el propósito de las fiestas agostinas no es la diversión ni la pachanga; pero más allá de la connotación religiosa que representa el evento, es la esencia misma por la cual se hace dicha celebración, en este caso es la Transfiguración de nuestro glorioso Señor Jesucristo, en el Monte Tabor, lugar donde Débora aniquiló al enemigo, tal como lo explica el relato bíblico dado por Juan Marcos en el capítulo nueve, verso dos en adelante.

Este último dice: Seis días después Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte, solos, a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos. Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí, y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Porque no sabía lo que hablaban, pues estaban espantados. Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo. Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos.

De modo que el propósito de Jesús, es que todas las personas vengan al arrepentimiento y que hagan lo bueno. Ciertamente esto es lo difícil, para muchos ciudadanos, que sólo piensan en embriagarse, y tener por ahí alguna aventura extramatrimonial, la pregunta sería: ¿Crees tú que María, la madre de Jesús, practicaría estas cosas? ¿Lo haría Jesús? La respuesta a estas interrogantes es un rotundo “No”.

Jesús no vino a condenar al mundo, sino que su venida obedecía al hecho de salvar al mundo, pero algunos seres humanos, no desean la venida de Jesús, porque no quieren que su estilo de vida acabe, ya que piensan que ser cristiano es lo más aburrido que hay. Pero la verdad es todo lo contrario, Jesús dijo: Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Pero no una libertad para hacer lo que se nos pega en gana, sino una libertad que agrade a Jesús.

Por ejemplo, el caso de una persona que por años ha engañado a su esposa o esposo, en la que también ha habido violencia física y psicológica, pero decide buscar ayuda espiritual por medio de un guía pastoral y deja ese mal camino, ahí estaría haciendo uso de su libertad para hacer lo bueno, y esto fue lo que precisamente vino a hacer Jesús, a reconciliar a la humanidad con el Padre.

Es buen momento para reflexionar, y dar un salto de calidad hacia lo bueno, recordemos que todas las decisiones que se toman sean buenas o malas, tarde o temprano traerán una consecuencia. Jesús está con los brazos abiertos, búscalo.

*Catedrático de la Universidad Francisco Gavidia. Colaborador de El Diario de Hoy

@JaimeRamirezO

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