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Lo rocambolesco en el caso d’Aubuisson y el muñido complot contra Maduro

Por Por Ricardo Chacón *

Abr 13, 2013- 18:03

Sin duda alguna es un acto audaz, espectacular e inverosímil… es rocambolesco, lo hecho por el diputado Roberto d’Aubuisson quien, acusado por Nicolás Maduro de formar parte de una conspiración para asesinarle, toma el avión a Caracas y, sin tapujos, dice ante los venezolanos: “He venido a limpiar mi nombre y a dar la cara para decirle a la gente que esa grabación que se ha publicado, donde se me atribuye que ando conspirando para atentar contra la integridad del Presidente de este país o para afectar el proceso electoral venezolano, es falsa”.

Hubo gente, incluido el que escribe estas líneas, que opinó sobre la insuficiente defensa pública hecha por d’Aubuisson, ante semejantes acusaciones, a todas luces fuera de lugar, inventadas, propias de un régimen que no tiene seguro si ganará las elecciones, no obstante contar con toda la maquinaria electoral a su favor, con el cadáver de Chávez, incluido el “pajarito” encarnación del expresidente venezolano.

Sin embargo, d’Aubuisson ha mostrado, con excelencia y valentía, uno de los principios básicos de la comunicación, los hechos valen más que mil palabras, que mil declaraciones, que mil excusas o discursos. Una buena comunicación no sólo es usar correctamente el lenguaje y los medios, si no se tienen de base los hechos, la realidad y, la realidad en este caso, no es que el político salvadoreño esté metido en una conspiración, sino que el régimen de Maduro creó, inventó, un supuesto complot para generar incertidumbre y temor entre la población venezolana y tomar ventaja de los opositores como “el líder amenazado de muerte por seguir las enseñanzas de su mentor y padre ideológico, Hugo Chávez”.

A finales de los años Ochenta hubo una discusión teórico-práctica en torno a la siguiente interrogante: ¿Refleja o produce la prensa la realidad social? Los teóricos de la comunicación que, en ese entonces, bajo las corrientes del estructuralismo, del funcionalismo o el marxismo trataban de entender la comunicación masiva en el contexto de la sociedad industrializada, en el posmodernismo.

Particularmente, y he tenido que recurrir al baúl de los recuerdos, a mis viejos apuntes de 1987, para revisar un texto del argentino Eliseo Verón quien planteaba que, “la actualidad, como realidad social en devenir, existe en y por los medios informativos. Esto quiere decir que los hechos que componen esta realidad social no existen en tanto tales (es decir, en tanto hechos sociales) antes que los medios los construyan. En cambio, después de que los medios los han producido, estos hechos tienen todo tipo de efectos: un gobierno toma tales o cuales decisiones; otro reacciona de una manera u otra; ambos, por supuesto, utilizarán a los medios para que sus actos se conviertan, a su vez, en acontecimientos sociales…”

Dicho en otras palabras, y disculpen la cita con este rebuscado lenguaje de Verón, después de que los medios de comunicación los han publicado, los acontecimientos sociales empiezan a tener múltiples existencias fuera de los mismos medios de comunicación, se convierten en realidad.

En la actualidad se cuestiona esta visión porque, si bien es cierto que lo publicado en los medios es una producción parcial y momentánea de la realidad social, esta es un reflejo, en un momento dado, de la actualidad de un hecho que interesa y que es “vivido” o “sufrido” por una persona o un grupo de personas afectados, por ejemplo, por un asesinato o la quiebra de un banco.

Sin embargo, estas ideas de Verón sí aplican cuando, consciente y deliberadamente, “produces realidad” para “llevar agua tu molino”, y este es el caso de Maduro y las acusaciones del supuesto complot contra su persona.

No es la primera vez que un régimen, sobre todo del tipo socialistoide, como el de Maduro, recurre muñidos, amañado rumor de la conspiración para señalar a sus opositores como conspiradores, antidemocráticos y ganar adeptos entre sus afiliados.

Esta teoría ha sido derrumbada por d’Aubuisson quien, con los hechos, presentándose en la misma capital venezolana, ha demostrado que se trata de una ficción; ni el presidente ni el canciller de la República salvadoreña han podido, no digamos defender, porque no creo que tengan ni la capacidad ni la solvencia ni la independencia, para hacerlo, pero sí hubiésemos esperado que se pidieran explicaciones y pruebas serias, propias de un Presidente serio y responsable que cuando acusa, lo hace con evidencias claras y contundentes.

*Editor Jefe de El Diario de hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com

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