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Pretenden endosar populismo al próximo gobierno

Por Por Ricardo Esmahan*

Jul 29, 2013- 18:04

Está comprobado que el incumplimiento de compromisos sobre deuda y gastos deteriora además de la confianza, las finanzas públicas. Especialmente cuando el gobierno incumple compromisos una y otra vez, acostumbrado a prometer sin cumplir. Incumplió pese a que él mismo se impuso un acuerdo “Stand By” con el FMI. También cuando en la Asamblea aceptó un pacto de sostenibilidad fiscal y presentar presupuestos equilibrados, faltó nuevamente a su palabra. Y qué de su compromiso a focalizar los subsidios, cuando se disparan estos gastos.

Debido a que ninguna de estas metas se cumplió el FMI decidió dejar en suspenso el Fondo de Emergencia. El país perdió esa garantía monetaria.

De esta situación podemos deducir que una deuda como tal no es un problema, sino hasta que ésta se convierte en un verdadero problema, llegando a afectar una importante masa poblacional políticamente crítica, la clase media.

Cuesta comprender cómo los dos últimos gobernantes encontraron razones para abandonar cualquier política racional encaminada hacia el equilibrio presupuestario. Han visto el llamado civil a la austeridad como un castigo a su política populista, el mantenimiento de su imagen y popularidad personal.

La economía como ciencia social, principalmente en las predicciones, no es una ciencia exacta como la física. Sin embargo, en política económica sí marca la diferencia el tomar decisiones sobre la base de los números, y queda claro el punto que demasiada deuda es un serio problema. Sin embargo, cuando el populismo y cuido de imagen contamina las decisiones, se infla la deuda y se niega la realidad.

Hablando de predictibilidad, por ejemplo, sabemos cuándo un líquido se transforma a gas. En la física, con ayuda matemática los límites ocurren, son mensurables y predecibles. La economía es diferente, con relación al índice deuda/PIB, todo lo que sabemos por ahora es que la explosión del endeudamiento existe, ocurrirá. Pero pronosticar el punto exacto de cuándo a un país determinado no es un pronóstico de precisión. Incluso, juegan las expectativas. Pero comprender la relación entre la deuda y los problemas financieros sistémicos es fundamental para formular soluciones a largo plazo. Sin capacidad para mantener un equilibrio entre deuda y crecimiento, se tendrá un efecto totalmente diferente en la estabilidad de los mercados.

La academia sobre la deuda y el crecimiento, en un tiempo se centró en la identificación de la causalidad entre variables. Hoy, en medio de una crisis mundial, no buscamos respuestas correctas, sino preguntas acertadas: ¿El alto nivel de deuda refleja que los ingresos fiscales resultan ser débiles frente a crecimientos más lentos? ¿O es que la elevada deuda socava el crecimiento? Cuando la deuda alcanza niveles elevados, se eleva el costo de los préstamos. Se vuelve la deuda insostenible.

A manera de ejemplo, el Gobierno incumplió los acuerdos de pacto fiscal que obtuvo el voto de 84 diputados. Su compromiso a reducir la emisión de deuda a corto plazo, bajar el déficit fiscal a 2.7% del PIB y promover una Ley de Responsabilidad Fiscal. A la fecha ninguna de estas metas se cumplió; por el contrario, el Gobierno sobreestimó los ingresos y los gastos, desequilibrando sus finanzas.

No aprende de la dura realidad mundial actual, en que países de elevadas deudas quisieron sostener artificialmente sus programas sociales y de bienestar, como el caso de Portugal, Grecia y España. Resistiéndose asumir austeridad. Mantenerlos algunas veces implicó nuevas transferencias vía endeudamiento, de los países ahorradores a los deudores. Sin embargo, la crisis les llegó inexorable.

Sin aprender esta lección, hoy el Ejecutivo planea lograr un decreto Legislativo para institucionalizar los programas sociales que sostiene con empréstitos, para volverlos obligatorios sin preguntarse… ¿de dónde saldrán los fondos?

* Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com

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