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Personas que viven a la vista de todos, deambulan por las calles y se alimentan de basura

Un fotorreportaje revela la falta de interés de parte del Estado para las personas que tienen problemas mentales y pululan en las calles en la intemperie y expuestas al peligro.

Mercedes Hernández, de 50 años, mendigaba en la final 29 calle Oriente y la carretera Troncal del Norte. Cuando recolectaba unas monedas compraba una gaseosa tamaño gigante que luego llevaba a su refugio; un pequeño remolque de fibra de vidrio que le regalaron los dueños de un taller. Foto/Mauricio Cáceres

Por Mauro Arias/Mauricio Cáceres

Dic 02, 2017- 11:19

Se alimentan de basura y duermen en cualquier anden o rincón al aire libre, sin importar la lluvia o el frío, están expuestos al peligro de ser atacados, sobre todo, las mujeres, que son violadas sistemáticamente sin que nadie pueda protegerlas.

Se creen doctores, filósofos, ingenieros, astronautas, diputados, policías. Algunos lo fueron, pero la vida los llevó a un mundo de alucinaciones de donde no volvieron.

Pero están ahí, a la vista de todos. Deambulan por la dura vida de las calles porque no tienen familiares o son precisamente estos los que los han abandonado a su suerte por ser una carga económica o porque son peligrosos para sus prójimos por su comportamiento agresivo.

FOTOS: Historias de mentes en abandono

Alguna vez fueron personas con vida familiar e ingresos, pero el estrés, la depresión y otros factores por alguna razón afectaron a estas personas que hoy se convirtieron en indigentes de las calles.

Hoy no pueden alzar la voz para protestar porque nadie los tomaría en serio, o precisamente por esa razón los funcionarios no los buscan por las calles. No valen, no votan, no existen para muchos.

 

Esta mujer dice llamarse Blanca Estela Andrés, de50 años. Vive en el centro capitalino y duerme en los andenes de la Biblioteca Nacional. De entrada envió un mensaje pidiendo ayuda: ” Díganle al presidente que me ayude, vivo en la calle y aquí me violan, me pegan y me hacen muchas cosas”. Foto/Mauricio Cáceres

Cualquier persona puede perder sus capacidades mentales. Según datos del Ministerio de Salud, en El Salvador se registran cada año 6,600 nuevos casos de trastornos mentales.Es decir, que uno de cada 900 salvadoreños es detectado por el sistema público de salud con algún tipo de psicopatología. No se cuentan a las personas que no buscan, o no se les brinda por distintas razones, ayuda profesional para tratar su salud mental.

Hay casos extremos como el de los salvadoreños que viven discapacitados para poder llevar una vida digna y a quienes las circunstancias los han llevado a vivir en la indigencia hasta el día de su muerte, como si fueran invisibles para las autoridades responsables.

La sociedad está llena de desconocimiento y de prejuicios acerca de las enfermedades mentales. Se cree que son fruto de una brujería, de una maldición, o de un castigo divino hacia los progenitores. También se les considera que son personas “vagas” o faltas de voluntad para hacer frente a la vida.

Le dicen Toñito y tiene más de 30 años de vivir en las calles de Cojutepeque. Recolecta piedras que va acumulando en los lugares que suele permanecer. Vive de la caridad. Foto/Mauricio Cáceres

Pan y chocolate
Pan y Chocolate es un ministerio de la Iglesia del Tabernáculo Bíblico Bautista que atiende a unos 700 a 900 indigentes que viven en las calles desde Colón, Santa Tecla y San Salvador.

Igual que otras iglesias, asumen activamente un papel que de otra manera ningún ente del estado haría. Brindan ayuda Estos altruistas les llevan tres veces a la semana una cena y les hablan de la palabra de Dios.

Entre la gente que el ministerio atiende, un 30 % son personas con enfermedades mentales, según estimaciones de Denys Alexis Ramos, coordinador de Pan y Chocolate.

Cuando encuentran alguno enfermo, sobre todo por afecciones de la piel por falta de higiene personal, los llevan a la clínica de la iglesia siempre y cuando lo permitan voluntariamente. Recuperan aproximadamente unas 12 personas por año. Pero atención en el área de salud mental no la realizan.

