TERREMOTO




























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El
Salvador: cronología de una tierra danzarina.
Carlos Cañas-Dinarte / El Diario de Hoy
ccdinarte@elsalvador.com

El segundo día de la Pascua del Espíritu Santo (23 de mayo de 1575), la ciudad de San Salvador -ya asentada en el valle de Quezalcuatitán, su actual ubicación- es destruida por un devastador terremoto.

Este movimiento telúrico -con probable epicentro entre las actuales localidades de San Marcos y Santo Tomás- echa por tierra a la primera iglesia mayor o parroquial de la ciudad, erigida entre 1546 y 1551 con gruesas maderas, adobes y tejas.

Aunque solo hubo tres personas muertas, la gravedad de los daños hace que el rey español Felipe II emita una cédula real para suministrarle ayuda a la destruida localidad, documento que es firmado en Madrid, el 18 de noviembre de 1576.

En 1581, un terremoto causa alarma entre la población de la renaciente San Salvador, en la que ocasiona cuarteamientos en tapias de adobe y en recubrimientos de calicanto.

El 21 de abril de 1594, la pequeña urbe sansalvadoreña de 3,500 habitantes -entre españoles, ladinos, indígenas y negros- es azotada por un violento megasismo, que tira por el suelo al más de medio millón de tostones de las buenas edificaciones del lugar, como lo eran la Iglesia Parroquial, los conventos de Santo Domingo y San Francisco, el hospital de indios, los portales y las casas del Cabildo.

Entre dos y tres mil ducados es calculado el valor de cada una de las casas de los vecinos principales, las cuales estaban construidas de calicanto, adobe, ladrillo y tejas.

Aunque la mortandad solo alcanza a trece personas -entre ellas, el cura párroco Francisco Ramos-, los lugareños quedan sumidos en la pobreza y el desánimo, por lo que la reconstrucción empieza hasta siete años más tarde.

En 1625, un nuevo megasismo echa por tierra a la ciudad de San Salvador.

El 3 de noviembre de 1658, San Salvador, Quezaltepeque y las localidades circunvecinas son reducidas a escombros por violentas sacudidas, originadas en las grietas volcánicas que hacen surgir a la pequeña elevación del Playón (140 metros) en el valle de Nixapán, situado al norte del Volcán de San Salvador y al oeste de Quezaltepeque.

El 30 de septiembre de ¿1656?, un terremoto originado en la erupción del volcán de San Salvador causa la completa destrucción de esta ciudad, mientras que la lava arrasa con Nejapa.

En 1671, 1707 y 1730, sendos terremotos dejan en ruinas a la ciudad de San Salvador.

En 1683, un horrendo movimiento de tierra causa la destrucción parcial de la iglesia del pueblo de Ostúa, en el actual departamento de Santa Ana.

Durante un eclipse lunar, a la una de la madrugada del lunes 6 de marzo de 1719, un megasismo por subducción y de una probable magnitud 7.0 grados Richter destruye a San Vicente y a San Salvador, causa grandes grietas en diversos puntos de los alrededores de la capital provincial y provoca en ella la muerte de siete personas.

En el primer cuatrimestre de 1733, largas series de temblores causan alarma en la zona occidental del país, donde resultan con daños de consideración muchas residencias y los templos de La Trinidad (Sonsonate) y Dolores (Izalco).

El 5 de mayo de 1736, un fuerte sismo arruina buena parte de las casas y templos de Panchimalco y San Francisco Chinameca.

El 13 de mayo de 1748, un destructor megasismo de origen volcánico, con una probable magnitud de 6.4 grados Rihcter, causa daños graves en casas de la zona central del país, donde también resultan arruinados los templos de San Juan (Cojutepeque), Olocuilta y Aculhuaca (ahora parte de Ciudad Delgado).

El 14 de abril de 1765, varios temblores iniciados desde marzo arruinan Ilopango, San Cristóbal, San Martín, San Pedro Perulapán y San Bartolomé Perulapía, aunque también causaron ruinas en Izalco y Caluco. El foco de conmoción (epicentro) es situado en las alturas de Texacuangos, en los alrededores del Lago de Ilopango.

El 29 de julio de 1773, el llamado "terremoto de Santa Marta" destruye por completo a la ciudad de Guatemala. En El Salvador, arruina por completo a los templos coloniales de Tacuba, Caluco y Asunción Izalco.

En julio de 1774, algunos sismos causan severos daños en varios pueblos de la Cordillera del Bálsamo, especialmente en Huizúcar y Panchimalco.

El 30 de mayo de 1776, la capital de la Intendencia de San Salvador es arruinada por un violento terremoto, originado por la fosa de subducción, que destroza el templo de Dolores Izalco. Cálculos posteriores estiman su magnitud en 7.5 grados Richter.

A las 2: 30 de la tarde del 29 de noviembre de 1783, un terremoto causa gran devastación en la entonces villa de San Vicente de Austria y Lorenzana. Destruidas la Iglesia Parroquial y gran cantidad de casas, las pérdidas materiales son calculadas por las autoridades edilicias en casi 50 mil pesos.

Desde las ocho de la noche del 21 hasta el día 23 de septiembre de 1787, la localidad oriental de San Miguel se ve sometida a los vaivenes de la tierra, originados en una masiva erupción del volcán cercano, lo que sume en el terror a los pobladores de la zona.

