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Esperando al Chapulín Colorado

Por Por Cristina López G.*

Jun 01, 2013- 18:03

Se ha vendido con bombo y platillo y como modelo a seguir la tregua entre pandillas, que objetivamente ha significado en El Salvador una reducción en los homicidios. Lo que no ha significado la tregua en ningún sentido, es la reducción en el miedo de quienes viven en zonas vulnerables, pues continúan las extorsiones, los asaltos, los reclutamientos de jóvenes y las amenazas a la sociedad civil. Este miedo tiene como origen el poder que tienen las pandillas, y a quienes la tregua, podría argumentarse, ha dado aún más poder en el sentido que en El Salvador los pandilleros no juegan en el mismo plano de igualdad que el resto de la ciudadanía.

Sus “actividades comerciales” están exentas de impuestos, pues la extorsión y el robo no son considerados hechos generadores en el código tributario; las condenas en la cárcel se les aplican con ciertas concesiones, puesto que cuando se estima necesario, sin que las autoridades a cargo del Ministerio de Seguridad estén debidamente “informadas”, pueden salir de donde se encuentran pagando su deuda con la sociedad para ser entrevistados en la televisión. Todo lo anterior pone en tela de juicio que el rol de las autoridades sea solamente el de “facilitadores de un diálogo” entre las pandillas, pues si el proceso de la tregua es meramente una situación del sector privado, ¿por qué el Presidente Funes ocuparía tanto tiempo de su discurso en el panel organizado por el Banco Mundial en Washington DC para hablar del tema?

La tregua en sí no es mala idea. Mucha gente de buena fe y con la única intención de que la situación cambie para mejorar ha acompañado el proceso, dándole su apoyo y visto bueno, otorgándole cierta credibilidad. Valía la pena probar algo nuevo pues lo que se ha intentado hasta ahora no había reducido las muertes y los índices de la violencia. Desde el punto de vista de la política pública, la militarización de la seguridad pública y la mano dura también han dejado estelas de muertos, pues combatir violencia con violencia, sobre todo a través de un Estado ineficiente, inefectivo, corrupto y sin planes de largo plazo, difícilmente dejará saldos positivos, además de conllevar el riesgo de la extralimitación del Estado en el uso de sus poderes, vulnerando derechos humanos. Lo que es pésima idea de la tregua es la falta de transparencia, pues cada vez se sabe menos quién está verdaderamente a cargo.

Ante ministros que aparecen desinformados y ante mensajes confusos en que más que aclarar enturbian más una situación ya de por sí incierta, la sociedad civil, no la supuesta protagonista de la tregua, sino la que vive en zonas vulnerables, la que tiene hijas que deben circular a diario frente a territorios en los que pandilleros se las rifan como premios en la lotería, la que debe cerrar negocios ante la impotencia de que “la renta” exigida por la pandilla de turno los vuelve menos rentables, la que después de esforzarse y respetar el Estado de Derecho sigue siendo víctima de esta situación de desigualdad creada por el Estado con su trato preferencial de unos sobre otros, la sociedad civil sin opciones, pues en plena campaña electoral ninguno de los candidatos ha hablado aún de cómo afrontarán la situación preocupante de violencia, a esa sociedad civil, la impotente, sólo nos viene a la mente aquella frase de Chespirito, invocando a su súper héroe: “y ahora, ¿quién podrá defendernos?”.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg

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