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De santos y milagros

aclarando Los santos son personas que en este mundo trabajaron y lucharon dando testimonio de fe, viviendo las virtudes de manera heroica, son los amigos de Dios, que están en su presencia, y como muestra de su predilección, el Señor accede a sus ruegos para realizar los milagros que los creyentes humildemente les piden

Por Por Teresa Guevara de López*

Jul 13, 2013- 19:00

La noticia de la próxima canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, y la beatificación de Mons. Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei, ha despertado sentimiento de alegría y agradecimiento a Dios, y de rechazo y crítica de personas con evidente falta de formación doctrinal religiosa y escaso conocimiento de los evangelios. “Es idolatría. ¿Y por qué no pedirle a Dios directamente? Sólo Él hace milagros”. Son algunos comentarios críticos aparecidos en las redes sociales.

Aclarando: La adoración es el culto tributado sólo a Dios: de latría. La veneración especial a la Santísima Virgen, como Madre de Dios, se llama de hiperdulía y la veneración a los santos, culto de dulía, porque por su vida ejemplar durante su paso por este mundo, gozan plenamente de la visión de Dios.

¿En qué consiste la beatificación y canonización? Es la afirmación de la Iglesia, tras un serio y detallado proceso de investigación y comprobación, que esas personas al estar con Dios, pueden interceder ante Él, a favor de los fieles que desde esta tierra se lo piden.

La Biblia presenta varios casos de personas que deseando hablar con Cristo, buscaron un intercesor que estuviera cerca de Él: Unos griegos pidieron al apóstol Felipe les anunciara con el Maestro: “Queremos ver a Jesús” (Juan 12.21) Y es el mismo Jesús, quien quiso dar a los discípulos, el poder de hacer milagros en su nombre, cuando envió a los 72 a anunciar el Reino de Dios, sanar enfermos y resucitar muertos (Mateo 10.8). “Hasta los demonios se nos someten en tu nombre” (Lucas 10.17) Y en los Hechos de los Apóstoles, es San Pedro, quien cura al paralítico: “En nombre de Jesucristo Nazareno, levántate”.

Un milagro es un hecho imposible de ocurrir por medios naturales. Y las curaciones milagrosas son las que desde el punto de vista médico, no tienen explicación. Tal es el testimonio de la tica Floribeth Mora, desahuciada por los médicos y diagnosticada con un aneurisma cerebral severo, luego desaparecido tras rezar a Juan Pablo II, pidiendo por su curación. Su visita a Roma y la presentación ante el tribunal eclesiástico de exámenes y testimonios médicos anteriores y posteriores, son la prueba de que Dios permitió la curación de Floribeth, por intercesión del Papa Juan Pablo II.

Para la beatificación de Mons. Del Portillo, el milagro atribuido a su intercesión y aprobado por la Santa Sede, es la curación instantánea del niño chileno José Ignacio Ureta Wilson, que a los pocos días de nacer en agosto de 2003 sufrió un paro cardíaco de más de media hora y una hemorragia masiva. Cuando los médicos lo declararon muerto, y mientras sus padres lo encomendaban a la intercesión de Mons. Del Portillo, y sin ningún tratamiento adicional, inesperadamente el corazón comenzó a latir de nuevo, permitiendo al niño vivir con normalidad estos 10 años de su vida. El testimonio de sus familiares y del médico que le atendió durante la operación y la crisis www.youtube.com/watch?=133sB8ohhZ0 son verdaderamente impresionantes.

Los santos son personas que en este mundo trabajaron y lucharon dando testimonio de fe, viviendo las virtudes de manera heroica, son los amigos de Dios, que están en su presencia, y como muestra de su predilección, el Señor accede a sus ruegos para realizar los milagros que los creyentes humildemente les piden, cuando humanamente parece no haber solución. Mediante pruebas y testimonios legítimos, que demuestran la evidencia del milagro, la Iglesia declara oficialmente que esos siervos buenos y fieles, pueden contarse entre los santos.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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