San Salvador y sus pueblos aledaños, especialmente Antiguo Cuscatlán, son arruinados por dos grandes movimientos de tierra, ocurridos uno a las 2: 15 de la tarde del 2 de febrero de 1798 y el otro siete días más tarde. Con probable magnitud 6.2 grados Richter, el epicentro es localizado en un antiguo cráter de explosión del volcán de San Salvador, laguna desecada artificialmente por alemanes, a fines del siglo XIX, para dar paso al actual complejo industrial llamado Plan de La Laguna.

En 1806, un fuerte temblor siembra destrucción en la ciudad de San Salvador.

El 10 de agosto de 1815, ocurre un terremoto en toda la intendencia colonial de San Salvador. La Iglesia de la Presentación o de San José queda muy deteriorada, pero la Iglesia Parroquial (ahora Iglesia del Rosario), que solo tiene tres años de haber sido concluida, sufre pocos daños. Son dañadas las prisiones -donde se encontraban encarcelados varios de los próceres independentistas-, la Iglesia de Panchimalco, el puente sobre el río Acelhuate, las cañerías de barro y muchas casas particulares.

El 7 de febrero de 1831, un fuerte movimiento de tierra causa ruina y destrucción en la ciudad de San Salvador.

Un terremoto causa graves destrozos en Chinameca, en diciembre de 1838.

A las quince horas del 22 de marzo de 1839, Viernes de Dolores, un gran movimiento de la tierra desquicia muchas casas en San Salvador. Las cercanas localidades de Quezaltepeque, Nejapa y Opico sufren severos daños.

A la una de la mañana del primer día de octubre de 1839, un terremoto de 5,9 grados de magnitud destroza muchas viviendas en la ciudad capital. Las réplicas continúan por más de 15 días, por lo que el entonces presidente de El Salvador, el general hondureño Francisco Morazán, ordena el traslado de las oficinas gubernamentales a la vecina Cojutepeque.

A la medianoche del 22 de junio de 1847, un temblor causa muchos perjuicios en los pueblos de la costa y cordillera del Bálsamo.

 

A las 10:55 de la noche del Domingo de Resurrección (16 de abril de 1854), un gran evento sísmico -anunciado desde el Viernes Santo por sucesivas sacudidas y fuertes retumbos subterráneos- derriba por completo a San Salvador.

El inquieto educador viroleño José María Cáceres sitúa el foco de conmoción a media legua al sureste de San Jacinto, en la cadena situada al sur de San Marcos. La magnitud probable es calculada en 6.6 grados Richter.

Tan destructivo suceso es captado para la historia por los dibujos y escritos parisienses del andariego Arnold Boscowitz, al igual que por los estudios científicos del viajero alemán Moritz Wagner.

Debido a la ruina total de la ciudad, el general y presidente José María San Martín ordena el traslado del gobierno a Soyapango y después a Cojutepeque &endash;que cumple su papel como capital desde el 17 de abril de 1854 hasta el 28 de junio de 1858-, la movilización de la Universidad Nacional y del Colegio de La Asunción a San Vicente -donde permanecerán del 13 de agosto de 1854 al 2 de diciembre de 1858- y la fundación de Nueva San Salvador, en la llanura de la hacienda Santa Tecla (25 de diciembre de 1854).


El terremoto del16 de abril de 1854, dibujado por el viajero polaco-francés Arnold Boscowitz.

Pocas semanas después de la destrucción total de San Salvador por el terremoto del 16 de abril de 1854, un fuerte movimiento telúrico causa graves daños en San Vicente, Cojutepeque y la región de los Texacuangos.

Series de sismos nocturnos fuertes se abaten sobre San Salvador, San Vicente y Cojutepeque entre febrero y abril de 1855. Se destaca el de las cuatro de la madrugada del 14 de abril. En diciembre de ese mismo año, estremecedores movimientos terráqueos, originados por el volcán migueleño, producen alarma general en la zona oriental.

Antecedido y seguido de frecuentes temblores, un megasismo hace sufrir mucho a la capital salvadoreña, Cojutepeque, el 6 de noviembre de 1857, aunque no es percibido en la antigua y ruinosa San Salvador. El epicentro es ubicado en el cerro Cus-cus, al sur del lago de Ilopango.

A las diez horas del 8 de diciembre de 1859, un movimiento sísmico ondulatorio, de larga duración y 7.3 grados de magnitud probable, parte de las alturas cercanas a la población de Comasagua y se detiene en la altiplanicie de Santa Cruz, próxima a la ciudad de Guatemala. Los pueblos atravesados por dicha onda destructiva son Comasagua, Atiquizaya, Jalpatagua, Oratorio, Cuajiniquilapa, Corral de Piedra y Cerro Redondo.

Del 3 al 6 de diciembre de 1860, una serie de sismos provoca pánico entre las personas de San Salvador y lugares aledaños, además de que provoca grietas de cierta gravedad en el templo colonial de Panchimalco.

Un gran temblor se hace sentir en San Salvador, a las 5 y 30 de la tarde del 30 de junio de 1867. Es seguido por otros muchos durante la noche.

Sin ningún fundamento científico, los 81 sismos que se abaten sobre en la región vicentina entre la mañana del 29 y la tarde del 30 de diciembre de 1872 son atribuidos a los cerros El Brujo y Sihuatepeque. En esta última fecha, la ciudad de San Vicente es dañada con severidad por un terremoto, antecedido y seguido de frecuentes y pavorosos sacudimientos.

