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La guerra entre vigilantes y pandilleros por el control del centro de San Salvador

El Mercado Central, el Sagrado Corazón y zonas aledañas los mantienen enfrentados

Por Focus

Jun 08, 2017- 07:00

En medio del caos y el bullicio del centro de San Salvador, se libra una guerra entre grupos de pandilleros y de vigilantes que pasa desapercibida para la mayoría de la población . El motivo: el control territorial para garantizar el ingreso de dinero.

Unos lo hacen a través de la “renta”, la extorsión; los otros, por medio de pagos diarios para garantizarle a los comerciantes protección ante la delincuencia, es decir, servicios de vigilancia.

De esa manera, el mapa está distribuido de tal forma que en algunos puntos los ingresos de dinero no sólo están asegurados, sino que son mayores.

Un vigilante asignado a la zona de los mercados Sagrado Corazón y Central lo describe así: “En tres meses que estuve en una zona buena, recogí el dinero para hacer mi casa”.

A pesar de los beneficios, el vigilante – un ex militar – reconoce que el riesgo ha aumentado en los últimos tres años, debido al enfrentamiento con los pandilleros.

Una zona en disputa (con doble control) es donde están las grandes ventas de granos básicos (maíz, frijol, arroz…) y de ventas de llantas para automotores, al norponiente del Mercado Central. Los dueños de esos negocios pagan por seguridad y pagan extorsión, grandes sumas, a la Mara Salvatrucha (la MS-13), a miembros de la clica Centrales Locos Salvatruchos.

Lo mismo ocurre con los vendedores del mercado Sagrado Corazón -aledaño al mercado Central- donde un puesto de  bisutería debe pagar cincuenta centavos o un dólar cada día como cuota de “vigilancia”, pero cada sábado también debe entregar cinco dólares en concepto de “renta” a grupos de pandillas a cambio de no atentar contra la vida del comerciante o de sus empleados.

Y la misma persona que pasa cobrando el pago de la “vigilancia” es, casi siempre, quien también recolecta el pago de las extorsiones, aseguran diversas fuentes de elsalvador.com.

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El negocio de la vigilancia es apetecido, si se toma en cuenta que a un vigilante de una empresa privada le pagan de entre 100 y 125 dólares quincenales, mientras que quienes vigilan los mercados o las calles ocupadas como tal podrían hacerse un sueldo cuatro o cinco veces más.

En el caso de las pandillas, recoger la extorsión en esos lugares no implica mayor riesgo, a pesar de que todos los vendedores y vigilantes auténticos saben cuándo, a qué hora y quién va a pasar por el dinero. Y los policías asignados a proteger a los vendedores, también lo saben.

0.25, 0.50, un dólar…

En la zona en donde el pasado 15 de marzo ocurrió una balacera en la que seis personas murieron ese mismo día y una más murió una semana después, entre éstos dos vigilantes y cinco presuntos miembros de la MS-13, operan la pandilla 18 del ala revolucionaria y la clica Centrales Locos Salvatruchos.

En la zona considerada bajo control por la 18R hay vigilancia por parte de Avimce (Asociación de Vigilantes de Mercados y Centros Comerciales), que cada día y cada noche desplaza a decenas de sus miembros para la custodia en el Interior del Mercado Central y de algunas calles inmediatas a éste que son ocupadas como mercado, según lo explicó Salvador Hernández Pineda, representante legal de ese conglomerado de vigilantes.

Avimce tiene 176 socios y entre todos son responsables de la seguridad al interior de los mercados Central, San Miguelito, Modelo y de varios tramos de calles y avenidas inmediatas a los mercados Central y Sagrado Corazón.

Los vigilantes de Avimce no reciben un salario como tal de parte de la asociación, si no que son ellos mismos quienes recogen su paga diariamente de lo que cada vendedor les aporta. No hay una tarifa establecida en algún contrato de servicio o algún reglamento, sino que la cantidad que pagan es casi un acuerdo tácito entre vigilantes y vendedores.

 

Por ejemplo, una persona que sólo tenga un canasto o una carretilla con mercadería, cualquiera, sólo les entrega 25 centavos de dólar; quienes tienen un puesto formal, es decir, estacionario, pagan 50 o 75 centavos; la persona que tiene uno o más puestos y que deja mercadería en los mismos, les da un dólar o un dólar con 25 centavos.

Todo lo que el vigilante recoge es su salario diario. “Nosotros lo recogemos del vendedor. Eso es de nosotros. De todo eso, solo entregamos una cuota mensual de 78 dólares, de la cual la Asociación paga una cuota de radiocomunicación, porque andamos uno para comunicarnos entre todos, y el Seguro Social”, afirmó un hombre, cuya edad ronda los 50 años y que es veterano del conflicto armado.

Además del Seguro Social, un socio de Avimce paga un seguro de vida. El resto de lo que recoge es de cada vigilante, quienes trabajan turnos de 24 horas y descansan otras 24.
Hernández Pineda, presidente de Avimce, confirmó lo dicho por sus compañeros: cada cual cobra a cada vendedor y ese es su sueldo. Pero en suma, entre los 176 socios que aportan 78 dólares mensuales, a las arcas de la asociación llegan mensualmente una suma de poco más de 13 mil 500 dólares.

¿Pero cuánto le queda libre, mensualmente a un vigilante de Avimce?
“Yo estoy sacando aproximadamente 550, 600 dólares; no es estable. A veces lo menos que se saca al mes son 400 dólares libres, ya pagando la cuota mensual a la asociación”, afirmó otro socio de Avimce.

Además del interior del mercado Central, los vigilantes de Avimce custodian a los vendedores de la 9a. avenida Sur, parte de la 7a. avenida Sur, parte de la 4a. calle Poniente, parte de la Calle Arce y varias cuadras de la 5a. avenida Sur.

Crímenes de vendedores
Las noticias informan muchas veces sobre asesinatos de vendedores, mujeres y hombres, en los alrededores del mercado Central o Sagrado Corazón. De acuerdo con las fuentes, allí no matan sin razón.

Muchas vendedoras son asesinados por miembros de pandillas porque a veces se quedan con el dinero de las extorsiones o sospechan que están siendo desleales a la agrupación criminal.
Por eso mataron a una mujer nicaragüense a principios del 2016. Era colaboradora de la MS-13, indican los informantes.

En las lista también se incluyen a supuestos líderes de vendedores callejeros, comerciantes, colaboradores.

Todos víctima de un complejo sistema de protecciones, sospechas y traiciones.

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