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¿Campaña política o vil estafa?

Por Por María A. de López Andreu*

Jun 07, 2013- 18:02

Los seres humanos sobresalientes tienen el común denominador de ser responsables; cada uno, dentro de la misión que le ha tocado en la vida, cumple al 100% sus obligaciones y pone su deber por encima de todo.

Recuerdo una pequeña anécdota que, siendo alumnas de los primeros grados, nos contó una querida monja asuncionista. Decía que estando Martín de Porres barriendo el patio del convento, hubo un temblor muy fuerte, continuado con otros más leves, pero prolongados. Otro monje, muy asustado, pasó a su lado en camino a la capilla diciéndole que, si había un terremoto, él quería morir en oración. Le extrañó que Martín, siendo tan santo, continuara barriendo. Al preguntarle por qué, le respondió: “Porque si muero ahora, cuando el Señor me pregunte qué estaba haciendo, podré responderle: cumplía con mi deber”.

¡Maravilloso ejemplo! Y cabe preguntarnos: ¿existe entre nosotros ese profundo sentido del deber?

Al contrario, la responsabilidad es más escasa cada día. Sin embargo, se habla tantísimo de “responsabilidad compartida”; aparentemente, eso significa que los demás tienen que “compartir” con nosotros todo lo bueno que han logrado, pero nosotros no tenemos por qué “compartir” los sacrificios, trabajos y dificultades que ellos han pasado para alcanzarlo.

La impuntualidad (llegar tarde, no pagar oportunamente, etc.) es casi obligatoria; el orgullo del trabajo bien hecho, ha desaparecido; cumplir la palabra dada, es algo insólito. ¿Cómo, entonces, queremos tener una buena vida, si no practicamos los valores indispensables para ello?

La educación es vital para el desarrollo, y la base de ésta debe ser la responsabilidad; sólo con ella y con trabajo duro se progresa. ¡Ah, pero los populistas callan cuidadosamente esas verdades!

En estos tiempos en que los irresponsables ofrecen paraísos (falsos, pero gratuitos), ya no sólo prometen techo, comida y vestido universalmente, sino que también “garantizan” la salud, la educación y el bienestar de la población; ¿cómo es posible tanto cinismo?

Porque techo, comida y vestido son bienes materiales y, como tales, accesibles, siempre que “alguien” pague los enormes recursos necesarios; lo correcto es que los paguen, aunque sea en parte y con grandes facilidades, quienes reciben esos beneficios. Eso es responsabilidad. No deberían regalarse, salvo en contadas excepciones.

Puede ofrecerse acceso a la salud facilitando medicinas y servicios médicos de buena calidad; también acceso a la educación, procurando buen profesorado y escuelas higiénicas y adecuadas. Pero ni la salud ni la educación pueden “garantizarse”. Hay enfermos que jamás sanarán y alumnos que, por haraganes o faltos de inteligencia, serán ignorantes vitalicios. En cuanto a “garantizar” el bienestar… ¡por Dios, si cada individuo tiene sobre eso un concepto muy particular! ¿Cómo cumplirán semejante promesa?

Significa, pues, que la campaña política de algunos candidatos es una vil estafa, ofreciendo exóticos paraísos gratuitos. ¡Qué enorme desventaja para los candidatos responsables, que realicen una campaña apegada a la realidad!

Por eso, ellos necesitan de todo el apoyo que podamos darles quienes consideramos que la responsabilidad es indispensable para que, individuos y naciones, salgamos adelante. No permitamos que el populismo nos ahogue una vez más. Hagamos conciencia a nuestro alrededor, mostremos la realidad, señalemos a los embaucadores, recordemos todos los pecados criticados en el pasado y evitemos que se repliquen en el futuro.

¿Queremos buenos gobernantes, responsables, cumplidores del deber? De nosotros depende. Ahora, escuchémosles, apoyémosles, defendámosles; en febrero, démosles el voto.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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