A las 4 y 30 de la tarde del 4 de marzo de 1873, un megasismo volcánico de 6.4 grados de magnitud probable se convierte en la consecuencia de una serie de frecuentes temblores que inició a las once horas del 22 de febrero, con epicentro en las alturas de Texacuangos, entre el cerro de Chinameca y Santiaguito, al sur de la laguna de Ilopango. Son dañadas con severidad las poblaciones de Santo Tomás, Soyapango, Ilopango, Mejicanos, Aculhuaca y Paleca (hoy Ciudad Delgado).

 

Aunque las sacudidas posteriores al sismo del 4 de marzo continuaron, su intensidad fue disminuyendo con el correr de los días, al grado tal que ya para el día 15 casi había desaparecido el temor de que adviniera una catástrofe de mayor envergadura y la población había comenzado a pasar las noches en el interior de sus viviendas.

Sin embargo, a las dos de la mañana del 19 de marzo de 1873, un primer gran movimiento de la tierra, acompañado de retumbos, alerta a los habitantes capitalinos, los que seis minutos más tarde abandonan sus viviendas.

Este hecho impide mayor mortandad cuando, a las 2:10 a.m., sobrevienen una fuerte detonación subterránea y un violento megasismo vertical, oscilatorio y ondulatorio echa por el suelo, en menos de cinco segundos, a la antigua San Salvador, de la que solo queda en pie una quincena de estructuras públicas y privadas, estremecidas por una réplica del sismo tres horas más tarde.

Al trasmonte del cerro de San Jacinto, aparece una luz rojo-violeta, emitida en ráfagas intermitentes, y se percibe un olor sulfuroso sofocante. El foco de conmoción es ubicado por la comisión científica gubernamental -compuesta por el general belga André van Severen y el profesor Luciano Platt-, en las alturas de Texacuangos, sobre los bordes lacustres de Ilopango.


El convento e iglesia de Santo Domingo (ahora Catedral de San Salvador) aparece destruido por el terremoto del 19 de marzo de 1873. Al frente, el Parque Central, hoy llamado Parque Barrios.

El 19 de marzo era el día del Señor San José, patrono de la Compañía de Jesús, en cuya residencia confiscada el gobierno de la república había establecido el cuartel número uno de infantería. No era raro, pues, que aquellos capitalinos, que habían preparado con antelación los festejos litúrgicos correspondientes en los templos de Santa Lucía y La Merced, vieran en el Gran Terremoto una intervención sobrehumana, desde cuyas manos se dejaba caer un castigo divino sobre una población sacrílega y secularizada.

Así, entre la subida de casi un metro en el nivel del lago de Ilopango, gritos agónicos, nubes de polvo, grandes cantidades de menudos escombros, incendios y confesiones públicas individuales &endash;hay que recordar que las gentes, presas del pánico, gritaban sus pecados postradas de hinojos en las calles, para no morir inconfesas-, los últimos vestigios de la San Salvador colonial pasaban a la historia.

Según refiere José María Huezo en sus Reminiscencias históricas (1856-1913), "el parque y las calles quedaron [llenos] de mercaderías y otros objetos amontonados, que obstruían el tránsito" por aquella ciudad desolada y humeante, en la que "no se veían más que semblantes despavoridos, polvosos y jadeantes, que de vez en cuando pasaban por las calles contemplando la horrorosa calamidad en que dejó la capital el terremoto".


El Gran Hotel de Europa, de la familia Lardé (después Edificio Dueñas y ahora Cafetería Don Arce), destruido por el terremoto del 19 de marzo de 1873.

La destrucción material de la ciudad es rescatada del olvido por la magia de las fotografías de Armand Harcq -director de su propia Academia de Bellas Artes- y la pluma artística de W. R. Kennedy, capitán de la fragata inglesa Reindeer, fondeada en el puerto de La Unión y que, tras el suceso telúrico, es destacada al muelle de La Libertad, adonde llega el día 21.

Sentido hasta en la localidad hondureña de Gracias, este megasismo también causa graves estragos en poblaciones nacionales como San Jacinto, San Marcos, Santo Tomás, Santiago Texacuangos, Olocuilta, Mejicanos, Ayutuxtepeque, San Sebastián, Aculhuaca, Cuscatancingo, Apopa, Soyapango, Tonacatepeque, San Martín y Santa Tecla.

Sin previo aviso, a las ocho de la noche del 2 de octubre de 1878, un violento sismo causa la destrucción de los ranchos pajizos y casas de adobe de Jucuapa, aunque las vecinas Tecapa (hoy Alegría), Chinameca, El Triunfo y Santiago de María sufrieron grandes daños y víctimas. Su intensidad máxima es calculada en VII grados Mercalli.

Entre el 21 y el 31 de diciembre de 1879, la zona circundante al Lago de Ilopango sufre una serie de más de 600 temblores, con intensidades y magnitudes variadas. A las 23: 38 horas del día 27, un temblor giratorio de 50 segundos de duración causa destrozos en edificaciones públicas y privadas del pueblo de Ilopango y de la aldea de Asino. Toda esta actividad culminó con erupciones en el centro del lago, que dieron origen, entre enero y marzo de 1880, a los dos peñascos conocidos como "los cerros quemados".

El 6 de noviembre de 1884, tres fuertes movimientos nocturnos obligan a la población vicentina a acampar en los patios de las casas y en el parque de la localidad.

