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FOTOS: El oro y la plata que atesora el Centro Histórico de San Salvador

En estos lugares la elegancia y el glamour son los protagonistas

Carlos Eusebio Mercado de la Joyería Suiza. / Foto Por Francisco Campos.

Por Leidy Puente

Nov 09, 2017- 08:36

Por décadas, el Centro Histórico de San Salvador ha sido conocido por distribuir oro y plata de “la mejor calidad”, destaca Carlos Mercado Ramirios, propietario de joyería y relojería Suiza, una de las más antiguas.

Con 88 años de existir, varias generaciones familiares y una vocación heredada gracias al cariño y la dedicación de Eucebio Mercado, su fundador, el negocio ubicado en la 4 calle oriente N°231, sigue ofreciendo el prestigio de joyas que los ha caracterizado.

En la joyería, que inició a operar en la plaza Zurita, se encuentran aretes, collares, gargantillas, anillos de boda, compromiso, de graduación y los más finos relojes de la zona.

“Algunas parejas guardan los más gratos recuerdos en este lugar, en el que han comprado los anillos de su boda y a partir de esto han unido sus vidas”, comenta uno de los empleados del establecimiento.

Foto/Más/ EDH. Francisco Campos.

El precio de una alhaja depende del precio del oro, el cual no es estable. “Por ejemplo, un anillo de oro se encuentra desde $45.00 en adelante”, destaca Mercado. Un comentario generalizado es que las ventas han bajado.

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Una de las razones, de acuerdo con el propietario, serían las “imitaciones chinas”. “A esto se le suma que los jóvenes ya no les gusta lucir cosas de oro, y prefieren bisutería de otro tipo”, agrega.

Pero este no es el caso de Adrina Suárez, de 18 años, quien está a punto de graduarse de bachillerato y ansiosa esperaba su anillo.

“Es una tradición el anillo de graduación. A mí sí me gusta aunque no lo ocupe siempre, solo en fiestas familiares. Además, es un regalo de mis papás”, comenta.

El padre de la joven agregó que es partidario de comprar en las joyerías del centro, porque es más económico y venden joyas “bonitas y bien hechas”. “Yo no tengo dinero, pero tengo oro en mis manos” , dice con una sonrisa en el rostro.

Foto/Más/ EDH. Francisco Campos.

Por años, el proceso de fabricación de las joyas Suiza, ha sido artesanal, sin embargo las nuevas tecnologías los han obligado a renovarse. Actualmente, utilizan impresoras 3D para fabricar cada diseño.

Asimismo, para continuar con la tradición del negocio familiar, sus dos hijos, ayudan a Mercado en el negocio.

Erick Mercado y Carlos Mercado de la joyería Suiza.Foto/Más/ EDH. Francisco Campos.

Joyería Laureana

En el Centro Histórico también se encuentra la joyería Laureana, llamada originalmente El Diamante. Fue fundada en Santa Ana, hace 71 años por Jorge Salazar Pineda.

En 1970, el negocio fue trasladado al centro de San Salvador, donde permanece hasta hoy. Ofrecen variedad de joyas, piedras y herramientas para los joyeros.

Detrás de las vitrinas y mostradores de el pequeño negocio se encuentra el alma de la joyería: el taller. Lugar en el que aún se conserva el trabajo de joyas artesanales.

Allí, todo parece desordenado, pero los joyeros que ahí trabajan sabe muy bien dónde está cada herramienta y cada pieza.

Francisco Martínez, yerno del fundador, asegura que ser joyero es un oficio que se aprende poco a poco y que uno de los principales requisitos es la paciencia. Esto porque cada detalle de una joya requiere de un trabajo minucioso.

Francisco Martinez de la Joyeria Laurana junto al fundador.
Foto/Más/ EDH. Francisco Campos.

Martínez explica que el diseño lo hacen primero en un molde. Estas se elaboran en cera y se consiguen fácilmente en el mercado.

Con orgullo explica cuál es el proceso artesanal de elaboración de joyas.

Primero, compra el oro en barras tras verificar su calidad. Luego el material es pasado por una laminadora.“Mientras más quilataje tenga el oro, es más suave” explica.

Durante el proceso de estiramiento, el oro se endurece poco a poco, por lo que el joyero debe volver a cocerlo para que mantenga su suavidad. Esto se hace exponiendo el metal precioso al fuego, hasta que llegue al rojo vivo. Una vez estirado, se lima, se corta con una pequeña sierra y se suelda de acuerdo con la forma que se quiera dar a la joya.

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Al poner el oro en el fuego se hace negro, por lo que, finalizado el proceso.

Se coloca la joya nuevamente al fuego y después se la pone en un ácido especial que la blanquea. Después se pule y se abrillanta la alhaja para que quede lista.

Aunque, según Martínez los robos han perjudicado a las joyerías, debido a que “nadie quiere ponerse un arete o un anillo de oro en la calle porque se los roban” asegura que el oro y la plata seguirá por muchos años en el centro histórico.

Alvaro y Edwin Vasquez orfebres de la joyeria Laurana. Foto/Más/ EDH. Francisco Campos.

Tags Centro Capitalino Joyas Oro Plata

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