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Hospital unionense busca donaciones por bajo presupuesto

Sólo tienen dinero para comprar la mitad de lo que necesitan

Numerosas personas esperan sus medicinas en el nosocomio, que logra abastecer una parte considerable, por donaciones. Foto EDH / francisco torres
Numerosas personas esperan sus medicinas en el nosocomio, que logra abastecer una parte considerable, por donaciones. Foto EDH / francisco torres

Por Francisco Torres comunidades@eldiariodehoy.com

Abr 04, 2013- 19:00

LA UNIÓN. El presupuesto anual para medicamentos en el hospital nacional La Unión es de 226 mil dólares, y las autoridades estiman que lo que se requiere para tener un abastecimiento mínimo de medicinas debería ser el doble de esa cantidad.

Si esa cifra no revela lo dramático que es hacer funcionar el nosocomio con un presupuesto escaso, sí lo deja claro el presupuesto para insumos hospitalarios.

Tal asignación presupuestaria es de 55 mil dólares anuales, cuando las necesidades plantean por lo menos, 155 mil dólares.

Lo extraño es que ante un presupuesto que está muy por debajo de los requerimientos mínimos, el abastecimiento de medicamentos e insumos está en un 82 por ciento, justo cuando el dinero presupuestado se está agotando, por el cierre del año fiscal.

Es en este tiempo cuando los hospitales afronten los mayores índices de desabastecimiento.

Pero en este caso eso tiene una explicación muy sencilla, según el subdirector del nosocomio, Carlos Mejía Clavel, quien afirma que el “bajo” nivel de desabastecimiento se debe a la labor que hace el médico responsable de los medicamentos, en la gestión y búsqueda de donantes que oxigenen el raquítico presupuesto propio.

El galeno Óscar Amaya Martínez, quien se encarga de pedir donaciones y no da cifras de lo que reciben, asegura que así suplen los más de 200 mil dólares anuales de desfinanciamiento.

Este centro asistencial, que es el más importante del departamento, porque aquí son referidos pacientes de otros hospitales y unidades de salud unionenses, tiene una asignación total de 2.5 millones de dólares al año, lo que es considerado por su director, Nelson Fuentes como un presupuesto “injusto”.

Y argumenta como ejemplo que el nosocomio de Santa Rosa de Lima, al norte de la cabecera unionense, que es de menor rango, obtiene cuatro millones de dólares anuales, es decir, es superior en 1.5 millones de dólares al presupuesto del hospital de la cabecera, que atiende una mayor cantidad de población.

Según Mejía Clavel, en la consulta externa atienden un promedio de 250 pacientes diarios y, por lo general, cada una de estas consultas concluye con la entrega de al menos un medicamento.

Se suman las 150 consultas aproximadas que atienden en la emergencia, donde también despachan medicinas.

Recetan “para comprar”

Mejía Clavel insiste en que tienen todo lo necesario, en cuanto a medicinas, para que los usuarios no se vayan con las manos vacías, pero afuera de su oficina la realidad es otra. Los médicos recetan drogas agotadas. El dependiente de la farmacia sugiere que “esta medicina tiene que comprarla, porque no hay”.

Moisés Isaac Lara Rivera, residente del cantón El Higuerón, de La Unión, no pudo obtener los medicamentos que necesita para sus problemas depresivos. “Me dieron algo que no hay, así que cuando esto pasa, a uno le toca ver cómo hace para comprarlos”, lamentó.

Afirma que no es la primera vez que le ocurre, pero recuerda que cuando su hijo de ocho meses tenía problemas respiratorios y le recetaron “de esas medicinas que no tienen” en existencia, “me preocupé mucho; solo uno sabe cómo anda su cartera y viene acá con la esperanza de que le ayuden, pero no”, dijo.

Mejía Clavel es un hombre simpático, de los pocos médicos que hacen bromas y, para salir del paso, en el caso de Lara Rivera, toma la receta y busca una alternativa. “Sí tenemos otro medicamento con el que le podemos resolver el problema a él”, dice a El Diario de Hoy.

También aclara que el tipo de medicamentos que requiere este paciente no aparece en el cuadro de drogas que debería tener este nosocomio, porque se trata de una medicina que deberían tener solo en un hospital con esa especialidad. Pero la sonrisa se le agota cuando no encuentra cómo explicar por qué los médicos del nosocomio recetan medicinas que no están en el cuadro de medicamentos básicos.

Mientras el galeno hace llamadas, para coordinar el cambio de la prescripción, en la farmacia le devuelven las recetas a Olimpia Velásquez, quien habita en el caserío Chachagua, de La Unión, con el mismo argumento: “No hay, tengo que comprarla”, dice la mujer, con un dejo de incertidumbre.

“Que esto pase en el hospital público es un problema grave, porque la verdad es que nosotros no tenemos los recursos para comprarlo y ahorita no me pregunte qué es lo que voy a hacer, porque aún no lo sé”. Guarda silencio. No despega los ojos de la receta y discute con una pariente. “¿Y ahora qué hacemos?”, se preguntan y encogen de brazos sincronizadamente.

Para Mejía Clavel, los dos casos que se presentaron en menos de cinco minutos, frente a él, son aislados, porque insiste en la capacidad que tiene el nosocomio, gracias a las donaciones.

“Aquí despachamos medicamentos que le recetan a la gente en otros hospitales, en el neumológico, en el Bloom, en el Rosales, en el de San Miguel”, dice.

Lo cierto es que mientras el Minsal no dé independencia presupuestaria al nosocomio, tendrán que seguir dependiendo de donaciones para tener medicinas, afirman las autoridades del mismo.

Pero vivir a expensas de las donaciones tiene muchas desventajas, porque más allá de la incertidumbre, sobre si obtendrán ayuda o no, es frecuente que reciban medicamentos a los que le falta poco tiempo para caducar.

Eso genera otro problema: tienen que lidiar con la destrucción de medicinas, para lo que tampoco tienen un presupuesto (ver nota aparte).

Pero una bondad de las donaciones es que les permite surtir a los enfermos medicamentos especializados.

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