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FOTOS y VIDEO: Un viaje en el tiempo, las historias del último maquinista de El Salvador

En 2002 fueron cerradas por completo las estaciones de ferrocarril en el país.

Estación de ferrocarril en Chalchuapa, Santa Ana

Estación de ferrocarril en Chalchuapa, Santa Ana, 1934

/ Foto Por CEPA

Por Nancy Hernández

May 18, 2017- 15:20

En El Salvador es casi un sueño viajar en un tren, así como lo fue hace más de 135 años cuando el 28 de marzo de 1882 llegó al país la primera locomotora de vapor, que desembarcó en el Puerto de Acajutla después de hacer un largo viaje desde Inglaterra.

Ahora hay miles de esqueletos de hierro y otros de madera abandonadas en estaciones del Occidente y Oriente del país en los puntos que alguna vez fueron estaciones de ferrocarril.

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Sin embargo, en la actualidad la emoción se apodera de niños y adultos cuando la locomotora 862 enciende su motor para iniciar un recorrido de aproximadamente 25 minutos al interior del Museo del Ferrocarril y parque temático de Cepa ubicado en San Salvador.

Durante el recorrido se escucha el típico “chu chu” del pito de la locomotora y a los costados se observan vagones viejos de los trenes que funcionaron en la época del apogeo del ferrocarril.

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En ese tiempo, donde el tren era el medio de transporte más rápido del país, ser maquinista era todo un sueño para los niños, según Rafael Aguilar, el único maquinista activo que queda en el país. Él tiene 60 años de edad y en noviembre próximo cumple 40 años de haber iniciado su oficio como conductor de tren.

“A mí me fascinaban los trenes, me crié en el cantón Mira Flores (San Miguel) donde estaba una estación grandísima de ferrocarril y la vía del tren pasaba como a 35 metros de la casa de mi abuela. Cuando los veía yo decía que un día iba a pasar en uno, mi sueño era decirle adiós a mi abuela desde el tren”, comentó Rafael con una sonrisa nostálgica en su rostro.

Ese pensamiento tan anhelado se cumplió en 1978 cuando realizó su primer viaje en un tren de pasajeros desde San Salvador hasta puerto El Cutuco, situado en el departamento de La Unión. Aseguró que el viaje lo hizo en la máquina N° 8 y tardó ocho horas y cuatro minutos.

“Fue tan emocionante ese momento y cuando pasé frente a la casa de mi abuela levante la mano y pude decirle adiós a ella y a los muchachos que habían crecido conmigo”, cuenta.

Las personas que conocen a Rafael también lo llaman “Don Lito” de cariño. Él ha dedicado casi toda su vida a su labor de maquinista, ahora de martes a domingo está de ocho de la mañana a cinco de la tarde en el Museo del Ferrocarril para poder operar la locomotora 862.

En 2007 por el alza al precio de los combustibles se reactivo el ferrocarril, haciendo el recorrido desde San Salvador hacia Apopa.

La locomotora 862

En el Museo del Ferrocarril solamente hay dos locomotoras de vapor, las más antiguas, y nueve locomotoras Diésel.

Las máquinas electro – diésel sustituyeron a las locomotoras de vapor y fueron traídas desde Filadelfia, Estado Unidos, en 1925.

La locomotora 862 que funciona actualmente es marca General Motors y fue traída al país el 12 de diciembre de 1965, esta pesa 64 toneladas según don Lito. Asegura que a diario hacen cerca de 10 viajes, dependiendo de la afluencia de visitantes y cada vagón tiene capacidad para 74 personas.

En este lugar también se encuentran carros motores que eran complementos del tren de carga, carros campamentos donde se transportaban los empleados. También hay tres clases de coches que eran utilizados para pasajeros, los de tercera, segunda y primera clase.

Los vagones de la tercera clase era más barato y tenía menos comodidades. Mientras que el de segunda clase es un poco más caro, asientos más cómodos y baños similares a los de la primera clase.

El tercer tipo es el vagón presidencial, el cual era exclusivo para el presidente, su gabinete y embajadores. Entre las características de este coche está una sala externa, ubicada en la entrada del coche, asientos, un pequeño bar, ventiladores y baños. Este coche también era conocido como Cuscatlán y en este viajó el presidente Maximiliano Hernández Martínez y Arturo Molina.

Según Verónica Ama, guía del Museo, este es el único lugar donde se puede apreciar el coche presidencial. Aseguró que antes el museo era conocido como una estación de Fenadesal y eran las instalaciones de la compañía ferrocarilera de Estados Unidos.

Sin embargo, aseguró que el ferrocaril empezó con una compañía inglesa. El primer viaje se realizó desde Acajutla hasta Sonsonate.

Una vida en el caballo de hierro

Don Lito asegura que ha disfrutado los casi 40 años que lleva como maquinista, pero también manifestó que tuvo experiencias difíciles sobre los rieles, sobre todo en la época del conflicto armado.

