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Beatriz y Waldemar tienen igual importancia

Por Por Ricardo Chacón *

May 04, 2013- 18:06

He de decirlo claramente, todos los temas que interesan a un país y por ello a la población son difíciles de abordar; y no puede ser de otra manera, porque además de tocar teclas sensibles de las personas, que por ende arrancan pasiones, hay ideas y posiciones diferentes no sólo para discutir sino para encontrar soluciones pertinentes. Si las cuestiones fueran fáciles de solucionar, si hubiese un solo camino para resolver los problemas más difíciles de los ciudadanos, ya se hubiese hecho… es más, no hubiese discusión.

He aquí la riqueza del diálogo y el debate, distintas posiciones con la idea de resolver una problemática… aquí mismo radica la raíz del desastre, cuando hace aparición la intolerancia, sobre todo de aquellos “iluminados” que se creen con la verdad, poseedores del conocimiento único para resolver las demandas populares. Particularmente me refiero a aquellos que llegan al poder, incluso legítimamente, y se sienten poseedores de la “autoridad” legal, jurídica y moral para actuar con toda impunidad. Un ejemplo claro de esto es lo sucedido recientemente en Venezuela, donde un iluminado se siente hijo del caudillo muerto, y contra viento y marea se apropia del poder.

Si bien es cierto puede existir legitimidad, incluso un derecho adquirido por la voluntad popular (en el caso del triunfo electoral), en ningún momento el atropello y la negación del contrario se justifica. Las dictaduras, en una de sus vertientes, descansan en este principio, negación total del otro, del juego libre de las ideas.

En este sentido, la democracia se muestra no sólo como el sistema que permite el juego y la discusión de unos y otros, sino que también permite que las mayorías se pongan al frente, por ejemplo del gobierno, sin anegar a las minorías… las minorías gozan de voz no obstante estén fuera del gobierno.

He querido a vuelo de pájaro sentar algunas de estas cuestiones del libre juego democrático, de la tolerancia que esto supone, para traer a cuenta un par de temas de la actualidad nacional, a saber: uno, el derecho a la vida, y la defensa de esta en todo momento, en las diferentes etapas del ciclo de vida, sin dejar de lado a ningún sector o, persona, no obstante lo que ha hecho o pudo dejar de hacer; estoy hablando de Beatriz. Dos, un niño de cuatro años se accidenta, una sierra eléctrica le corta el vientre y deja graves secuelas en el intestino… su vida pende de una operación en el extranjero, porque en el país no se realizan este tipo de operaciones, entre otras razones porque no hay una legislación adecuada que posibilite la existencia de un banco de órganos… me refiero a Waldemar.

Mi interés no es sentar posición sobre ambos casos, mucho menos tomar posición ni ética ni moral, ni médica, pero sí señalar cómo se pontifica sobre el tema, cómo se descalifica al contrario y cómo se trata de imponer posiciones a base de fuerza, dejando de lado el debate serio.

De entrada hay que señalar el desequilibrio en el interés del Estado, a través de una posición semioficial, sobre ambos casos; en uno, con Beatriz hay un excesivo celo gubernamental para salvar la vida de la madre, sin importar mucho qué pasa con el hijo al que se le ha condenado de antemano, pero en el caso de Waldemar no hay fondos ni la tecnología para intentar salvar la vida; aquí el tema de la madre parecerá no ser irrelevante.

Por si fuera poco en el caso Beatriz los poderes del Estado no sólo intervienen con fuerza, incluso con recursos, sino que han puesto en jaque el sistema judicial en un tema a todas luces polémico, de dimensiones enormes para el presente y futuro de cualquier político; en el caso de Waldemar, el niño aventado en el Bloom, el único hospital que puede darle una esperanza de vida, pero sus limitaciones técnicas, legales y financieras son evidentes.

El Estado ha levantado el tema Beatriz a nivel internacional, ha puesto la cuestión en los “organismos” que siempre se interesan en estos temas, pero pasa inadvertido que Waldemar se muera abandonado en una cama del Bloom.

Los encendidos discursos de unos y otros han puesto a Beatriz en el centro de la opinión pública, aunque ésta esté recluida (igual su esposo guardado en centros gubernamentales), sin tocar la pobreza y la exclusión que padecen a diario. En esto coinciden tanto Beatriz como Waldemar, sobreviven en medio de grandes limitaciones económicas y sociales.

De igual manera, y en esto se entrecruzan a pesar que viven vidas paralelas, el futuro de ambos casos es incierto no sólo porque se juegan su sobrevivencia, sino las pocas esperanzas de estudiar y alcanzar un mejor puesto en la escala de la productividad.

El poder y el Estado tienen mucho que ver en estos dos casos, su posición es clave, pero será mucho más positivo si logra no imponer la visión de los actuales gobernantes, sino propiciar las condiciones para que el hijo de Beatriz y Waldemar sobrevivan y logren un puesto en la sociedad… qué difícil es esto.

Como también es difícil ser tolerantes y enfrentar los problemas con altura, con racionalidad, que nos permita poner por delante el país, la población… y todo bajo estrictas reglas éticas, que parten en salvaguardar la vida como también ser decente y actuar correctamente. Cuestiones que involucran a muchos beatrices y waldemares deben estar al centro de nuestras preocupaciones, y evitar que estos casos sean la excusa para hacer prevalecer intereses particulares, de grupo o lo que es peor, ideológicos. Waldemar debe ser atendido por el Estado, como también Beatriz y su madre.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com

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