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Celebrar el Día del Trabajo con coherencia

Por Por Cristina López G.*

May 04, 2013- 18:03

Cada año en varios países de Latino América y algunos de Europa el 1 de mayo, Día del Trabajo, se celebra al trabajador, pilar y motor de la economía. Lo que debería ser un tributo al esfuerzo individual y a la capacidad humana, tristemente se ha vuelto en un espectáculo bufo manipulado por la politiquería. Las marchas y protestas violentas que se han vuelto una triste tradición en algunos lados, en muchos casos terminan en vandalismos y daños a la propiedad privada, irónicamente, fruto del trabajo.

Mal hacen quienes interpretan el trabajo y el día en que pretende celebrarse como una reivindicación en un esquema reduccionista de opresores y oprimidos. Quienes piensan que la mayor victoria del trabajador es la adquisición de un par de prebendas que pueden pasar por decreto, se quedan cortos. Los directores sindicales tienen poca ambición para el trabajador, pues en vez de aspirar a economías más productivas y competitivas, con las condiciones para que cada persona que así lo aspire pueda volverse empresaria a través del emprendimiento, de manera conformista, aspiran a simples migajas que pretenden pasar como derechos laborales.

En vez de empujar para que las leyes favorezcan esquemas de mayor flexibilidad en que a través de la negociación cada empleado pueda conseguir las condiciones de trabajo que individualmente mayor beneficio traigan para sí y su familia, a la vez que con su productividad benefician a su empleador, se pretende que a través del gobierno (que en muchos casos, de trabajo y productividad tiende a saber muy poco, simplemente por falta de experiencia) se escriban en piedra condiciones generales, buscando reivindicar causas contra opresores inexistentes, pues olvidan que la relación con el empleador es voluntaria y libre, estructurada específicamente para el mutuo beneficio.

Un vídeo producido en Perú, que circuló el 1 de mayo en YouTube, describía de manera perfecta cómo los trabajadores de algunos países han comprendido a cabalidad el tesoro increíble que implica poder trabajar. Decía:

“Para los que tenemos trabajo, nuestro trabajo es un tesoro que permite darle lo mejor a sus familias. El trabajo hay que cuidarlo como si fuera oro. Cada vez más gente en Perú tiene un trabajo digno, gracias a la libertad de trabajo y la libertad de empresa. Empresas nacionales, internacionales, grandes, chiquitas y microempresas, dan trabajo a miles de familias. Y todas están conectadas entre sí gracias a las cadenas de producción. Para que realmente funcionen, necesitan libertad”.

Esta libertad de trabajo ha puesto a Perú en el camino hacia el progreso y les permitió aguantar la última recesión de pie. Sus facilidades para hacer negocios y su apertura económica están atrayendo muchísima inversión: ¡con qué ilusión trabajan los peruanos, para poder darle la mejor educación a sus hijos, educación que los convierta en trabajadores competitivos en un país que está creciendo hacia un futuro muy prometedor! Qué triste que exista en Latino América, tan necesitada del crecimiento que sólo se da a través del trabajo, quienes vean el trabajo como explotación y hayan olvidado su potente capacidad de dignificar al ser humano, brindándole la satisfacción de convertir el esfuerzo personal en sustento, o en peldaño para aspirar a otros sueños. Ojalá se celebrara el Día del Trabajo con más coherencia: protegiendo la libertad de empresa y la libertad de trabajo, las condiciones que convierten al trabajador en verdadero motor de la economía.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg

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