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¿Pasteles?

Por Por Carlos Mayora Re*

Ene 11, 2013- 19:00

Entre las particularidades del lenguaje, hay una que siempre tiene éxito: poner apodos, etiquetas, formas abreviadas de decir las cosas, que ayudan a entender de golpe lo que te quieren decir. Y si, además, con una misma expresión se pone en ridículo, o se ironiza –teniendo fundamentos en cosas y comportamientos reales–, a un grupo antagónico. Mejor que mejor.

Una de esas viñetas es “izquierda caviar” que se ha utilizado para referirse a políticos que, aunque se hicieron con su posición criticando sin cuartel el comportamiento de lujos y buena vida financiada con medios públicos, y la mala administración de los recursos que hacen sus rivales de derecha, una vez logran defenestrarlos, se comportan de la misma o peor manera. Y provocan una reacción de rechazo hacia ellos no sólo de sus oponentes, sino también de sus mismos electores y conmilitones.

El fenómeno no es nuevo, es inseparable de los privilegios de clase. Pero se agudiza cuando se hacen con el poder populistas que se llenan la boca diciendo que luchan por el pueblo, o por los más desfavorecidos; y una vez instalados, miran sólo por su bienestar e intereses, terminando por ignorar todo lo que no sea halago o medio para perpetuarse.

A María Antonieta –última reina de Fran-cia– se le atribuye el famoso suceso que narra que, cuando muchos habitantes de París, enfurecidos por la escasez de harina se apostaron frente al Palacio de Versalles para reclamarle a gritos por sus penurias, al oírlos, preguntó: “¿Por qué protestan esas personas?; “majestad, es que no tienen pan”, le respondió una cortesana. “Entonces [se cuenta que dijo la reina], podrían comer pasteles…”

La frase se las trae… y aunque su genuina autoría ha sido puesta en duda por los historiadores, la verdad es que el rumor corrió como pólvora en los barrios más pobres de París, y nadie puso en duda que la reina, por su fama de frivolidad e insensatez, podía haberla pronunciado. Hasta llegar a un punto en que la “opinión pública” de su tiempo la tomó como verdad indiscutible, y fue utilizada como arma arrojadiza contra la monarquía, y motor de la Revolución.

Sin ir tan lejos, hace pocos años, sucedió algo similar en España con el gobierno de turno y los Indignados, pues estos –entre otras co- sas– resentían profundamente los privilegios que se recetaban los políticos del PSOE, mientras la crisis económica comenzaba a fustigar a la gente de a pie. Obraron en consecuencia y lograron que la izquierda fuera relevada en el Gobierno.

A ese mismo concepto responden la “red set” (por sus orígenes izquierdistas “red”; y por su vida de lujos “jet set”) en Chile. La “izquierda champagne” en Perú, o los que Tom Wolfe, ya en los años setenta terminó bautizando como “radical chic”, en los Estados Unidos. Que a decir verdad son lo contrario: personas acomodadas económicamente que defienden causas populares, pero que en el fondo coinciden con izquierdistas acomplejados que libran batallas so capa de defensa de la gente, mientras se dan vida de millonarios derrochadores.

Y nosotros, en este pequeñito país ¿cómo les podríamos llamar? Porque de haberlos, los hay: gente que ocupa cargos públicos y se gasta en lujos, viajes y privilegios los fondos que pagamos todos. También con su boca podrían cuadrar muy bien las famosas palabras atribuidas a la reina: ¿Que sufren la violencia cotidiana? ¿Que llegan a duras penas a fin de mes? ¿Que no pueden saber si ese día podrán llegar a trabajar, pues las calles colapsan por desórdenes y barricadas? ¿Que le venden cosas al Gobierno pero este tarda como nunca en pagar? ¿Que no hay medicamentos?… ¡Que coman pasteles!

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org

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