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Terremotos y erupciones en la Provincia de San Salvador del siglo XVIII

Los fenómenos terrestres, tanto sísmicos como eruptivos, eran vistos en la Alcaldía Mayor de Sonsonate y en la Provincia e Intendencia de San Salvador como “castigos divinos” por los delitos, crímenes y actos impíos cometidos por sus habitantes.

“Ruinas de Izalco”, óleo sobre tela pintado hacia 1908 por el educador, pintor, gremialista y escritor Juan José Laínez Castillo (San Vicente, 1868-San Salvador, 1937). En la actualidad, este cuadro de 149 por 232 cm pertenece a la Colección Nacional de Pintura y se exhibe en la Residencia Presidencial. Fotografía cortesía de la Sala Nacional de Exposiciones “Salarrué”, Secretaría de Cultura de la Presidencia de la República.

Por Carlos Cañas Dinarte / colaborador/ efemeridesSV@gmail.com

May 06, 2017- 20:00

Doce años después de que un fuerte temblor de tierra arruinara a la ciudad de San Salvador, el 5 de marzo de 1719 comenzó una serie sísmica de más de 150 temblores, que alarmaron a las poblaciones de Sonsonate y San Salvador, que prefirieron dormir en los patios y plazas, mientras sobre sus cabezas se desarrollaba un eclipse lunar.

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Aún no finalizaba ese espectáculo celeste cuando, a las 01:00 horas del lunes 6, un terremoto por subducción y de una probable magnitud 7.0 grados Richter causó la destrucción en San Vicente, San Salvador, Cojutepeque y Sonsonate, a la vez que dejó grandes grietas en diversos puntos de los alrededores.

En la urbe san salvadoreña, el movimiento terráqueo provocó la muerte de siete personas, mientras que en la vicentina Apastepeque pereció el maestro de coro del templo católico local.

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En Cojutepeque, los afligidos moradores fueron asistidos por el fraile Tomás Serrano (¿?-1731), quien no dejó ninguna casa sin visitar y sin suministrarles apoyo espiritual y consuelo ante el pavor social desatado.

A menos que nuevas investigaciones revelen lo contrario, se puede decir que el suelo volvió a su actividad sísmica normal hasta que, en una fecha indeterminada de 1730, otro poderoso terremoto volvió a dejar en ruinas a la ciudad de San Salvador. Tres años más tarde, en mayo de 1733, largas series de temblores causaron alarma en la zona occidental del país, donde resultaron con daños de consideración muchas residencias y los templos de La Trinidad (Sonsonate) y Dolores (Izalco).

El 5 de mayo de 1736, otro fuerte sismo arruinó buena parte de las casas y templos de Panchimalco y San Francisco Chinameca.

Doce años más tarde, el 13 de mayo de 1748, un destructor megasismo de origen volcánico, con una probable magnitud de 6.4 grados Richter, causó daños graves en casas de la zona central del país, donde también resultaron arruinados los templos de San Juan (Cojutepeque), Olocuilta y Aculhuaca (ahora parte de Ciudad Delgado).

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En marzo de 1765, violentas series de sismos precursores sembraron el pánico entre la población de San Salvador, la que se ve forzada a dormir en campos abiertos y en los patios de las casas. Ese enjambre telúrico culminó el 14 de abril, cuando varios temblores sembraron de ruinas a Ilopango, San Cristóbal, San Martín, San Pedro Perulapán, San Bartolomé Perulapía y Cojutepeque, aunque también causaron severos daños en edificaciones privadas, públicas y religiosas de Izalco y Caluco. De forma empírica, el foco de conmoción o epicentro fue situado en las alturas de los Texacuangos, en los alrededores del lago de Ilopango.

En febrero de 1770, el morro o ausol de Izalco, que había estado en continua actividad fumarólica desde el siglo XVI, comenzó a hacer erupción y no se detendría durante los siguientes 200 años. En todo ese tiempo, sus temblores, bombas piroclásticas, desgasificaciones y emanaciones de magma se ensañarían con los poblados y cultivos cercanos.

Tres años después, el 29 de julio de 1773, el llamado “terremoto de Santa Marta” destruyó por completo a la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala (más conocida como Antigua Guatemala) y obligó a su traslado a la Nueva Guatemala de la Asunción, su ubicación hasta la fecha. En El Salvador, ese mismo terremoto arruinó en su totalidad a los templos coloniales de Tacuba, Caluco y Asunción Izalco.

Pasaron tres años más, hasta que el 30 de mayo de 1776, la capital de la Provincia de San Salvador fue devastada por un violento terremoto, originado por la fosa de subducción, que destrozó el templo de Dolores Izalco y causó más daños en Sonsonate y en otros puntos del Reino de Guatemala. Cálculos posteriores han estimado la magnitud de ese terremoto en 7.5 grados Richter.

A las 14:30 horas del 29 de noviembre de 1783, un terremoto causó gran destrucción en la entonces villa de San Vicente de Austria y Lorenzana. Fueron demolidas la Iglesia Parroquial y gran cantidad de casas. Las pérdidas materiales fueron calculadas por las autoridades edilicias en poco más de 45 mil pesos.

Cuatro años después, desde las 20:00 horas del 21 hasta el día 23 de septiembre de 1787, la localidad oriental de San Miguel se vio sometida a los vaivenes de la tierra, originados en una masiva erupción del volcán cercano, lo que sumió en el terror a los pobladores de la zona. José Antonio de Andrade dirigió un detallado informe del suceso a José Antonio Ortiz de la Peña, Intendente de San Salvador.

El 29 de marzo de 1793, una poderosa erupción del volcán Izalco causó un terremoto en las regiones circundantes.

Las actividades eruptivas del Izalco y del cráter principal del edificio volcánico sansalvadoreño fueron estudiadas y registradas en dos ascensiones y visitas científicas desarrolladas por el insigne naturalista novohispano José Mariano Mociño (Real de Minas, 1757-Barcelona, 1820) y por su coterráneo Vicente de la Cerda, pintor y dibujante de la Expedición Botánica de Nueva España.

San Salvador, Antiguo Cuscatlán, San Sebastián, San Antonio Soyapango y muchos pueblos más fueron arruinados por dos grandes movimientos de tierra, ocurrido uno a las 14:15 horas del 3 de febrero de 1798 (llamado “el terremoto de Candelaria”) y otro a las 15:00 horas del 9 de ese mismo mes y año.

Ambos eventos causaron la destrucción de cientos de casas de adobe y tejas, la de la inacabada Iglesia Parroquial de San Salvador y provocaron la muerte de una decena de personas. Con probables magnitudes de 6.2 grados Richter, el epicentro de ambos sismos fue localizado en un antiguo cráter de explosión del volcán de San Salvador, ocupado por una laguna que fue desecada artificialmente por familias alemanas, entre 1868 y 1912, para dar paso al actual complejo industrial llamado Plan de La Laguna.

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