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La historia de la familia que cayó en hoyo frente a Sertracen hace un año

Él, su esposa y sus dos niños estuvieron en peligro de muerte al caer el socavón en el bulevar Tutunichapa. En medio de la desgracia, no tuvieron respuesta oportuna de las instituciones por los daños físicos y materiales que sufrieron.

El percance fue registrado en el bulevar Tutunichapa, en San Salvador.

Por Diana Escalante- Óscar Iraheta

Jul 07, 2017- 07:40

Este 7 de julio, Marlon y Claudia recuerdan aliviados que están vivos de “milagro”, pues hace un año pudieron haber tenido un trágico final junto con sus dos hijos.

Marlon -quien desde hace más de un década ha servido a la población en el Cuerpo de Bomberos y se ha caracterizado por desempeñar un trabajo diligente en la Unidad de Comunicaciones- iba manejando su vehículo mientras que su esposa e hijos (de 2 y 7 años) viajaban en la parte trasera.

Era de noche y recién había cesado una tormenta sobre San Salvador. La familia aprovechó esa pausa para salir de un negocio de comida y se dirigieron a casa.

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Cuando circulaban sobre el bulevar Tutunichapa, frente a Sertracen, pasó lo inesperado: el carro se hundió en una cárcava que dos días después el Fondo de Conservación Vial (Fovial) informó que tenía 11 metros de profundidad y cuatro de ancho.

Segundos después de haber quedado atrapados, el automotor que iba detrás de ellos les cayó encima.

Desde ese instante, la familia empezó a vivir momentos de angustia y a lidiar con una serie de trámites burocráticos que por poco hicieron que el bombero terminara en prisión, pese a que había sido víctima de un infortunio.

Los esposos asumieron que el vehículo se había detenido en un bache (no imaginaban la dimensión del agujero), eso estaban comentando cuando sintieron que se tambaleó y simultáneamente vieron el parabrisas hacerse pedazos.

De inmediato, Marlon sintió presionado el pecho contra el timón y se le dificultaba respirar. Claudia también estaba golpeada y pasó varios minutos sin poder hablar ni emitir ningún quejido.

Héroe rescata a menores atrapados en cárcava Tutunichapa

La hija de la pareja lloraba y el niño, tras el impacto, se había soltado de los brazos de su madre. Estaba sangrando del cuello y yacía inconsciente cerca de la caja de velocidades.

“Yo pensé que se había muerto”, relata sereno el comunicador, mientras su cónyuge no puede evitar llorar al recordar la escena.

El bombero abrió la puerta y fue entonces que se percató de que el vehículo estaba suspendido en el aire. Al instante, Roberto y Kevin, dos automovilistas que presenciaron el hecho, se acercaron a ayudarles, pero en el intento uno de ellos cayó dentro del agujero.

Tres percances han ocurrido en el mismo lugar desde mayo de 2005.

Había una distancia de un metro y medio aproximadamente entre el vehículo y el borde de la cárcava. Como pudo, Marlon le entregó al niño a Roberto y le pidió que se lo llevara a un hospital.

Después hizo lo mismo con su hija, quien aparentemente no tenía lesiones pero estaba alterada y no paraba de repetir: “Papá Chus, cuídanos”.

Cuando los esposos lograron salir, el instinto de ayuda del bombero (quien estaba batallando con su propios dolores) lo hizo dirigirse a la orilla del hoyo para tratar de rescatar a Kevin. No logró hacerlo.

Para cuando llegaron los primeros socorristas al lugar aquello era un caos. Fue hasta entonces que Marlon reparó en que no sabía nada de su hija y empezó a buscarla desesperado.

Imágenes de la gigante cárcava en el bulevar Tutunichapa

Varios minutos después, una mujer se le acercó a decirle que ella la tenía en su vehículo. Él la encontró llorando desconsolada y contándoles a otros niños que había perdido a su familia.

El bombero se acercó a los policías de la División de Tránsito para pedirles de favor que lo llevaran al hospital para saber de su hijo, pero la respuesta que encontró no fue oportuna. Le dijeron que esperara porque antes debían pedir autorización.

Fue con ayuda de algunos socorristas con los que en varias ocasiones ha trabajado atendiendo emergencias que él pudo llegar al hospital. Ahí le dijeron que el niño estaba grave, pues tenía un edema cerebral. A su vez, Claudia tuvo que ser ingresada en el Seguro Social.

Firma lo libró de ir a prisión

Como si los problemas de esta familia no eran ya suficientes, casi a la medianoche, unos agentes llegaron al hospital cuando Marlon estaba siendo examinado por un médico.

Le dijeron que se lo llevarían arrestado, a menos de que su esposa les firmara un documento donde explicara que no se sentía ofendida por las lesiones de ella y las de los niños.

Marlon se dirigió al área donde Claudia estaba ingresada. Debido a su estado de salud, ella solo alcanzó a hacer un garabato en el acta policial para librarlo de ir a prisión.

Las malas noticias siguieron. El padre del bombero estaba en la escena del accidente y el carro seguía empotrado en la cárcava.

Cuando las autoridades terminaron de hacer la inspección, unos empleados del Ministerio de Obras Públicas (MOP) le pidieron al señor que se lo llevara y le recomendaron hacer trato con el encargado de una grúa que estaba ahí. Le cobraba 350 dólares por sacar y remolcar el automotor.

El vehículo en que viajaban Marlon y sus hijos quedó atrapado en un socavón que se abrió tras una tormenta.

El pariente de Marlon entró en conflicto con el personal de la institución, a quien le hizo ver que el carro había quedado inservible, por lo que no estaba dispuesto a pagar esa cantidad para recuperarlo.

“Por este carro lo más que me dan ahorita son cien dólares, no sirve, se acabó. Si no ahí que les quede, de todos modos ustedes necesitan sacarlo para trabajar”, recriminó el señor a los delegados del MOP.

Al ver la renuencia del hombre, una de las delegadas hizo unas llamadas telefónicas y luego le explicó al señor que la institución pagaría el servicio de la grúa.

El vehículo pasó varios días en la cochera de las víctimas. Cuando un valuador lo vio les dijo que la reparación costaría más que el valor que tenía y por eso decidieron llevarlo a una huesera. Nadie les respondió económicamente por eso.

A un año del trágico accidente, los esposos hablan de ello como una “historia de vida” que les ha dejado cicatrices físicas y emocionales.

El niño, quien peleó por su vida durante nueve días, aún se pone inquieto cuando está cerca de médicos o enfermeras. Su hermana y su madre no pueden evitar sentir miedo cuando pasan sobre un bache o tener un mal recuerdo cuando transitan sobre el bulevar donde ocurrió el percance.

Mientras que Marlon aún debe asistir a las terapias físicas que le indicaron los médicos tras resultar lesionado en la columna.

Los detalles de lo que pasó ese día, la pareja los guarda en un álbum de recortes de periódicos y fotografías que les compartieron bomberos y socorristas que llegaron a la escena.

Tras la amarga experiencia, el bombero asegura que valora más el amor de su familia y la solidaridad de sus colegas, quienes desde que se enteraron del hecho no dejaron de brindarle su apoyo y acompañamiento.

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