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Miedo y soledad reinan en El Copinol tras matanza

Autoridades y lugareños creen que pandilleros mataron a víctimas para adueñarse de cultivos

Un policía custodia la casa donde habitaban dos de las víctimas, en el cantón El Copinol, Zacatecoluca. Foto EDH / Douglas Urquilla
Un policía custodia la casa donde habitaban dos de las víctimas, en el cantón El Copinol, Zacatecoluca. Foto EDH / Douglas Urquilla

Por Diana Escalante Óscar Iraheta sucesos@eldiariodehoy.com

May 07, 2013- 19:00

A sus 96 años, José Cándido Escobar Aquino aún trabajaba la tierra. Tenía buena mano para sembrar, relatan sus amigos. La manzana de tierra que cultivaba en la hacienda Siete Joyas, del cantón El Copinol, en Zacatecoluca, La Paz, era admirada por todos; sin embargo, poco se lucraba de su cosecha, ya que parte de ella se la robaban los delincuentes de la zona.

Al anciano le gustaba mucho la soledad, era un hombre de pocas palabras y aunque tenía un semblante serio nunca se opuso a las exigencias de ladrones y pandilleros que llegaban a robarle el producto de su trabajo.

Pero para los delincuentes eso no fue suficiente. Supuestos pandilleros del Barrio 18 lo asesinaron con lujo de barbarie entre el viernes y sábado pasado, y lo mismo hicieron con su hijo, con su nieto y con su nuera.

El cadáver del anciano fue localizado el lunes cerca de su casa, mientras que los de su hijo José Neri Escobar Ventura, de 45; su nieto Héctor Moisés Escobar, de 28, y su nuera Francisca Margarita Villalobos, de 42, fueron descubiertos semienterrados ayer, a unos 600 metros de distancia uno de otro.

Una fuente policial aseguró a El Diario de Hoy que preliminarmente no se podía establecer cuánto tiempo llevaban de muertas las víctimas ni cómo las mataron, aunque sostuvo que habían indicios de que al menos a una la habían calcinado.

La masacre ha enlutado a los lugareños, quienes al igual que las autoridades no tienen certeza del porqué mataron a sus vecinos; solo han escuchado rumores.

Ayer, desde temprano, decenas de señores y jóvenes llegaron en dos camiones hasta la hacienda para unirse a la búsqueda de los tres cuerpos.

Para el mediodía ya los habían localizado; luego se marcharon para que las autoridades hicieran los reconocimientos forenses. Se negaron a brindar declaraciones.

Fue hasta ese momento que se le permitió a los medios de comunicación entrar al perímetro donde fue perpetrada la masacre.

En el lugar, los delegados de la Policía y de la Fiscalía guardaban silencio, pero, ante la insistencia de los periodistas, un inspector policial aseguró que con estas cuatro muertes la cifra de homicidios en La Paz se elevaba a nueve en los primeros cinco días de mayo.

El jefe policial no descartó ni confirmó la hipótesis de algunos pobladores sobre que el lunes afirmaron que la matanza la cometieron cuatro sujetos apodados “Los Netos” y un pandillero conocido como “El Chele Hit”, quienes asedian a los pocos lugareños.

El inspector calificó el cuádruple asesinato como “la cifra negra de la zona”, porque, según él, por tratarse de un lugar solitario y retirado del caserío y del centro de la ciudad no suelen registrarse hechos delictivos y mucho menos sucesos de esta naturaleza.

Pareja haría negocio

El silencio que las autoridades guardaban ayer al mediodía en la escena de la masacre contrastaba con los incesantes ladridos de dos perros que cuidaban las casas de las víctimas.

La humilde choza donde se alojaban Héctor Moisés y su pareja Francisca Margarita cuando llegaban al cantón El Copinol a preparar el carbón que vendían estaba desordenado. Una red cargada con el producto, un perol, unas sillas viejas y un perro es lo único que habían dejado los parientes de las víctimas tras saber que habían sido asesinadas.

Un lugareño aseguró que la pareja residía en un poblado de Zacatecoluca, pero llegaba a la zona donde los mataron para surtirse de carbón.

La madre de la mujer asesinada le habría dicho a unos pobladores que la semana pasada habló por teléfono con su hija y esta le dijo que estaba contenta porque iría al cantón a elaborar carbón, porque tenían un encargo de $100.

El fin de semana, la mujer habría intentado comunicarse en reiteradas ocasiones con su hija, pero al no tener respuesta tuvo un mal presentimiento, por lo que el lunes salió a buscarla. Lo único que encontró fueron las puertas abiertas y la casa con signos de haber sido saqueada.

Según la fuente, la pareja llevaba algún tiempo de estar acompañada. La mujer tenía una hija de 11 años, fruto de una relación anterior.

Agregó que los cuatro parientes eran humildes, trabajadores y nunca se les vio que anduvieran involucrados en malos pasos.

Según lo relatado el lunes por algunos pobladores que llegaron a la hacienda Siete Joyas tras enterarse del múltiple homicidio, la zona era asediada por pandilleros.

Ayer, mientras empleados de la Fiscalía y del laboratorio policial recababan evidencia, agentes de la Unidad Táctica Operativa de la Policía (UTO) llegaron a la zona porque, según los agentes, se vio merodear a unos sujetos que supuestamente estaban armados y que estarían vinculados al múltiple homicidio. Sin embargo, no hubo capturas.

Este es el segundo ataque contra personas de una misma familia registrados el fin de semana anterior.

La madrugada del domingo, Moisés Menjívar, de 36 años, y su hijo Antonio, de 17, fueron ultimados a balazos por hombres que irrumpieron en su humilde vivienda haciéndose pasar como policías que llegaban a hacer un operativo.

El ataque ocurrió en la colonia La Esperanza, del cantón El Capulín, en Colón, La Libertad. Las víctimas vendían café con pan en el centro de Santa Tecla y se presume que los mataron pandilleros de la 18 porque se negaron a cobrar el dinero de la extorsión a los vendedores de la zona.

Ambos casos han desatado críticas entre la población, quienes demandan a las autoridad centrar sus esfuerzos en garantizar la seguridad ciudadana y no en darle garantías a los delincuentes.

“Lamentable tanto sufrimiento de nuestra gente, mientras al ministro de Justicia y Seguridad solo le importan las estadísticas. No podemos más que repudiar tanto hecho de sangre de toda esta gente trabajadora” y “la tregua es una mentira”, son solo un par de las opiniones vertidas por de lectores de El Diario de Hoy en su página web.

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