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La agenda no negociable

Por Por Cristina López G.*

Abr 06, 2013- 18:03

A medida que se intensifican las campañas electorales entre los aspirantes a la banda presidencial salvadoreña, se pone en evidencia la presión por resaltar y proponer ideas más originales, tristemente más basadas en el principio de ?quién da más” que en solucionar problemas.

Los problemas del país se prestan como para que independientemente del rol que se considere que debería jugar el gobierno en la vida de los individuos, debate filosófico que da para interesantes argumentaciones basadas en principios, haya un mínimo en el que todo elector podría estar de acuerdo, por lo que el candidato que honestamente se comprometa en alcanzar ese mínimo debería, coherentemente, lograr en su gestión mejorar la situación nacional.

Este mínimo, debería constituir una agenda de no-negociables que la ciudadanía responsable debería exigir de sus candidatos, sean del partido que sean. Estos no-negociables deberían incluir:

— Transparencia y compromiso de combate a la corrupción: Cada vez es más común que lo único transparente y aparente a la vista de la ciudadanía sean la cantidad de tratos y negociaciones bajo la mesa, que quienes ostentan el poder realizan para beneficiarse con recursos ajenos. Debería ser un compromiso de cualquier candidato combatir la cultura de nepotismo, sobresueldos, partidas secretas, madrugones y negociaciones a puerta cerrada que se realizan de manera habitual y que violan el libre derecho de acceso a la información de la ciudadanía. En este mismo sentido debería incluirse la promesa de transparentar patrimonios de manera previa a la toma de posesión y de igual manera rendir cuentas de los bienes percibidos durante el cargo.

— Reformas institucionales: Si la intención es llegar al gobierno para solucionar los problemas de país, debería haber cierto énfasis en primero solucionar los problemas del gobierno. La falta de institucionalidad ha servido como refugio para la incompetencia y corrupción de muchos funcionarios. Es por eso que deben reforzarse los procedimientos de elección de funcionarios de segundo grado, con el fin de que haya un mayor enfoque en criterios de idoneidad y se asegure la competencia de los mejores perfiles para ocupar un cargo. Con lo anterior se evitarían los dedazos, las cuotas de poder en las negociaciones partidarias. Ningún equipo de fútbol convocaría como jugador a su patrocinador más generoso para agradecer su contribución, y sin embargo, el pago de favores políticos a través de nombramientos es una conducta típica de nuestros gobiernos.

— Balance presupuestario: Es imposible pretender que se hará algo por mejorar la situación de pobreza del país con un país en quiebra. La deuda nacional es un tema permanente en el quehacer de los políticos pero tristemente, para aumentarla a paso galopante y no para buscar soluciones para que la sostenibilidad no dependa de préstamos que desde ya comprometen el futuro de varias generaciones.

Los anteriores puntos trascienden filosofías partidarias o ideologías y deberían ser temas básicos en los que cualquier candidato debería estar de acuerdo. Deberá ser responsabilidad de un electorado consciente de lo que está en juego, buscar que quienes tengan la ambición política de buscar la presidencia, se comprometan como mínimo, a hacer de los no-negociables la base de cualquiera de sus propuestas.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg

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