El 25 de marzo de 1899, un violento megasismo destruye, de forma parcial, a la iglesia parroquial de San Vicente, diseñada, construida e inaugurada el 8 de diciembre de 1808 por el presbítero, doctor y prócer Antonio Molina y Cañas. Entre 1902 y 1905, la tesonera obra del sacerdote Nicolás A. Durán logra restaurar los aspectos derruidos de esta última iglesia parroquial de la otrora localidad colonial de San Vicente de Austria y Lorenzana.

Cerca de las 7:00 de la noche del 15 de septiembre de 1902, un violento atolín, tsunami o maremoto siembra la destrucción y la muerte en las costas comprendidas entre los puertos centroamericanos de San José (Guatemala) y La Libertad (El Salvador), aunque la mayor ruina se produjo en la Barra de Santiago. Especulaciones hechas en 1990 fijaron en 7,9 grados la magnitud de ondas de superficie para el sismo subacuático que dio origen a este fenómeno.

Pese a que fue imposible saber el número exacto de personas heridas y de víctimas mortales, esta última cifra rondó las 400 personas.

El 18 de julio de 1912, un violento temblor de origen volcánico -calculado en 1974 y 1993 como de 5,9 grados en la magnitud de sus ondas de superficie y una intensidad máxima de VII Mercalli- causa daños en las localidades occidentales de Armenia, Izalco y Santa Ana. Su epicentro es fijado en 13,87 LN y 89,57 LO, con profundidad focal de 10 kilómetros.

A las 7:20 p.m. del 6 de septiembre de 1915, un fuerte sismo por subducción estremece a San Salvador y causa destrozos en Juayúa, Salcoatitán y el sur de Apaneca, además de que en Santa Ana causa cinco víctimas mortales y en San Vicente hace sonar las campanas de los templos y daña gran cantidad de viviendas.

El profesor e investigador científico Jorge Lardé y Arthés realiza varios estudios y observaciones relacionados con este fenómeno, los que plasma en su opúsculo El terremoto del 6 de septiembre de 1915 y los demás terremotos de El Salvador.

Con epicentro fijado en 13,90 LN y 89,60 LO y a una profundidad de 60 kilómetros, este evento terrestre fue estimado, en 1980, en 7,7 grados de magnitud y una intensidad máxima de VIII-IX Mercalli.

A las 18: 55, 19: 30 y 20: 45 horas del jueves 7 de junio de 1917, día de Corpus Christi, tres grandes terremotos de origen volcánico destruyen a San Salvador y a otras localidades como Apopa, Nejapa, Quezaltepeque, San Juan Opico, Santa Tecla, Armenia, San Julián, Sacacoyo, Tepecoyo, Ateos, Caluco y San Vicente.



Dos vistas del Teatro Colón, en el costado oriental del Parque Bolívar (hoy llamado Parque Barrios), destruido por un incendio causado por el terremoto del 7 de junio de 1917.

 

Calculados posteriormente con magnitudes de 6,7 y 5,4 grados Richter e intensidades máximas de VIII grados Mercalli, su culminación la tienen en la erupción del cráter secundario de Los Chintos y en la evaporación de la laguna del Boquerón, ambos localizados en el volcán de San Salvador.

El poeta y viajero colombiano Porfirio Barba-Jacob &endash;que en ese momento se llamaba Ricardo Arenales- escribe su testimonio novelado El terremoto de San Salvador, el cual difunde mediante las páginas del Diario del Salvador, periódico de Román Mayorga Rivas en el que aquel oriundo de Santa María de Osos trabaja como redactor.

Con pérdidas humanas calculadas en 1050 personas, a las que se une una cantidad indeterminada de heridos, los daños materiales evidencian que de cerca de las 9000 casas componentes de la ciudad capital, solo 200 quedaron intactas.

De los edificios nacionales, no sufren daños el Palacio y Teatro Nacionales, aunque sí resultan arruinados la Escuela de Medicina, la Escuela Normal de Maestros (aún en construcción), la Central de Correos y Telégrafos, el Hospicio de Huérfanos, la Catedral y demás templos, la Universidad, la Escuela Politécnica, el Palacio del Tesoro, el Municipal, los mercados, la Imprenta Nacional, la Penitenciaría, la Casa Blanca, la Logia Masónica, la Residencia Presidencial, los cuarteles, el Manicomio, los bancos Salvadoreño, Occidental y Agrícola, los teatros Principal, Colón y Variedades, etc.


El terremoto del 7 de junio de 1917 semidestruyó el Monumento a La Libertad, situado en el centro del Parque Dueñas (ahora Parque Libertad).

El 28 de abril de 1919, un violento temblor de origen volcánico causa más de 100 muertos y 400 heridos y 1000 damnificados en 20 manzanas de los barrios capitalinos de San Esteban, Cisneros y Concepción, así como en los alrededores del cerro San Jacinto, San Marcos y Soyapango. Muchos de los fallecidos sucumbieron porque eran habitantes de casas dañadas por los eventos sísmicos y eruptivos de junio de 1917.

Fijado el epicentro en 13,69 LN y 89,69 LO y a una profundidad de 10 kilómetros, en 1993 se consideró que su magnitud pudo haber alcanzado los 5,9 grados Richter, con una intensidad máxima de VII-VIII grados en la escala Mercalli modificada.


Después del terremoto volcánico del 7 de junio de 1917, un damnificado aparece frente al Palacio Nacional de San Salvador.

