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La tecnología le está cambiando el “chip” a 5 jóvenes de Ciudad Delgado

Son jóvenes de Ciudad Delgado que están programando software y aplicaciones. La empresa que los capacita llevó el programa hasta su municipio. USAID ya está replicando su modelo.

La empresa CASS ha desarrollado un programa con el que capacita a los jóvenes en su misma comunidad. / Foto Por Lissette Monterrosa

Por Karen Molina

Feb 06, 2018- 10:00

Cinco jóvenes de Ciudad Delgado para los que las condiciones de vida no han sido fáciles, están literalmente “cambiando su chip” a través de la programación informática.

Desde un pequeño salón de clases en el Centro de capacitaciones de la Cruz Roja, de ese municipio, los jóvenes han comenzado a desarrollar páginas web y aplicaciones para teléfonos móviles que ya se están exportando hacia Europa, bajo el sello “fair programming” o “programación justa”, un concepto que pretende incluir a jóvenes con talento que viven en zonas de riesgo o que no han tenido oportunidades laborales.

Todo comenzó hace doce años cuando el francés y CEO de Central America Software Service (CASS), Roland Despinoy, pensó en democratizar los beneficios del internet en el país.

¿Por qué esperar a que los jóvenes lleguen a las empresas de tecnología sabiendo todo? ¿Por qué no, mejor, llegar a las comunidades donde ellos viven, capacitarlos y que trabajen desde ahí?

Con esta idea la empresa creó un plan piloto con ayuda de la Cruz Roja salvadoreña y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Hicieron una convocatoria para los jóvenes que quisieran saber más sobre computación y de ese grupo, seleccionaron a los que tenían más potencial.

Al curso se inscribieron varios jóvenes. Muchos no tenían trabajo y otros querían aprender más para conseguir uno. Pero de ellos, cinco fueron seleccionados para comenzar a programar.

Son jóvenes que no conocían nada sobre programación y que ahora están muy cerca de ser contratados por la empresa para trabajar de manera formal. Por ahora son pasantes.

Video:

“Estamos ayudando a los jóvenes en zonas de riesgo a darles mejores oportunidades. Seleccionamos un grupo. Muchos tenían conocimiento cero en programación. Es un reto, pero nuestro objetivo es capacitarlos para que ellos puedan insertarse en el ambiente laboral y tener mejores oportunidades”, dijo Pedro Antonio Mira, quien trabaja en CASS y es el maestro que ha guiado a los cinco jóvenes en el último año.

“Uno de los objetivos de este programa es fomentar los -Centros de Desarrollo de Software (CDS) en los diferentes municipios de este país porque estoy seguro que es un impacto social para combatir la violencia”, agregó.

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La idea es descentralizar los servicios de internet. No es necesario estar en una empresa ubicada en la capital para trabajar como programador. Si se tienen los conocimientos y acceso a internet, se puede trabajar desde cualquier lugar del país.

La Cruz Roja, que trabaja desde 2012 con el proyecto “Promoviendo oportunidades de inclusión social”, ha dado las condiciones para que el plan piloto sea una realidad.

En sus instalaciones de Ciudad Delgado han recibido a unas 3,500 personas a las que les enseñan desde panadería, mecánica y costura, teatro y computación.

Arquímedes Flores, coordinador del programa, afirma que solo en el área de informática, el centro de la Cruz Roja ha capacitado a unos 469 jóvenes de los cuales unos 112 han podido concretizar el acceso a empleo formal.

De ahí fue que salieron los jóvenes que ahora están haciendo programación de software a través de CASS.

“Los jóvenes están cambiando y sus familias y comunidades también”, afirma Flores, quien ha visto en estos proyectos una oportunidad para que el país salga del círculo de violencia y desempleo.

La cifra

3,500 personas

Han sido capacitadas en el centro de proyección de la Cruz Roja en Ciudad Delgado en varias áreas. De ellos 469 reciben clases de informática.

Video:

Replicarlo en todo el país

Pero lo que fue concebido como un plan piloto, está a punto de convertirse en un proyecto nacional.

El modelo “fair programming” de CASS ya fue retomado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que este año abrirá al menos ocho centros de desarrollo de software o CDS en todo el país, con la ayuda de universidades y fundaciones.

