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Las genuinas declaraciones de la madre de una víctima

Por Por Carlos Ponce*

May 09, 2013- 18:03

Los recientes homicidios múltiples, tiroteos y hallazgos de cadáveres con señales de tortura, abandonados en bolsas plásticas, ponen al descubierto el total descontrol de la seguridad pública, que se esconde detrás del espejismo de “la tregua”. Los hechos se registran pocos días después que el gobierno lanzara una ofensiva internacional y mediática, orientada a vender la versión oficial sobre la negociación que ha entablado el Estado salvadoreño con las pandillas y, paralelamente, a desvirtuar los hallazgos de un reciente estudio publicado por un tanque de pensamiento estadounidense, en el que se sugiere que el pacto pandillero encubre la evolución de dichas estructuras criminales y su interés por cambiar la forma en que interactúan con el sector político.

La comunidad Raúl Rivas del municipio de Mejicanos, es uno de los lugares afectados por el repunte criminal. A principios de esta semana, allí fueron asesinados dos menores de edad presuntamente por las pandillas. En la escena, la madre de una de las víctimas brindó poderosas y reveladoras declaraciones ante los medios de comunicación, que transmiten el sentir de la mayoría de salvadoreños. “Los muertos ya se me hicieron comunes en mi familia. Hemos tenido nueve muertes en manos de esos malditos pandilleros”, explicó en un esfuerzo por poner en contexto el asesinato.

Después de que las pandillas asesinaran a tantos seres queridos, es seguro que esta madre sería la primera en apoyar una iniciativa concentrada en evitar que hechos similares se repitan en el futuro. No obstante, la valiente mujer fue clara en sus declaraciones, explicando: “Yo no creo en esa tregua, porque si hubiera tregua, si hubiera tregua, no estuviera muerto mi hijo. Mi hijo no era pandillero”.

El dolor causado por la muerte de su hijo le dio las fuerzas y el valor que probablemente no hubiese tenido en otras circunstancias, para dirigirse a los principales protagonistas del pacto con las pandillas y decir con notable dolor y resentimiento a las cámaras: “Le hago un llamado a ese tal Sirra, de la mara MS, a ese maldito perro, que aquí no hay tregua” y, además, agregó: “también le hago un llamado a ese maldito perro del tal Viejo Lin, óiganme bien, de ese tal Fabio Colindres y del otro mediador de tregua de las pandillas, aquí no hay tregua, señor Funes”.

Las declaraciones de la madre del menor asesinado son valientes, pero potencialmente peligrosas, por las posibles represalias que conllevan. No obstante son consistentes con el hecho que aunque “la tregua” tiene un año de operar, todas las encuestas demuestran que la mayoría no cree en ella o sus presuntos beneficios, y que el Estado necesita cambiar su abordaje de la criminalidad.

Parece que los únicos que están de acuerdo con “la tregua” y convencidos de sus presuntos beneficios, son funcionarios gubernamentales, los negociadores y la cúpula de mando de las estructuras criminales involucradas. Las víctimas y su entorno, la mayoría de la ciudadanía e importantes funcionarios, como el fiscal general y el procurador de derechos humanos, no apoyan la negociación con criminales. Existe una total desconexión entre la estrategia antidelincuencial implementada por el Ejecutivo y la sociedad, similar a la que existía bajo desfasados modelos de administración policial, en donde las autoridades asumían (con cierto aire de arrogancia), que no necesitaban de las víctimas o sus comunidades para entender problemas delictuales e identificar posibles soluciones. En el mejor de los casos, el gobierno y su gabinete de seguridad ha adoptado este viejo y equivocado paradigma policial. Lastimosamente, todo sugiere que no estamos frente a una simple desactualización sino ante otra situación más complicada, que opera en función de intereses particulares y pactos oscuros.

*Máster en Criminología y Ciencas Policíacas.

@cponce_sv

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