El 21 de mayo de 1932, un terremoto de 7.1 grados Richter (VIII Mercalli modificada) -originado por una subducción ocurrida a una profundidad de 150 kilómetros en 12,80 LN y 88,0 LO- es sentido desde el distrito federal mexicano hasta Costa Rica. Colapsan varias casas en Zacatecoluca y en otras partes del departamento de La Paz, al igual que en el de Usulután. Se reportan heridos y un pequeño número indeterminado de víctimas mortales.

Tras largas jornadas de pequeños sismos, originados en la zona del coloso volcánico vicentino, en la noche del sábado 19 de diciembre de 1936, las fuerzas de la tierra se pasean de nuevo sobre aquella localidad paracentral, echando por tierra a la Iglesia del Calvario, al cuartel, a los portales, a cientos de casas particulares y demás edificios públicos, así como a las poblaciones de San Esteban, Istepeque, Tepetitán, Santo Domingo y Santa Clara.

En aquella ciudad de 25 mil habitantes, las calles se llenan de escombros y los parques Cañas y San José van acogiendo, poco a poco, a los cuerpos de las personas fallecidas, extraídos de entre los restos inmuebles, estremecidos por más de cien réplicas y movimientos menores, casi todos originados en una zona triangular formada por el cerro de Santa Catarina, el cráter de Olla de Caldera y el cerro del Tecomal

Según cálculos oficiales y de la Cruz Roja, los fallecidos fueron poco más de 200 -algunos atrapados bajo los escombros del cine, donde habían acudido para ver El mujeriego, película protagonizada por James Cagney-, tres mil los damnificados que fueron movilizados hacia la capital, más de 400 los internados en el Hospital Rosales y la casi total destrucción de los edificios y residencias, con pérdidas calculadas en poco más de cinco millones de colones.

Con epicentro fijado en 13,72 LN y 88,93 LO y a una profundidad focal de 10 kilómetros, su magnitud fue calculada en 1980 en 6,1 Richter, con una intensidad máxima de VII-VIII grados en la escala Mercalli modificada.

A las 23:47 del 19 de octubre de 1937, un sismo de entre V y VI grados Mercalli se deja sentir durante 14 segundos en casi todo el país. Con epicentro localizado a 106 kilómetros al sureste de la zona costera del departamento de Usulután, es percibido sin mayor gravedad material y humana en Sonsonate, Santa Tecla, Cojutepeque, Zacatecoluca, San Miguel, La Unión, San Juan Nonualco, Pasaquina, Jucuarán, Chinameca, Santiago de María, Berlín, Tecoluca, San Julián, Ahuachapán y Nacaome (Honduras).

Desde las 20:30 horas del viernes 24 de diciembre de 1937, una serie de sismos se deja sentir bajo la ciudad de Ahuachapán. A las 18:43 del domingo 26, un macrosismo de 14,25 segundos de duración y una magnitus estimada de 5,9 grados Richter semidestruye a las ciudades de Ahuachapán y Atiquizaya, que causa daños moderados en las poblaciones de Turín, Junquillo, La Puerta, Palo Pique y Las Chinamas. De la decena de fallecidos, la mayor parte se debe a la caída del pórtico de la alcaldía ahuachapaneca, que sepulta a varias personas bajo los escombros.

A las 5:02 y 5:06 de la tarde del 6 de mayo de 1951, las casas de bajareque y ladrillo de las poblaciones de Jucuapa, Chinameca, Berlín, Usulután, Nueva Guadalupe, Alegría, Santiago de María, Lolotique, San Rafael Oriente, California, El Triunfo, San Buenaventura y Santa Elena son destruidas por dos devastadores terremotos, de 5,9 y 6,0 grados Richter, los cuales causan alrededor de 400 muertos, 1100 heridos, un número indeterminado de soterrados y desaparecidos.

El Comité General Ejecutivo Prodamnificados traslada y da protección en San Salvador a más de diez mil personas de las 25,000 afectadas por esta tragedia.

El movimiento telúrico fue precedido por una serie de sismos, que dio inicio el 24 de marzo de 1951, a las 2: 53 de la tarde, con origen en la región volcánica usuluteco-migueleña.

El epicentro del temblor principal &endash;calculado entre 6,0 y 6,2 grados de magnitud en sus ondas de superficie- fue situado en una falla localizada a 140 kilómetros al sur de las costas del departamento de La Paz, en el lecho del Océano Pacífico, a una profundidad focal de 10 kilómetros.

Diez días después de la tragedia, una mujer fue extraída con vida de entre los escombros de Jucuapa. Fue trasladada y atendida en el Hospital San Juan de Dios, de la ciudad de San Miguel.


Varias personas rescatan cadáveres después del megasismo que destruyó Jucuapa y Chinameca, el 6 de mao de 1951.

A las 4: 20 de la tarde del 12 de abril de 1961, un sismo de 5,75 grados Richter (VI en la escala Mercalli modificada) causa daños menores y sobresalto entre la población de San Salvador y de todo el sur salvadoreño. El epicentro es situado en el Océano Pacífico, a 122 kilómetros de profundidad.

A las 4:01 de la mañana del 3 de mayo de 1965, un terremoto tectónico de 6.3-6.5 grados Richter destruye a la ciudad San Salvador y causa graves daños en Ilopango, Soyapango y Ciudad Delgado.

En el área metropolitana de la capital, deja 15 kilómetros de destrucción, 110 muertos, medio millar de heridos, 50 mil personas sin hogar, 53 millones de colones en daños, algunos tan graves que urgen la demolición de la Penitenciaría Central y de la Fuerza Aérea.

