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¿Vientos de esperanza?

Por Por Cristina López G. *

Feb 02, 2013- 18:00

Los llaman la banda de ocho. Son ocho senadores, con un sisma ideológico que parte al equipo por mitad, pues cuatro son republicanos y cuatro son demócratas. Después de la inauguración que dio inicio al segundo período del presidente Obama, pusieron en marcha el tren que empujará un intento más por volver realidad la tan necesaria reforma integral migratoria, que podría ser un camino a la ciudadanía para miles de inmigrantes ilegales en los Estados Unidos.

Liderando la iniciativa de ley por el lado de los republicanos se encuentra el senador por Arizona John McCain, más conocido por haber perdido las elecciones de 2008 contra el ahora presidente Barack Obama, que por sus anécdotas como prisionero de guerra. Por el lado de los demócratas se encuentra el senador por New York, Chuck Schumer. Ambos llevan sobre sus hombros la difícil responsabilidad de empujar a las alas extremas de sus partidos a un feliz centro, que permita modificar la ley lo suficiente para que miles de inmigrantes que aportan a diario al crecimiento económico de Estados Unidos, puedan continuar trabajando sin tener que vivir en las sombras, sin la espada de Damocles, que implica la posibilidad de una deportación.

McCain tiene como obstáculo conciliar la seguridad fronteriza, una de las prioridades de sus constituyentes, con el reto de garantizar los derechos humanos de los inmigrantes, que cada año ponen en peligro su vida para volver realidad sus sueños de un mejor futuro a través de su trabajo. A Schumer le espera la empinada cuesta de tener que enfrentarse a las alas más radicales de su partido, que ven la ciudadanía plena como única respuesta a la inmigración ilegal, y que viola los derechos de tantos que, habiendo intentado las vías legales de inmigración, aun se encuentran en línea esperando una respuesta, además de ser una medida que favorecería injustamente a muchos que han cometido crímenes en USA en su condición de ilegalidad migratoria.

Sin embargo, en palabras del senador McCain, en esta iniciativa bipartidista que se ha vuelto una luz de esperanza para tantos inmigrantes, la posición común de miembros de ambos partidos es que el status quo es inaceptable. Para los republicanos resulta especialmente importante lograr un resultado exitoso de estos esfuerzos, puesto que sus posiciones anti-inmigrantes contribuyeron enormemente a su más reciente derrota en las elecciones presidenciales. La comunidad latina está participando activamente en las reuniones iniciales, puesto que reconocen que nada favorecería más a los inmigrantes que se trasladan a USA con intenciones de trabajar ardua y honestamente, que un estatus legal que los diferencie de aquellos migrantes que usan su condición de ilegalidad para llevar una vida de crimen y vicios.

Las mayor amenaza a esta puerta de posibilidades que se abre para la reforma migratoria se encuentra, irónicamente, en la Casa Blanca. A pesar de ser uno de los mayores proponentes de una reforma migratoria integral (por lo menos a nivel de retórica, pues tiene el record más alto en deportaciones), el presidente Obama ha intentado sobrecargar la iniciativa de ley con otras iniciativas sociales inconexas, que podrían costarle el precario apoyo del voto conservador. Sin embargo, la ambición de agregar otras políticas públicas sociales a la iniciativa también podría ser una excelente herramienta de negociación, pues al ceder estos agregados superficiales podría lograr un mínimo consenso, que pavimentaría la vía para un esperanzador futuro para los inmigrantes, pilares de la economía norteamericana.

* Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

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