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¿Y la salud mental de los candidatos?

Por Por Rodolfo Chang Peña*

Abr 17, 2013- 18:01

Al decir del psiquiatra no es necesario estar loco de remate para que una persona sea considerada incapacitada para desempeñar un cargo público, ya que médicamente hablando existe una diversidad de perturbaciones relativamente de menor cuantía que las psicosis, aunque en algunos casos de peor pronóstico, capaces de influenciar negativamente el trabajo de las personas que manejan la cosa pública.

En El Salvador, al menos aparentemente, cada vez se concede menos importancia a los requisitos de moralidad e instrucción notoria en los candidatos para cargos de elección popular, no se diga a la salud mental que ni siquiera se menciona. Hecho que trae por consecuencia la llegada a puestos de gobierno de mucha “gente rara” entre los que destacan personajes iracundos y obsesionados, los que viven a la defensiva, ambiciosos de protagonismo, nuevos ricos, machistas, histéricos con matices paranoides, farmacodependientes, actitud de permanente beligerancia y alcoholismo crónico con todo su cortejo sintomático.

De acuerdo al analista Dietz (Newsweek) el problema psiquiátrico más común en la clase política es la personalidad narcisista, les encanta la publicidad, salir fotografiados, lucirse en las ceremonias con su habitual extroversión, mímica, ademanes teatrales y participar en todo lo que signifique elevar el ego. Comúnmente locuaces y de buena presencia, dinámicos y emprendedores con mucha labia, dominan el arte de crear fuegos artificiales con las palabras y dibujar paraísos ficticios. Y naturalmente arrastran buena cantidad de electores sobre todo incautos.

Se nutren de la lisonja y supuestos éxitos que les acumulan los aduladores de su círculo cercano y son una amenaza para la sociedad porque se creen superiores y se toman privilegios adicionales como abusar de cualquier muchacha bonita que se les atraviesa y usar el dinero de las arcas públicas como si fuera propio, según ellos le hacen un favor al país y merecen un reconocimiento monetario ilimitado.

Se autovaloran como personas especiales y fuera de serie, disfrutan las fantasías del poder sin límites e inflan su importancia. Además de su arrogancia y comportamiento teatral se creen con derecho de hacer lo que quieran, arrebatan lo que le gusta, imponen, dictaminan, regañan y cuidadito con las críticas porque a su “majestad superinteligente” jamás se le debe criticar.

También existen otros tipos psiquiátricos como paranoicos, esquizoides, oligofrénicos y bipolares, inclusive con personalidad antisocial. Se identifican porque carecen de remordimiento y porque recurren al engaño, imprudencia e irresponsabilidad. Nunca los toman en cuenta en el proceso de selección de candidatos porque no tienen “sangre dulce”, resultan antipáticos para mucha gente y su fisonomía “no cae bien”. Pululan entre bambalinas como miembros del equipo de confianza del “jefe”. Dictadores narcisistas como Trujillo, Somoza, Ávila Camacho y Stroessner se rodeaban siempre de antisociales con diversos propósitos como realizar el trabajo sucio, urdir planes para perpetuarse en el poder, maquilar cifras estadísticas, etc.

*Dr. en Medicina. Colaborador de El Diario de Hoy.

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