Otras estructuras públicas y privadas &endash;como el Centro Judicial "Isidro Menéndez" y la Cárcel de Mujeres- quedan dañadas en forma parcial, pero los dueños de una de ellas ignoran la orden de desahucio. Solo remodelan y pintan al Edificio Rubén Darío, cuyas paredes lucen cruzadas por grandes grietas y fisuras.

Con epicentro situado en el área metropolitana de San Salvador, a 13,70 LN y 89,17 LO y a una profundidad focal de 10-15 kilómetros, este macrosismo fue antecedido por más de 600 sismos diarios, registrados por los aparatos especializados entre febrero y mayo de ese mismo año.

El 17 de julio de 1975, un movimiento terráqueo de 5.8 grados Richter, con epicentro en Guadalupe, causa graves daños en los departamentos de La Paz y San Vicente.

A las cero horas y 22 minutos del sábado 19 de junio de 1982, un terremoto de 7.3 grados Richter, con epicentro a 70 kilómetros al suroeste de la capital salvadoreña y a 80 kilómetros de profundidad focal, es sentido en todo el país y fuera de las fronteras nacionales.

Causa graves daños en ciudades y monumentos nacionales de cinco departamentos (San Salvador, La Libertad, La Paz, Sonsonate y Ahuachapán), pero en especial en estructuras de bajareque y adobe de la localidad de Comasagua, que es afectada de tal manera que varias casas son reducidas a escombros.

Mueren nueve personas, 96 resultan heridas y cinco mil son declaradas como damnificadas, las cuales viven momentos de zozobra a causa de las 90 réplicas &endash;de entre 2 y 4.5 grados- que se suceden en los siete días siguientes.

El 22 de abril de 1985, un sismo de 4.8 grados Richter destruye gran cantidad de casas en Jucuapa y Santiago de María. Su epicentro fue situado en la usuluteca Berlín.

A las 11 horas y 50 minutos del 10 de octubre de 1986, el suelo de San Salvador comienza a moverse como resultado de un terremoto grado 7.5 Richter (5,4 en magnitud de ondas de cuerpo), con duración de 5 segundos y con epicentro localizado en fallas situadas a 8 kilómetros bajo la zona de Los Planes de Renderos, al sur de San Salvador.

Como resultado, una poderosa onda en forma de ola recorre la capital entera. La devastación y mortandad se centran en los barrios de Santa Anita, San Jacinto, La Vega, San Esteban, El Carmen y Candelaria, al igual que en los Planes de Renderos &endash;donde el fenómeno llegó a alcanzar los 9,0 grados Richter-, Ciudad Delgado y Santa Clara.

Un deslizamiento de tierra blanca sepulta unas 200 casas y causa 100 muertos en la colonia Santa Marta, al sur de la ciudad capital. Pero no es el único derrumbe ocurrido a raíz de ese evento sísmico, que también provoca más deslizamientos menores en diversos puntos (barrancas, taludes de cerros, cortes para carreteras, etc.) de la ciudad capital y en las cercanías del Lago de Ilopango.

La destrucción también es evidente en edificios privados como el Gran Hotel San Salvador y los centros comerciales "Rubén Darío" y "Dueñas"; en locales ministeriales como los de Trabajo, Educación-Biblioteca Nacional y Agricultura y Ganadería; en centros educativos como el Colegio Guadalupano y la Escuela "Joaquín Rodezno", en hospitales como el de Niños "Banjamín Bloom" y en monumentos simbólicos, como la efigie del Salvador del Mundo, situado en el centro de la Plaza de las Américas.

Las cifras oficiales llegan a más de 1500 fallecidos, un centenar de desaparecidos, 10 mil heridos de diversas gravedades y otros 15 mil sin hogar y trabajo, al quedar dañados más de sesenta mil viviendas y tres mil negocios entre grandes, medianos y pequeños.

La ayuda internacional es inmediata. Brigadas de rescate de México y Brasil llegan para apoyar las labores de extracción de las víctimas del Darío y de otros edificios. En la ciudad, pronto escasean los alimentos, los mercados están cerrados y la banca estatizada no abre sus puertas para que los ahorrantes puedan tener acceso a sus recursos monetarios.

Desde el momento del temblor hasta el miércoles 26 de noviembre de 1986, los sismógrafos nacionales registran un total de 2508 sismos más, casi todos imperceptibles para la población. Sin embargo, aún el 22 de diciembre se continuaba el trabajo de vigilancia y registro de la actividad sísmica originada en las fallas generadoras del siniestro.

El 25 de enero de 1987, un sismo de 3.8 grados Richter causa zozobra entre la población citadina de San Vicente.

Con epicentro en el Océano Pacífico y a 69 kilómetros de profundidad focal, un sismo estremece el 3 de noviembre de 1988 a la ciudad de Ahuachapán, donde no causa mayores daños, pero sí centra su destrucción en 100 viviendas y cinco personas fallecidas en un colindante y sureño departamento guatemalteco.

Entre las 3: 51 de la tarde del 1 de marzo y el viernes 16 de abril de 1999, 940 sismos &endash;71 de los cuales son sentidos por la población- tienen presencia en la ciudad de San Vicente, Apastepeque y alrededores. El mayor de esos movimientos de tierra es de 4, 6 grados Richter. Ante los daños causados en viviendas de adobe y bajareque y la destrucción parcial de la Iglesia Catedral de San Vicente, los moradores sienten temor de que se avecine una catástrofe mayor, por lo que duermen fuera de sus casas durante semanas y se entregan a múltiples actividades religiosas.

