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La ignorancia, ese alto, duro y extenso muro

Por Por Luis Fernández Cuervo*

Feb 10, 2013- 18:00

Me maravilla y alabo el nuevo mundo digital. Compruebo que cualquier dato que uno necesite lo puede encontrar con facilidad en Internet, gracias a sus eficientes buscadores. Pienso, con muchos, que las redes sociales abren nuevos cauces hacia una verdadera democracia, ente casi fantasmal que a lo mejor existe de verdad en alguna parte que yo desconozco. Y sin embargo debo reconocer que el número de los ignorantes parece crecer y sobre todo está constituido por una serie de individuos de una falta de humildad intelectual y una desvergüenza en la exposición de sus paridas mentales realmente asombroso.

De la gente que comenta mis artículos, la mayoría es discreta, educada, tanto cuando está de acuerdo con lo que escribo, como cuando no. Pero hay excepciones notables.

No suelo escribir sobre comunistas, pero nombrar en alguno de mis escritos la palabra marxista o comunista, ya sé que por lo menos me llegará un correo dedicándome los insultos más indecentes. Buena cosa: los retrata a ellos y al duro y extenso muro de ignorancias sobre el que se atrincheran.

Si escribo sobre la homosexualidad, asunto que no es de mi gusto, pero del que se difunden tantas mentiras perniciosas, sé que recibiré varios correos que casi siempre siguen un patrón uniforme. Comienzan respetuosamente para después acusarme de estar lleno de odio y de que a lo mejor en el fondo soy un homosexual reprimido. Si expreso mi respeto personal por los individuos homosexuales pero expongo las razones científicas y morales que demuestran que la homosexualidad es una alteración psicológica de la maduración afectiva, que además tiene curación, entonces dejan ya las buenas formas y pasan al insulto más duro y directo.

Ese patrón tan idéntico de uno a otro correo, significa que siguen instrucciones aprendidas. Mala cosa, aunque interesante: la cultura de la muerte y su equipo de especialistas en publicidad, en este punto, como en el del aborto, o en el control natal, siguen un manual de falsas razones pero bien elegidas y bien expuestas.

Bueno, todo esto es lógico en las canchas de los debates públicos y en las discusiones. Como en el deporte, hay quienes combaten limpiamente y hay quienes prefieren el juego sucio. Lo asombroso es que sobre cualquier cosa que uno escriba y muy especialmente en temas menos conflictivos, aparecen de vez en cuando los ignorantes que “van por libre”, sin equipo, mostrando su desacuerdo con una falta de ideas y de estudios sobre el tema, verdaderamente abismal. En ocasiones no tienen buena ortografía y en otras resulta difícilmente saber qué es lo que en realidad quieren decir.

Si uno no tuviera cosas más importantes que hacer, podría coleccionar una serie variopinta y divertida de estos kamikazes de Internet, que se lanzan en picada, sin armas ni paracaídas, sobre el tema con el que no están de acuerdo.

Hace años, no recuerdo sobre qué asunto, un tipo me dijo que yo no tenía educación y que estaba más perdido “que un pedo en misa”. Después de esa muestra suya de elegancia, no le contesté nada. Más de alguna feminista me ha escrito, sin trepidar, “que el cigoto humano es una idea religiosa“. Pero lamento que sobre ese tema del cigoto y el embrión humano, nunca me escribió aquella ministra española del socialismo triunfante que dijo públicamente que un embrión humano “era un ser vivo pero no era un ser humano”. Nunca aclaró qué otro tipo de ser vivo era.

El nuevo mundo de la Internet y de las redes sociales permite opinar fácil y rápidamente a mucha gente, pero desgraciadamente los ignorantes son muy atrevidos y se lanzan prontos a mostrar su indigencia de razones y su falta de pudor intelectual. No se dan cuenta de ese muro espeso y duro que aprisiona sus cerebros e insisten con terquedad en sus errores para terminar insultando.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com

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