La Cámara Salvadoreña de Tecnologías de la Información (CasaTic) ya firmó un convenio con universidades como la Alberto Masferrer y la Universidad de Oriente (Univo) para que sean ellos quienes seleccionen a los jóvenes que formarán parte de un privilegiado grupo. Los centros de desarrollo estarán en las comunidades.

La idea es capacitar a los jóvenes en todas las habilidades tecnológicas para, luego, insertarlos a las empresas que desarrollan servicios informáticos.

El presidente CasaTic, Juan Francisco Martínez, asegura que el país no cuenta con suficientes técnicos en informática, que son ahora más necesarios a medida que el sector servicios aumenta su actividad en el país.

Por eso, cree que programas como los CDS pueden ayudar muchísimo a crear una base de profesionales bien capacitados.

“Para ellos es una oportunidad, una ventana al éxito. Quién no quisiera tener una oportunidad. Con esto tratamos de contribuir a las oportunidades laborales”, reiteró Pedro Mira.

“Ellos lo que quieren es que alguien les tienda la mano y les acerque las oportunidades para seguir estudiando y trabajando”, afirma Mira mientras sus estudiantes siguen tecleando códigos y cambiando “el chip” a su vida.

Gladis Flores, 22 años  

Gladis no quiso limitarse a estudiar solamente su carrera de Economía. Sabía que si aprendía otras cosas, tendría mejores oportunidades laborales, así que decidió inscribirse en el curso de programación que daban en el centro de Cruz Roja. En el proceso, muchas de las otras chicas se retiraron y solo quedó ella junto a otros cuatro jóvenes. “Yo venía completamente a cero. Puse todo de mi parte. Habían otras personas que sabían más que yo, pero sabía que programación me podía servir para mi trabajo”, asegura. “Estos cursos son caros, pero aquí es gratis. Uno solo tiene que invertir tiempo y ganas de aprender”.

Jeffry Díaz, 19 años 

Jeffry Díaz es el más joven del grupo de programadores. Un día llegó al centro de formación de la Cruz Roja, en Ciudad Delgado para aprender de computación. Uno de sus maestros le comentó que pronto abrirían el curso especializado en programación y se apuntó. Estos conocimientos le ayudaron a descubrir que quería estudiar Ingeniería en Sistemas en la universidad, así que se inscribió este año. “Las oportunidades se crean”, dijo.
“Yo me siento seguro que son nuevos retos y nuevos conocimientos. El que no arriesga no gana. Este programa puede ayudar a más jóvenes a integrarse”, aseguró.

José Alexander Aguilar, 26 años  

José Alexander llegó a las instalaciones del centro de oportunidades de Cruz Roja para inscribirse en un curso de mecánica, pero en la clausura del programa se enteró de que abrirían una clase de informática. Es originario de Ahuachapán y vino a San Salvador buscando mejores oportunidades.
Con eso en mente se inscribió en el curso, aún sabiendo que no tenía ningún conocimiento sobre programación. Ahora que participa de este proyecto está más confiado de que pueda encontrar mejores oportunidades. “Quiero llegar a ser alguien en la vida”, resume.

José Cortéz, 30 años 

Aunque cursó una carrera de medicina, no encontró trabajo con facilidad. Durante esos años trabajó de lo que pudo, pero todo era para sobrevivir. Un día se enteró de los cursos de computación y se inscribió para aprender algo nuevo. Uno de sus maestros le habló sobre el proyecto de CASS para programar y se inscribió. “Fue comenzar desde cero”, recuerda. Ahora está programando software que se utilizan en empresas importantes y espera continuar en este rubro, que se ha convertido en su pasión. “Los jóvenes crecen muy negativos ahora, pero sí hay oportunidades. Yo lo he vivido”, afirma.

Wilber Zetino, 33 años

Wilber comenzó estudiando Derecho en la Universidad, pero las necesidades de su hogar le impidieron continuar, así que se dedicó a trabajar como vigilante en el mismo centro de la Cruz Roja en el que ahora estudia programación. “A uno la necesidad lo hace aprender de todo, pero con voluntad de mejorar, todo se puede lograr”, afirma. Por su edad, pensó que era imposible seguir estudiando o encontrar un mejor trabajo, pero la empresa vio su potencial y decidió incluirlo en el grupo. Wilber ahora piensa en grande. “Esto es una gran oportunidad que no quiero desaprovechar”, afirma.

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