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La imaginación y la educación que no pasa del vaso de leche

Por Por Ricardo Chacón *

Jul 06, 2013- 18:05

En un artículo del periódico español “La Razón”, se hace el resumen de un estudio sobre la imaginación, cuyos autores son Christopeher C. Berger y H. Henrik Ehrsson, del departamento sueco de Neurociencias del Instituto Karolinska.

El estudio ha demostrado que nuestra imaginación puede afectar la manera en que experimentamos el mundo más de lo que hasta ahora se creía; aquello que imaginamos que estamos oyendo o viendo puede cambiar realmente lo que percibimos.

Se trata de un trabajo teórico pero enraizado en una labor experimental en la que participaron 96 voluntarios. Berger y Ehrsson usaron ilusiones que hacían que la información procedente de un sentido cambiara o distorsionara la percepción procedente de otro sentido; en definitiva se trata de “medir” (si se le puede llamar así) la fuerza de las sensaciones y si estas son capaces de “mover” las mismas percepciones de la realidad.

Tal como lo dice Ehrsson, “es una serie de experimentos con los que se pretende aclarar, en forma definitiva, si las señales sensoriales generadas por la imaginación son lo suficientemente fuertes para cambiar nuestra percepción del mundo real”.

Entre otras cosas las investigaciones de este tipo no sólo buscan entender los mecanismos que hacen que el cerebro no distinga entre pensamiento y realidad sino también que nos permitan entender y dar tratamiento a personas con ciertos trastornos siquiátricos; asimismo se trata de explicar cómo funciona el cerebro de personas paralizadas por uno u otro motivo, con el fin de que puedan utilizar su imaginación para controlar dispositivos motrices virtuales y artificiales.

¿Estás desvariando o qué? me preguntará el lector. ¿A qué viene citar este estudio en este espacio? Simplemente trato de señalar, reiterar, machacar, insistir, recalcar, reincidir, ratificar, confirmar (y hay muchos más sinónimos) acerca de la importancia fundamental de la investigación en sus diversos campos de estudio, para comprender y transformar la realidad.

Y esto no solo pasa por más recursos, materiales o financieros —que por supuesto son esenciales—, sino también por una base educativa sólida que nos permita cultivar el espíritu científico, asunto que requiere, al menos, fomentar el uso de la imaginación y crear en las nuevas generaciones una actitud mental imaginativa para enfrentar los problemas cotidianos, tanto estructurales como históricos.

Fomentar el desarrollo de la imaginación desde los primeros años de escolaridad permite adquirir la permanente capacidad para preguntar y discutir sobre la realidad, con lo cual se estimula el espíritu científico y crítico de las personas.

Por otra parte, la imaginación requiere de “ser alimentada” por los componentes básicos y esenciales de toda educación como la lectura; leer mucho es el alimento perfecto para el óptimo crecimiento de la imaginación.

Y es que la imaginación permite que una persona pueda desarrollar representaciones mentales como la de mantener presente la idea de un objeto que se ha visualizado con anterioridad o crear algo nuevo sin ningún sustento real. Esto se logra a partir de la misma realidad en la que el ser humano se desenvuelve. Posibilita, de igual manera, y esto es clave, “ver y pensar” los problemas, por ejemplo, con otros ojos, ojos nuevos que nos orienten a resolver, de manera distinta, los viejos problemas.

Los teóricos dicen que “es la habilidad para pensar sobre lo posible, no solo en lo que es considerado una verdad completa; es la fuente de la invención, de la novedad y la flexibilidad del pensamiento humano; no es distinta de la racionalidad sino más bien una importante capacidad que enriquece el pensamiento racional; se encuentra estrechamente ligada a nuestra habilidad para formar imágenes en la mente donde la formación de estas, a menudo involucra a las emociones”.

Qué pena, y lo digo con cierta amargura, que poco o nada de esto se discuta en El Salvador respecto a la educación de calidad, que sin duda, pasa por el fomento de la imaginación. Analizar y debatir estos temas va mucho más allá, pero mucho más allá, de señalar el gran logro educativo de este gobierno: que los niños tengan un vaso de leche dos o tres veces por semana, posean cuadernos y uniformes. Esto es tan básico, tan elemental que, si bien es importante, poco nos hace avanzar hacia una educación e investigación propias del Siglo XXI.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com

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