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Sor Teresita nos dejó después de 86 años de vivir en clausura

Por Por Ricardo Chacón *

Jun 15, 2013- 20:00

Lo más seguro es que en El Salvador, como en muchos otros países, pasó inadvertida la noticia procedente de Guadalajara, España, sobre la muerte de Sor Teresita, religiosa del Monasterio Buenafuente del Sistal, la monja de clausura que más tiempo en el mundo llevaba en un convento, 86 años.

Según la agencia EFE, Sor Teresita, quien falleció a los 105 años, únicamente salió del convento de monjas cistercienses en 2011, cuando fue recibida por el papa Benedicto XVI, durante la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid.

El hecho coincide con la discusión, sostenida con un amigo, sobre la validez actual de la vida contenplativa. El tema surgió a raíz de una declaración del pontífice, quien hace unos días dijo que prácticamente vive como un monje de clausura, sólo orando.

Vamos por partes y aclaremos un par de cuestiones elementales sobre el tema: ¿Qué es una monja de clausura cisterciense? ¿En qué consiste la vida contemplativa? Lo primero es más fácil de definir que lo segundo, porque tales monjas pertenecen a una orden monástica, católica, que viene del Siglo XI como una “renovación” de la regla benedictina (orden fundada por Benito de Nursia a principios del Siglo VI), que pone énfasis en el ascetismo, el rigor litúrgico y destaca la importancia del trabajo manual.

Se trata de monjes o monjas que viven dedicados al trabajo y la oración en el interior de un convento, fuera del mundanal afán de la sociedad, alejados de las preocupaciones mundanas propias de una ciudad o un pueblo que tiene que trabajar para vivir. Acá se trabaja y se ora todo el tiempo.

Este punto nos lleva a tratar de responder, de manera elemental y básica, sobre la vida contemplativa, que no es otra cosa que la disposición radical hacia la vida espiritual, a la búsqueda de la relación profunda con Dios; se dedican a rezar y orar de manera permanente, estudian a fondo los textos sagrados.

En un documento de la Santa Sede, en 1980, se describe la dimensión contemplativa como la respuesta teologal de fe, esperanza y amor con la cual el creyente se abre a la revelación y a la comunión del Dios vivo, por Cristo, en el Espíritu Santo.

Dicho en pocas palabras, se trata de actos de fe, místicos, en los que el hombre abre su corazón a la relación directa con Dios “a tiempo completo”; estas personas viven en conventos que poca o ninguna relación guardan con la vida cotidiana del mundo exterior.

Entendido esto, la discusión gira en torno a la validez de esta vida monacal, incluyendo la que ha escogido el papa emérito, Benedicto XVI, quien ahora, alejado de la vida pública, únicamente ora por la Iglesia, por los hombres y mujeres del mundo.

Es difícil para los laicos entender este tipo de vida, sobre todo cuando les resulta casi imposible concebir cómo pueden vivir estas personas dentro de un convento, sin salir un minuto siquiera a la calle ni ver televisión o leer periódicos o ir a pasear ni mucho menos tener hijos, para sólo dedicarse a la contemplación.

Me parece clave que esta vida, vivida por aquellos que tienen vocación por ella, se explica como un acto de fe, propio de hombres y mujeres valientes que deciden dejar de lado la vida de familia, el consumismo y emplean la oración radical con la finalidad de solidarizarse espiritualmente con el mundo, con las personas, sobre todo con las más sencillas y pobres, que son olvidadas y excluidas.

La dimensión contemplativa, como en el caso de Sor Teresita (también en El Salvador hay algún convento de este tipo). sigue siendo importante para la Iglesia, sobre todo cuando se tiene la vocación solidaria que nace en el corazón de los hombres y mujeres de fe.

El punto 25 del documento “La vida Contemplativa de la Vida Religiosa” dice: “Los que son llamados a la vida, específicamente contemplativa, son reconocidos como uno de los tesoros más valiosos de la Iglesia. Gracias a un carisma especial, han elegido la mejor parte, esto es, la de la oración, el silencio, la contemplación, el amor exclusivo de Dios y la dedicación total a su servicio… la Iglesia cuenta muchísimo con su aporte espiritual”.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com

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