“Los problemas de estas personas son obligación de todos, pero principalmente del Gobierno, por medio del Ministerio de Salud. La constitución es clara cuando dice que es deber del Gobierno garantizar la salud de las personas”, declaró Denys Ramos al preguntarle que institución es responsable de ayudar a este tipo de población que vive en las calles.

 

Qué hace la Policía en estos casos
Un agente policial explica cuál es el procedimiento que utilizan en casos de tratar con una persona que está en peligro de hacerse daño a si misma o a otros.

“Nosotros evaluamos el caso y se vemos que es grave, llamamos a los especialistas, para que ellos se encarguen de llevar a la persona a un hospital”.

El oficial agregó que cuando trasladan a un hospital a una de estas personas con lesiones, no son recibidos porque no vienen acompañados de un familiar. “Nos ha tocado ver de qué manera buscamos familiares. Pero si no encontramos a nadie, el hospital termina haciéndose cargo”, manifestó.

Agregó que como policía, su deber es proteger y servir, pero que es el Ministerio de Salud es el que debería velar por estas personas”, dijo refiriéndose a que ellos son los que a menudo reciben llamados de auxilio por parte de la población pero no están bien capacitados para estos casos.

Por su parte, al buscar información en el Isdemu sobre su labor para proteger a mujeres con enfermedades mentales, la respuesta es tajante: “eso no lo vemos aquí, lo ve el Ministerio de Salud, aquí solo atendemos denuncias de maltratos hacia la mujer”. Según testimonios, muchas mujeres indigentes y con problemas mentales que duermen en las calles son maltratadas y violadas. No hay nadie quien las proteja.

Para el Ministerio de Salud y Asistencia Social, los programas para la atención a personas en situación de calle los desarrollan iglesias, ONG o algunas instituciones de Gobierno.

“Nosotros hoy por hoy no tenemos ningún proyecto, ni programa, ni un censo”, dijo Arturo Carranza Rivas, médico psiquiatra, quien es coordinador de la Unidad de Salud Mental del Minsal, refiriéndose a que como institución de Gobierno no han contabilizado cuantas personas con trastornos mentales hay en las calles, no solo de la capital, sino de todo el país.

En la Unidad de Salud Mental trabajan cuatro técnicos de campo, un coordinador y tres administradores, en total ocho personas para los seis millones de salvadoreños. Hacen proyectos de atención de enfermedades en comunidades en las que detectan casos y dan seguimiento para ayudar a los familiares del paciente.

A pesar que esta Unidad cuenta con 29 sucursales especializadas a nivel nacional algunas, dentro de los hospitales, y el Hospital Nacional Psiquiátrico Dr. José Molina Martínez no cuenta con un presupuesto propio para el tema de la salud mental.

Foto Mauro Arias

A “Juana” el estado nunca le ayudó hasta que fue violada
Juana duerme al sol de la mañana luego de pasar una noche lluviosa a la intemperie. Esta mujer que no es capaz de comunicarse con palabras vivía desde hace un año en la colonia Libertad en San Salvador, en las cercanías de la Universidad de El Salvador. Durante ese tiempo su estado físico se iba deteriorando.

Las comerciantes de comida que trabajan en la entrada cuatro de la UES la llamaban Juana para tener un nombre para identificarla. Ellas también le procuraban alimentos cada día. Algunos estudiantes le donan comida y ropa.

Según una de las vendedoras, un cura llegó un día para intentar llevarla a algún albergue, pero no fue posible por que ella se opuso violentamente. Hace unos semanas Juana fue violada durante la noche al lado del portón de entrada a la UES.

Amaneció sangrando profusamente de sus partes íntimas. Las vendedoras llamaron a socorristas que tuvieron que someterla con amarras para poder llevarla al hospital. Ahora está internada en el hospital psiquiátrico donde sus parientes ya la habían buscado con anterioridad y ahora se les pudo contactar. Viven en Zacatecoluca, desde donde Juana de alguna manera se escapó y llegó perdida hasta San Salvador.

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