Entre las amargas experiencias que este oficio ha dejado en la memoria de don Tito está una lesión en su pierna derecha, causada en la época que marcó el inició de la guerra civil, ya que en ese tiempo los trenes de carga y pasajeros se volvían un punto de ataque para los guerrilleros. Aseguró que en ese ataque murieron todos sus compañeros y él se salvó porque corrió a esconderse detrás de una pila, pero no logró esquivar las balas. Cuando despertó, se encontró en el vagón del tren con cadáveres a su alrededor.

Don Tito recuerda que cuando ocurrió ese incidente iban de camino para San Miguel, en el trayecto él se había bajado a comprar tamales, café y pan para desayunar. En ese viaje él no iba como conductor, sino como “brequero”.

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“El maquinista y sus ayudantes casi me rogaron para que comiera, pero yo sentí un presentimiento y no comí tranquilo. Cuando terminé de comer, al inicio de un puente vi que estaba una mujer con un pañuelo rojo en la mano y de repente una bala atravesó la cabeza del maquinista”, relató.

Aseguró que esa escena no la olvida porque su compañero cayó sobre el pecho de él y causó que el tren se descarrilara. En ese viaje murieron 30 soldados y el maquinista. Él sobrevivió porque se tiró del tren, pero no se libró de las tres balas que fracturaron su pierna derecha.

Después de eso quedó inconsciente, despertó cuando estaba siendo trasladado al hospital de Usulután. Manifestó que la guerra civil del país fue el periodo más duro de su trabajo porque siempre tenían el temor de ser asaltados e incluso perder la vida.

Familia de ferrocarrileros 

Don Lito, cree que la pasión por las locomotoras la traía en su sangre, puesto que su abuelo inició su carrera como ferrocarrilero un 16 de noviembre de 1916, en este año fue contratado como “brequero”, su función  era caminar sobre los vagones de los trenes verificando que todo funcionara con normalidad, un año más tarde fue caporal de villa y era el encargado de dar mantenimiento a los rieles. Después fue maquinista, hasta que murió ejerciendo su trabajo.

“Mi abuelo ganaba un colón por su trabajo, pero él falleció aquí dentro de los labores en 1935, en aquellos tiempo había una enfermedad que le llamaban la malaria, según cuenta mi abuela”, dijo.

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La herencia del oficio la recibió un hijo de él, quien también lleva por nombre Rafael Aguilar y es tío de don Lito, él inició su trabajo en 1956 y trabajó hasta 1996 como maquinista, ya cuando tenía la edad para jubilarse.

Don Lito asegura que fue su tío quien lo ayudó a cumplir su sueño, pues gracias a él fue contratado como “brequero” en 1977.

“Por casualidades de la vida yo ingrese el 16 de noviembre de 1977 y mi abuelo había ingresado un 16 de noviembre pero de 1916”, comentó Rafael.

Además, su abuela era la persona encargada de dar alimentación a los trabajadores de las vías.

La nostalgia del ayer

La tradición de ser maquinistas terminará con don Lito, pues ahora el transporte va desde un vehículo personal hasta los autobuses con aire acondicionado y pantallas para ver una película en el camino. No obstante, él no pierde las esperanzas que algún día se reactive un servicio más moderno de ferrocarriles en el país y ha pedido a sus hijos que impulsen o participen en proyectos que tengan esta iniciativa.

“Le digo a mis hijos que el día que ellos puedan hacer algo por el ferrocarril y que puedan ser parte de un proyecto de nación para que vuelva a funcionar en nuestro país que lo hagan. El ferrocarril no arruina mucho las carreteras, no contamina el medio ambiente y los precios son mucho más baratos. El ferrocarril definitivamente es una opción”, dijo.

Rafael lamenta que el “caballos de metal” haya quedado en el olvido y ahora solamente funcione la locomotora 862 para hacer recorridos al interior del Museo del Ferrocarril.

“Si yo volviera a nacer, volvería a ser maquinista. Es un trabajo bien bonito a veces de sacrificio pero me ha permitido educar a mis hijos y sacarlos adelante”, dijo.

Aseguró que él recuerda con nostalgia los recorridos que hacía a lo largo del país, ver a los niños cuando dejaban de jugar para ver pasar el tren. Manifestó que recuerda que como maquinista conoció muchos lugares “algunos parecían estar en el abandono” porque no había gente, pero el tren tenía que pasar por ahí.

Don Lito asegura que en la actualidad solo le queda recordar todos sus viajes, contar sus experiencias y esperar a que su cuerpo no pueda más para también abandonar la locomotora 862.

Sin embargo, dice estar dispuesto a enseñar a jóvenes a entender los controles del tren para que cuando él no esté haya alguien que sigan haciendo realidad el sueño de niños y adultos de hacer un viaje en el tiempo y hacer un recorrido en el tren por 25 minutos a 25 kilómetros por hora.

En el país las estaciones ferroviarias fueron cerradas en 2002 a nivel nacional y el último viaje en las vías fue en 2007 desde San Salvador hacia Apopa.

El tren de FENADESAl a su llegada a la estación ubicada en Apopa

Tags Ferrocarril

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