Entre las 10: 22 de la noche del viernes 2 y el viernes 16 de abril de 1999, 87 temblores de tierra &endash;17 de ellos sensibles para los pobladores- tienen presencia en la isla de Meanguera, en el Golfo de Fonseca. El más violento, calculado entre 5,8 y 6,1 grados Richter- ocurre a las 4: 10 de la madrugada del sábado 3, con epicentro localizado frente a la costa pacífica de Nicaragua y a una profundidad focal de 33,7 kilómetros.

Como resultado, hay nueve personas heridas &endash;cuatro menores de edad-, 130 casas de diversos sistemas constructivos dañadas -17 destruidas por completo, 75 con daños graves y 59 con daños leves- y 200 personas evacuadas.

A las 11:35 del sábado 13 de enero de 2001, un terremoto de 7,6 grados Richter y 45 segundos de duración provoca destrucción generalizada en 172 de los 262 municipios del país, entre ellos Santa Ana, Jayaque, Comasagua, Nueva San Salvador, Santa Elena, San Vicente, San Agustín y muchas más.

Aunque la destrucción es más evidente en casas y edificios públicos construidos de adobe o bajareque, la mayor mortandad se centra en la zona residencial La Colina, construida al sur de la ciudad de Nueva San Salvador o Santa Tecla, donde un alud cae sobre cientos de casas y soterra a casi medio millar de personas. Con un aporte de 2,6 millones de dólares, proporcionado por el gobierno de la República de China (Taiwán), en el futuro en dicho lugar será construido un parque memorial en homenaje a las víctimas.

Los desprendimientos de millones de metros cúbicos de tierra y piedra sepultan los tramos de la Carretera Panamericana que conducen al occidente y oriente del país, a la altura de Los Chorros y de la curva de La Leona, respectivamente, donde también quedan soterradas varias personas. En total, el país sufre 16120 derrumbes, los que causan diversos grados de destrucción.

La ayuda nacional e internacional se hace presente casi de inmediato en los lugares de mayor desastre, mediante 843 integrantes de equipos médicos y de rescate, dinero en efectivo y 2589 toneladas de diversos tipos de alimentos y materiales, contabilizadas hasta el domingo 11 de febrero.

Con la llegada de los primeros embarques, pronto surgen en los albergues disputas por el control político de la ayuda nacional e internacional, que pasa de ser centralizada y canalizada por el Comité de Emergencia Nacional (COEN) y la Comisión Nacional de Solidaridad (CONASOL) a control de los concejos y entidades municipales.

Con titubeos y contradicciones, las cifras oficiales -actualizadas hasta el 9 de febrero- cuantifican la tragedia humana en 844 fallecidos, 193 soterrados, 125 desaparecidos, 4723 heridos, 1329806 damnificados, 68777 evacuaciones, 32000 micro y pequeñas empresas destruidas, 39000 personas desempleadas y 24000 pescadores artesanales, afectados por la ausencia de cardúmenes en las costas salvadoreñas.

Por su parte, la destrucción material es estimada en 278546 viviendas, 1385 escuelas &endash;109 destruidas por completo-, 1155 edificios públicos, 393 templos, 106 hospitales y centros públicos de salud, 16 penitenciarías, 41 instalaciones militares, la cuarta parte de los 2000 kilómetros de carreteras pavimentadas y 98 monumentos nacionales. Las necesidades económicas para la reconstrucción son calculadas en 1500 millones de dólares.

Hasta las 8:00 horas del martes 13 de febrero, los sismos secuela &endash;de entre 2.5 y 5.1 grados Richter- alcanzan un total de 3502.

A las 11:35 del sábado 13 de enero de 2001, un terremoto de 7,6 grados Richter y 45 segundos de duración provoca destrucción generalizada en 172 de los 262 municipios del país, entre ellos Santa Ana, Jayaque, Comasagua, Nueva San Salvador, Santa Elena, San Vicente, San Agustín y muchos más.

El epicentro es localizado en el Océano Pacífico, a 100 kilómetros al suroeste de la ciudad de San Miguel y a una profundidad focal estimada de 39 kilómetros. Se considera que el evento es de carácter tectónico, originado por el acoplamiento de las placas del Caribe y Cocos, con fractura interna de esta última.

Aunque la destrucción es más evidente en casas y edificios públicos construidos de adobe o bajareque, la mayor mortandad se centra en la zona residencial La Colina, construida al sur de la ciudad de Nueva San Salvador o Santa Tecla, donde un alud cae sobre cientos de casas y soterra a casi medio millar de personas. Con un aporte de 2,6 millones de dólares, proporcionado por el gobierno de la República de China (Taiwán), en el futuro en dicho lugar será construido un parque memorial en homenaje a las víctimas.

Los desprendimientos de millones de metros cúbicos de tierra y piedra sepultan los tramos de la Carretera Panamericana que conducen al occidente y oriente del país, a la altura de Los Chorros y de la curva de La Leona, respectivamente, donde también quedan soterradas varias personas. En total, el país sufre 445 derrumbes, los que causan diversos grados de destrucción.

La ayuda nacional e internacional se hace presente casi de inmediato en los lugares de mayor desastre, mediante 843 integrantes de equipos médicos y de rescate, dinero en efectivo y 2589 toneladas de diversos tipos de alimentos y materiales, contabilizadas hasta el domingo 11 de febrero.

