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Carta a trabajadores y empresarios: No se dejen manipular

Por Paolo Lüers

Dic 16, 2016- 21:00

Estimados amigos:

Vamos mal en el pleito sobre el salario mínimo. El mínimo que necesitan ganar los trabajadores en las distintas ramas de agricultura, industria, maquila, comercio, servicios, no lo debe dictar el gobierno, sino ustedes: trabajadores y patrones. Es difícil, pero se puede, se hace en muchos países. Es la única manera de evitar que los gobiernos de turno jueguen con los más sentidos intereses de ambos: la necesidad de los trabajadores de un sueldo digno que les permite sostener su familia; y la necesidad de las empresas de ser productivas y rentables.

Precisamente esto está haciendo el gobierno del FMLN. Aprovechando la poca institucionalidad de los sindicatos, lograron manipular la elección de sus representantes en el Consejo del Salario Mínimo. E inmediatamente pusieron a este Consejo manipulado, en el cual ni siquiera como gobierno deberían tener voto, a sacar un acuerdo para aumentar los salarios mínimos a espalda de los empleadores. Resultado: Poner a los dos factores de la productividad del país – trabajadores y empresarios – a pelear entre ellos. Obviamente esto es parte central de su campaña electoral: quitarse la presión de los trabajadores y ponerlos en conflicto con el sector privado.

La exigencia de ustedes, los trabajadores, a que desaparezcan los salarios de hambre, son legítimas. Es un grave error de las gremiales empresariales de defender estos salarios y cerrarse a un aumento. De todos modos, muchas empresas líder pagan mucho más que el salario mínimo miserable.

Pero igual es legítima la preocupación de muchos empleadores, sobre todo los medianos y pequeños en ramas con poca productividad y poca capacidad de inversión, por la rentabilidad de sus empresas y la seguridad de los puestos de trabajo que han creado.

Por esto, la manera como elevar el salario mínimo tiene que ser resultado de acuerdos entre trabajadores y empresarios, no de imposiciones del gobierno y sus intereses electorales. Los empresarios conocen las necesidades de sus empleados, y los trabajadores entienden perfectamente las limitaciones de sus empresas. De una negociación entre ambos, sin interferencia del gobierno y sobre todo del partido FMLN, tiene que surgir la solución que no pone en peligro la economía familiar de unos, pero tampoco la economía empresarial de los otros.

Pero ambas economías – la familiar de los trabajadores, como la empresarial de los patrones – no dependen solamente de los salarios mínimos. Dependen de un montón de cargas que agravan a ambos, trabajadores y empresas: los nuevos impuestos que impusieron los gobiernos del FMLN; los costos de seguridad, debido a que el gobierno no cumple su función de garantizar la paz social; costos adicionales en transporte, salud y educación, porque los servicios públicos no sirven. Las empresas, además, cargan con altísimos costos de energía, debido al fracaso de la política energética de los últimos tres gobiernos.

Juntos empresarios y trabajadores deberían retar al gobierno a reducir estas cargas adicionales, tanto a los trabajadores como a las empresas. Si las empresas no tuvieran que cargar con tanto impuesto, costos de energía tan elevados, y con los inmensos costos directos e indirectos de seguridad, perfectamente podrían pagar salarios más altos sin poner en riesgo su rentabilidad y su capacidad de inversión.

En vez de caer en la trampa del gobierno de querer poner a pelear, de aquí a las elecciones, a los trabajadores contra los empresarios, ambos sectores deberían ponerse acuerdo de cómo obligar al gobierno a crear las condiciones para que nuestra economía, sus empresas y fuerza laboral adquieran más productividad  y en consecuencia mejores empleos con mejores salarios.

Nadie debe estar condenado a vivir con salarios que no cubren la canasta básica. Mucho menos cuando al mismo tiempo tienen que gastar todos los días horas extra en el transporte y dinero extra en la educación, la salud y la seguridad que el gobierno no garantiza. Pero tampoco las empresas más débiles deberían verse obligados a despedir gente o incluso cerrar, por decisiones y condiciones desfavorables que el gobierno impone.

Sólo si trabajadores y empresarios encuentran acuerdos racionales, nuestra economía puede volver a desplegar su potencial. Olvídense del gobierno y de la política y comiencen una concertación directa.

Saludos, Paolo Lüers

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