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Diagnóstico del retroceso

Por Por Eduardo Torres*

Feb 22, 2013- 18:03

Estima Fusades que un millón novecientos mil personas (un 72% de nuestra población económicamente activa, PEA), no tuvo un trabajo formal en 2012. De dos millones setecientos mil personas que componen el universo de nuestra población económicamente activa, es decir, de los salvadoreños en edad productiva que se encuentran formalmente colocados laboralmente o de quienes permanecen a la búsqueda de un puesto de trabajo, siete de cada diez no tuvieron empleo formal en 2012. La población trabajadora, informó Fusades, aumenta en 45,000 personas cada año por lo que al comparar ese número con los cotizantes del Seguro Social, surge el dato: siete de cada diez.

Y al no haber empleo para los ciudadanos la pobreza crece. “La tasa de pobreza por persona subió en 2011 a 47.5% con respecto al menor resultado, 38.1% en 2006, es decir que 640 mil salvadoreños ingresaron a la pobreza en dicho período”, afirma textualmente Fusades. Además advierte que la competitividad se ha venido deteriorando en los últimos años ya que en 2005 el país era líder en la región pero en 2012 pasó a ocupar el penúltimo lugar después de Nicaragua. “Semejante retroceso”, afirma el tanque de pensamiento, “ha implicado un marcado deterioro de las oportunidades de empleo y de las condiciones de vida de los salvadoreños”. La desconfianza existente hace añicos al país.

Una y otra vez lo dijo durante sus ocho años en La Moncloa el ex presidente del gobierno español, José María Aznar, que la generación de puestos de trabajo “es la mejor política social que existe”. La inserción formal en el mundo laboral, deseo agregar, proporciona autoestima a la persona, le abre oportunidades con base en el esfuerzo individual de cada quien, enaltece a su familia entera. Pero para generar empleo se requiere que la economía crezca y para estimular su crecimiento, se necesita inversión. “Desde el primer trimestre de 2009”, señala Fusades, “son pocos los empresarios que perciben que el clima de inversión es favorable”. Solo un 5% lo sintió así en este último estudio.

No podemos estar peor, decía una buena parte de salvadoreños hace algunos años, cuando el país en medio de crónicas dificultades avanzaba hacia la modernidad y hacia estadios superiores de progreso. Fusades denota con su estudio que si podíamos estarlo y podemos estar peor, aunque también podemos mejorar. Para tal fin la Fundación le plantea al gobierno promover el diálogo a la búsqueda de consensos básicos que permitan cambiar la desconfianza por la confianza en el país; cumplir los acuerdos fiscales firmados y respetar los arbitrajes internacionales; ordenar las finanzas y afianzar la estabilidad macroeconómica y garantizar la seguridad física y jurídica de todos.

Hace más de década y media cuando mi identidad era el número de paciente del hospital en que me encontraba en tratamiento de cáncer, las cifras, las estadísticas, dejaron de ser relevantes cuando son para medir actividades del ser humano; se convirtieron para mí en simples indicadores. Porque lo que hay que ver, por ejemplo, en ese millón novecientas mil personas que cerraron 2012 sin un trabajo formal, son sus rostros humanos; basta un poco de sensibilidad humana para verlos en esta crisis. “No hay peor depresión”, me dijo una vez un apreciable amigo, conductor de almas, “que la que sufren quienes no tienen cómo sufragar las necesidades básicas de su familia”.

Podemos y debemos superar esta crisis de confianza –que tanto nos ha hecho retroceder–, para bien de la mayoría de salvadoreños.

*Director Editorial de El Diario de Hoy.

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