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Es más fácil ser dictador

Por Por Juan Valiente*

Jul 23, 2013- 18:01

Sí, Presidente, es más fácil ser dictador. No tendría que dar cuentas a nadie, no tiene que informar lo que no quiere, no tiene que negociar con nadie. Pero ese fue el modelo que nos llevó a la guerra. No fue tanto la pobreza, que todavía lastima a demasiados en nuestra sociedad. Fue el totalitarismo, el control político absoluto del Estado y la decisión de terminar matando a la oposición. Esa es la ironía de su presidencia. Llega al poder gracias a la democracia y años después se dedica a minar sus mismos fundamentos.

La democracia distribuye el poder entre varios órganos del Estado y funcionarios. Es un sistema político diseñado para tener pesos y contrapesos. Su belleza reside precisamente en obligar a la distribución del poder y su permanencia depende en buena medida de su capacidad de defender a los menos favorecidos y a los grupos minoritarios. El sector judicial es crítico para permitir que la democracia funcione plenamente.

No era necesaria tanta verborrea sobre el tema del FONAT, cuando los jueces están obligados por la Constitución y las leyes a responder a las demandas interpuestas. Deben proceder sin excusas a decidir si dichas demandas tienen validez para ser aceptadas y, una vez que hayan sido admitidas, estudiarlas con detenimiento para definir si violan o no la Constitución. ¡Qué tristeza la incapacidad de algunos de ver más allá de sí mismos!

El sistema político totalitario contra el que se luchó durante tantos años quedó atrás. No importan las rabietas y los mensajes oscuros que quiera mandar el Ministro de Defensa. El despliegue de seguridad militar ordenado por el Ministro Munguía Payés la semana pasada sólo nos recuerda los movimientos militares durante los golpes de Estado. ¿Habrá habido orden superior? El responsable de la seguridad es el Ministro Perdomo. La ciudadanía no será amedrentada por acciones de este tipo.

Estamos construyendo democracia y en este ordenamiento político los funcionarios deben respetar su funcionamiento. No estoy de acuerdo con que el Presidente pueda decir lo que le dé la gana. Es el Presidente del país. Debe decir lo apropiado y defender con sus declaraciones el sistema mismo por el que llegó al poder. Su ensimismamiento le hace creer que todo gira a su alrededor.

Estoy convencido que la decisión de la Sala no tuvo nada qué ver con entorpecer el funcionamiento del Ejecutivo. Tuvo que ver con la calificación de la demanda misma y los derechos del demandante. Algún día el Presidente Funes requerirá de la Sala y de la CSJ, y dará gracias que han consolidado su independencia y su autonomía en defensa de la justicia para todos, a pesar de su presidente, Salomón Padilla. Mejor estaríamos sin su nombramiento. La rabieta del bloque de la infamia no ha servido todo lo que esperaban.

Todavía me cuesta creer que el Presidente Funes se haya alineado en ya demasiadas ocasiones con las fuerzas políticas del bloque. ¿Ya vieron el logo de “Presidente Funes. Buenos cambios”? ¿Vieron la bandera del logo con los colores naranja (GANA), azul (PCN) y verde (PDC)? Lo único que faltaba es que el primer presidente del FMLN acabara alineado con un movimiento político que representa a sectores que se han beneficiado de la política y que esperan poder continuar haciéndolo.

No sé si todavía debemos albergar esperanza. Queda ya menos de un año para que este Presidente cambie de verdad. Ya no se vale dar declaraciones que promuevan la confrontación. Ya no se vale desacreditar sin razón a los otros órganos del Estado. Lo que se necesita es renunciar a todo vestigio del pasado. Ojalá que este año recuperara al menos un poco la claridad que tuvo como periodista.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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