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El desierto devora las pirámides egipcias

Por Por Ricardo Esmahan*

Jul 15, 2013- 18:02

La crisis desatada en Egipto tiene más profundidad que solamente el caos político y de masas recién visto. El motivo de fondo es que Egipto se está quedando sin dinero y la gran pregunta es ¿qué estructura política emergerá del reciente golpe de Estado?

La disminución de las reservas internacionales apunta a una balanza de pagos negativa que está minando recursos del Banco Central. Al mismo tiempo, la dependencia de Egipto de los suministros extranjeros de combustibles y trigo está creciendo.

La producción egipcia de petróleo alcanzó su máximo en 1996 y desde entonces el país se volvió en un importador neto del crudo y derivados. Los subsidios a los combustibles son una enorme carga para las finanzas del gobierno. A lo largo del año pasado, existieron enormes fallas para pagar a proveedores, aunado a una creciente escasez de divisas disponibles para las importaciones, creando una escasez de suministros que terminó disparando los precios internos.

El gobierno enfrenta opciones, entre ellas, eliminar las subvenciones con la esperanza de que los precios más altos le ayudarán a reducir el consumo y por lo tanto reducir la hemorragia de gastos, incluso para las finanzas del Estado. Esa ruta conlleva el alto riesgo de generar una reacción política adversa, por lo que es más probable que el gobierno va a continuar, si no aumentar, su compromiso con el uso de fondos estatales para garantizar suministros suficientes y a precios bajos.

Por otra parte, el pan es un alimento básico de la dieta egipcia, con una dependencia de las importaciones de trigo por más de la mitad del consumo. A pesar que las tierras agrícolas se dedican cada vez más al cultivo de trigo, simplemente no hay suficiente tierra cultivable en Egipto para alimentar su población creciente.

Si bien Egipto es un país geográficamente extenso, gran parte es desierto inhabitable. El crecimiento demográfico se está acelerando en los centros urbanos ya densamente poblados, que amenazan con empeorar sus profundos problemas. El crecimiento de la población en 2012 alcanzó su nivel más alto desde 1991, con 32 nacimientos por cada 1,000 personas, llegando a sumar según estimaciones oficiales una población de 84 millones. Esto representa un aumento del 50 por ciento respecto de 1990, cuando la población era de 56 millones.

El derrocado líder egipcio Hosni Mubarak se enfrentó a problemas similares, el aumento de la pobreza y el desempleo son sin duda una de las causas profundas de la rebelión que lo derrocó en 2011. La ola de protestas que luego desafiaron al sucesor, Morsi, quien se convirtió en el primer presidente elegido democráticamente en la historia de ese país, debe entenderse como una continuación de esta tendencia.

Como resultado, aunque Egipto ha sido capaz de asegurar financiamientos limitados de los actores regionales, como Qatar, Irak, Arabia Saudita y Libia, permanece enfrascado en negociaciones con el FMI, para buscar un poco de alivio financiero que sea más amplio y sostenible. Es posible que el nuevo gobierno encuentre un nivel de estabilidad que el liderazgo de la Hermandad Musulmana fue incapaz de sostener por su aislamiento internacional.

La decisión de los militares para derrocar a Morsi subrayó la inestabilidad en el sistema político de Egipto y muchos pronostican que va hacer aún más difícil que reconquiste la voluntad de los mercados financieros occidentales.

Las crecientes presiones demográficas y económicas hacen que la tarea de gestionar los retos económicos que enfrentará Egipto, serán progresivamente más difíciles con cada año que pase y para cualquier facción que ocupe el palacio presidencial. Egipto se convirtió en otro foco aleccionador de esta crisis global. ¡Dios quiera aprendamos las lecciones!

* Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com

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