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La “Dama” que cambió al Reino Unido y a Europa

La fuerte voluntad y la determinación de Margaret Thatcher le valieron el nombre de la "Dama de Hierro", apodada así en su día por los medios soviéticos por carácter terminante y su férrea oposición al comunismo.

En 1975, Thatcher pasó a ocupar la presidencia del Partido Conservador.
En 1975, Thatcher pasó a ocupar la presidencia del Partido Conservador.

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Abr 14, 2013- 00:00

REINO UNIDO. Fue un periodista militar soviético, Yuri Gavrílov, quien la llamó por primera vez la Dama de Hierro en un artículo. Fue en 1976, tres años antes de convertirse en primera ministra británica, después de que Margaret Thatcher criticara insistentemente el comunismo y acusara a la URSS de intentar dominar el mundo.

Gavrílov decía que se le ocurrió el apelativo por su fuerte carácter. “No soy una política de consenso. Soy una política de fuertes convicciones”, decía sin tapujos.

Ahora el mundo se prepara a darle su último adiós a este mujer excepcional el próximo miércoles. Margaret Hilda Roberts nació el 13 de octubre de 1925 en Grantham. Procedía de una familia de modestos recursos y su padre había sido propietario de dos tiendas de comestibles, pero su tesón la llevó a estudiar química y después derecho. Con gran capacidad para el estudio, Thatcher ingresó en un colegio secundario público de carácter selectivo y consiguió entrar a los 17 años, en la Universidad de Oxford, donde estudió Química, graduándose en 1947.

En 1950 y 1951 intentó sin éxito obtener el sillón parlamentario de Dartford, pero la experiencia tuvo otros frutos: conoció a Denis Thatcher, quien manejaba una empresa familiar de pinturas, y se casaron. En 1953 nacerían sus únicos hijos, los gemelos Mark y Carol. En 1954, Margaret culminó sus estudios de Leyes.

En época en que aún pocas mujeres tenían carreras profesionales, mucho menos siendo madres de dos hijos pequeños y en un campo tan difícil como la política, Thatcher logró ser elegida al Parlamento en 1958 como representante del distrito londinense de Finchley (norte de Londres). Conservaría el escaño hasta su retiro de la Cámara de los Comunes, en 1992.

Su ascenso político fue rápido. Tras sólo 20 meses como parlamentaria, el Primer Ministro Harold Macmillan la nombró viceministra de pensiones y en 1967, estando su partido en la oposición, el nuevo líder de los conservadores, Edward Heath, la promovió al gabinete “en las sombras”. Tras su victoria en la elección de 1970, Heath la designó como ministra de Educación, donde su gestión tuvo hitos polémicos, como el recorte presupuestario que eliminó el vaso de leche gratis en las escuelas primarias.

Sorpresivamente, en contra de la opinión mayoritaria en su partido y en la prensa (su propio marido le dijo que estaba “mal de la cabeza”), Thatcher decidió disputarle a Heath la jefatura de los Tories y lo logró en una competencia dura, que le ganó muchos enemigos, pero también aliados incondicionales.

Comenzó entonces un período de ácidas críticas, tanto de conservadores como de laboristas, a sus ideas reformistas liberales, a su forma de conducir el partido e, incluso, a su condición de mujer. Siguiendo el consejo de sus asesores, eligió nuevo vestuario, cambió su peinado y tomó clases para bajar el tono estridente de su voz. Pero no modificó mucho su estilo desafiante. En 1979 fue la primera mujer en ser elegida Primera ministra en la historia de su país.

Al frente del Ejecutivo durante 11 años (1979-1990), gobernó con mano de hierro, transformó el Reino Unido con sus políticas liberales y dividió el país en dos mitades. Sus formas generaban tanta admiración como rechazo, pero no dejaban indiferente a nadie. Su influencia traspasó fronteras y se convirtió en una de las políticas más influyentes del siglo XX.

Su llegada al poder supuso una completa transformación del Reino Unido. Su lema: poner al individuo por encima del Estado. “No hay tal cosa como la sociedad. Hay hombres y mujeres, y hay familias”, señaló en 1987. Su receta: privatizar y recortar el gasto público.

En su primer mandato impulsó una reforma que debilitó, hasta casi su destrucción, el poder de los sindicatos, privatizó las compañías estatales de telefonía, gas, agua y electricidad, la línea aérea British Airways y la firma Rolls-Royce, redujo los impuestos y el gasto público con importantes recortes en salud y educación, y flexibilizó el mercado laboral. Sus medidas tuvieron un fuerte impacto en la sociedad, con el aumento del número de parados -en 1986, la cifra era de tres millones-. Un año antes de someterse de nuevo a las urnas, el 2 de abril de 1982, militares argentinos desembarcaron en las islas Malvinas y reivindicaron el territorio, a lo que Thatcher respondió con una intervención militar que dejó casi un millar de muertos -649 militares argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños. El triunfo británico impulsó la popularidad de la primera ministra, que logró la reelección de forma abrumadora en 1983.

Su segundo mandato estuvo protagonizado por el conflicto con los mineros. Thatcher cerró minas estatales de carbón y siderúrgicas: comenzó en 1984 con 20 de las 174 minas propiedad del estado, que supuso el despido de 20,000 trabajadores; en 1992 la cifra ascendía ya a 97, mientras que las que permanecieron abiertas fueron privatizadas en 1994. La huelga de los mineros se desarrolló entre 1984 y 1985, y fue duramente reprimida por el Gobierno de Thatcher. La primera ministra se negó a cumplir las demandas y comparó la huelga con el conflicto de las Malvinas. “Tuvimos que luchar con el enemigo en el exterior en las Malvinas. Siempre tenemos que estar alerta del enemigo interno, el cual es más difícil de combatir y más peligroso para la libertad”, señaló. Thatcher volvió a salir victoriosa de este contencioso.

Con el exterior

Thatcher tuvo una dura posición frente al IRA y se opuso al proceso de integración de la Unión Europea. “¡Quiero que me devuelvan el dinero!”, espetó en la cumbre de la Unión Europea de Dublín en 1980.

Miembros de su gobierno cayeron víctimas de atentados del IRA y ella misma se salvó de un ataque que costó la vida a cinco personas, cuando explotó una bomba en el hotel donde se celebraba la conferencia anual del Partido Conservador, el 12 de octubre de 1984. Encabezó una fuerte defensa de los intereses europeos frente a Europa, se opuso con vehemencia al comunismo y a la URSS, y protagonizó una fuerte alianza con el mandatario estadounidense Ronald Reagan. Conservadora y euroescéptica hasta la médula, Thatcher se negó al proceso de integración europea y son célebres sus comentarios en el Parlamento y la televisión de “No, no, no a Europa”.

Su declive llegó a finales de los años 80 con su poll-tax, un impuesto municipal cuyo impago se castigaba con la negación del derecho al voto. En ese momento, la popularidad de Thatcher y el Partido Conservador se desmoronaba, pero su caída no vino de la mano del votante, sino de su propia formación, que en 1990 forzó su dimisión con una revuelta interna. Thatcher abandonó Downing Street entre lágrimas.

Su salud empezó a deteriorarse seriamente a partir de 2002, un año antes de la muerte de su esposo Denis, que le afectó profundamente, y sus incursiones en la vida pública fueron desde entonces cada vez más escasas.

En 2008, su hija Carol reveló en sus memorias que su madre sufría demencia senil desde hacía 7 años. También había sufrido varios ataques cerebrales.

La exprimera ministra británica Margaret Thatcher, de 87 años, falleció el pasado lunes en Londres a consecuencia de una apoplejía. —AGENCIAS.

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