Con la llegada de los primeros embarques, pronto surgen en los albergues disputas por el control político de la ayuda nacional e internacional, que pasa de ser centralizada y canalizada por el Comité de Emergencia Nacional (COEN) y la Comisión Nacional de Solidaridad (CONASOL) a control de los concejos y entidades municipales.

Con titubeos y contradicciones, las cifras oficiales -actualizadas hasta el último día de febrero- cuantifican la tragedia humana en 944 fallecidos, 193 soterrados, 125 desaparecidos, 5565 heridos, 1364160 damnificados, 68777 evacuaciones, 39000 personas desempleadas y 24000 pescadores artesanales, afectados por la ausencia de cardúmenes en las costas salvadoreñas.

Por su parte, la destrucción material es estimada en 277953 viviendas (más 688 soterradas), 32000 micro y pequeñas empresas destruidas, 1385 escuelas &endash;109 destruidas por completo-, 1155 edificios públicos, 405 templos, 94 hospitales y centros públicos de salud, 16 penitenciarías, 43 muelles, 41 instalaciones militares, la cuarta parte de los 2000 kilómetros de carreteras pavimentadas y 98 monumentos nacionales.

Una misión de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) estima los daños materiales directos e indirectos en 1,255.4 millones de dólares, de los cuales 823 millones (66%) corresponden al sector privado. Para este mismo organismo de la ONU, las necesidades económicas para la reconstrucción son calculadas en 1,492.6 millones de dólares, los que deberán ser invertidos en los próximos cinco años.

Hasta las 08:00 horas del martes 13 de febrero, los sismos secuela &endash;de entre 2.5 y 5.1 grados Richter- alcanzan un total de 3502.

Un mes después de esa tragedia, a las 08: 22 del martes 13 de febrero de 2001, un terremoto de 6,6 grados Richter deja sentir, durante 20 segundos, su fuerza destructora en los departamentos centrales y paracentrales de Cuscatlán, San Vicente y La Paz, que son declarados como zona de emergencia por las autoridades nacionales.

El epicentro es localizado en una falla local de San Pedro Nonualco, a 30 kilómetros de San Salvador, situada a una profundidad focal de entre 8,2 y 13 kilómetros.

La destrucción abarca entre el 50 y el 95 por ciento de las viviendas de la ciudad de San Vicente, Cojutepeque, Paraíso de Osorio, Candelaria, Verapaz, San Emigdio, San Juan Tepezontes, San Miguel Tepezontes, Guadalupe y los cantones Santa Cruz Analquito y Miraflores abajo. Además, se reportan daños en viviendas de la ciudad de Chalatenango, una iglesia de Apopa y en el muelle artesanal del puerto de La Libertad.

Los cómputos preliminares arrojan un saldo de 315 personas fallecidas, 92 desaparecidas o soterradas, 3399 lesionadas y 252,622 damnificadas. Muchas de ellas residían en las localidades devastadas, al igual que en San Pedro Perulapán, San Cayetano Istepeque, Santa Cruz Michapa, Zacatecoluca, San Martín, San Rafael Cedros, cantón La Flor de San Martín y Candelaria, localidad esta última en la que perecen varios párvulos y su profesora, al quedar soterrados por su centro educativo.

Un número de 71 derrumbes de diversas consideraciones es reportado en los volcanes de Santa Ana y San Vicente, la Cordillera del Bálsamo, los cerros de San Jacinto y Las Pavas, carreteras hacia Santa Ana y San Francisco Chinameca y los kilómetros 45-49 y 51-53 de la Carretera Panamericana.

Entre otros daños materiales, se reporta gravedad o destrucción total en 57008 viviendas, 82 edificios públicos, 73 iglesias, 111 escuelas y 41 hospitales y unidades de salud. A raíz de este nuevo movimiento terráqueo, el inicio del año escolar sufre nuevos retrasos en casi todo el territorio nacional.

Unidos con los cómputos de los daños causados por el sismo del 13 de enero, el país sufre pérdidas estimadas en 1603.8 millones de dólares, los que equivalen al 12.1 % del producto interno bruto (PIB), el 43.5% de las exportaciones salvadoreñas y el 75% del presupuesto general de la nación para el ejercicio anual 2001.

Después de este evento natural, los sismógrafos reportan varios cientos de sismos secuelas, los que oscilan entre los 1.8 y 5.3 grados Richter.

El miércoles 28 de febrero de 2001, a las 12:50, un sismo de 20 segundos de duración es sentido en diversos puntos del territorio nacional, al igual que en los demás países centroamericanos. El epicentro fue localizado a 40 kilómetros al sur de la bocana del río Jiboa, por lo que se le considera una fuerte réplica o secuela del terremoto del 13 de enero anterior.

Las mediciones nacionales, centroamericanas y estadounidenses del evento natural difieren sensiblemente, porque el Centro de Investigaciones Geotécnicas del país le asigna 5.6 grados Richter y una profundidad focal de 54,2 kilómetros, mientras que el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) le confiere 6.1 grados y 65,2 kilómetros de profundidad hipocentral. Por su parte, el Instituto Nacional Territorial de Nicaragua (INETER) registró el sismo como de 6.0 grados y el Centro de Sismología de América Central (CASC) le otorgó dos décimas menos.

Aunque cundió el pánico, no se reportó daños de gravedad y solo resultó herido un menor de dos años, residente en el departamento de Usulután.


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