Secciones
×

Síguenos en

Asesinatos de empleados de El Repollo están impunes

Solo en el 2011, tres de sus colaboradores fueron asesinados en circunstancias no esclarecidas

El supuesto capo salvadoreño y sus presuntos cómplices fueron acusados el lunes en un juzgado de paz de San Salvador. Foto EDH / Mauricio Cáceres
El supuesto capo salvadoreño y sus presuntos cómplices fueron acusados el lunes en un juzgado de paz de San Salvador. Foto EDH / Mauricio Cáceres

Por nacional@eldiariodehoy.com

Mar 19, 2013- 21:00

La tarde del 3 de mayo de 2011, un asesinato fue cometido al interior de un restaurante situado en la playa Las Tunas, municipio de Conchagua, departamento de La Unión. En aquella ocasión, la Policía dijo que se trataba de un empresario que residía en Santa Tecla.

Por la fuerte cantidad de dinero en efectivo que quedó en la escena del asesinato es evidente que el móvil no fue el robo a la víctima. Fue otra situación que hasta hoy, al parecer, no ha sido investigada por las autoridades. O al menos no la han dado a conocer.

La víctima, el supuesto empresario, era Jorge Arturo Hernández Ruiz, apodado “La Choquita”, quien había llegado a Las Tunas para cerrar trato en la compra de un restaurante. Era el segundo de esos negocios que compraría aquel 3 de mayo. Ya antes había adquirido otro en el mismo sector, según la versión de algunos parientes que hasta la fecha dicen no saber por qué mataron a Jorge Arturo.

Los familiares también dicen ignorar que él anduviera en negocios ilícitos.

Días antes de que fuera asesinado, Hernández Ruiz había vendido un automóvil BMW a un sujeto que luego lo revendió al hijo de un conocido periodista radial. Este negocio resultó con problemas que llevó a la cárcel al hijo del periodista.

El asesinato de Hernández Ruiz supuestamente habría sido ordenado por Miguel Ángel M., (a) “Miguelón”, un sujeto que ya estuvo procesado judicialmente por el envío de heroína hacia los Estados Unidos, a través de encomiendas.

Los sicarios acribillaron a Hernández Ruiz justo en el momento en que contaba el dinero con que compraría el restaurante Blanquita.

Cometido el homicidio, los asesinos huyeron en una lancha que los esperaba a la orilla de la playa. Se fueron mar adentro, en una lancha azul de la cual las autoridades tampoco han determinado de quién era propiedad.

Según las investigaciones policiales, Hernández Ruiz era parte de la red de narcotraficantes cuyos cabecillas, según la Fiscalía y policía, son Jorge Eduardo Ulloa Sibrián y Julio César Cabrera Bonilla. Dicha red, según las autoridades salvadoreñas, colaboraba con el cártel de Sinaloa.

De acuerdo con esas investigaciones, Hernández Ruiz se encargaba de hacer traslados de droga y dinero. Tenía varios negocios a su nombre, pero supuestamente era solo “prestanombre” de Ulloa Sibrián, apodado el Repollo, según las autoridades.

Investigaciones de la DAN indican que Hernández Ruiz fue asesinado por sujetos vinculados con Ulloa Sibrián. De estos se menciona a José Germán Hernández Reyes y José María H. C.

Este último, según registros consultados por este Diario, aparece como ofertante y contratista de la Corte de Cuentas de la República en los años 2011 y 2012.

Este es solo uno de los homicidios cometidos supuestamente contra miembros de la misma red.

Asesinato de la mujer del supuesto capo

Años atrás, el 9 de febrero de 2007, Juana Guadalupe Reyes Saravia, de 28 años, fue asesinada en la colonia Miralvalle, en San Salvador.

La mujer, aparte de tener negocios diversos con dineros supuestamente proporcionados por la organización de Ulloa Sibrián, era la compañera de vida del supuesto capo, con quien tenía dos hijos.

Reyes Saravia vivía en residencial Brisas de San Francisco, pero tenía una sala de belleza en la colonia Miralvalle, donde la asesinaron.

El día que la mataron, la mujer notó que una llanta de su microbús recién comprado estaba pinchada, por lo cual lo llevó a un taller sobre el Bulevar Constitución y Calle Motocross, para repararla.

Estaba esperando que la atendieran cuando de repente dos hombres aparecieron en una moto. Uno de ellos se bajó y le asestó un solo disparo. Murió horas después.

Las indagaciones llegaron hasta el Repollo debido a que se sospechó que habría ordenado el asesinato porque ella había terminado la relación con él, poco después de que éste pagó un cuantioso rescate cuando fue secuestrada cerca de la colonia Popotlán, donde visitaba a sus parientes. Nunca le probaron nada.

Fuentes policiales afirman que en el asesinato de Reyes Saravia, al parecer participaron miembros de la corporación policial que colaboraban con Ulloa Sibrián. Asimismo recordaron a uno de esos policías sospechosos que era conocido como “Lucas”. Tampoco se investigó esa hipótesis.

El Repollo, según fuentes policiales, tenía múltiples colaboradores en diversas partes de El Salvador. Entre esos lugares se encuentra San Marcos, específicamente la comunidad 10 de Octubre, y en el centro de esa ciudad.

En esa comunidad vivía uno de los estrechos colaboradores del supuesto capo, identificado como Edildo Alfredo Martínez Castillo, un hombre oriundo de Ahuachapán, quien se encargaba de trasladar droga y dinero a nivel centroamericano.

A este, supuestamente, lo habrían asesinado José Germán Hernández Reyes y José María H. C., luego de un fuerte movimiento de droga que hizo la agrupación hacia Guatemala.

Del asesinato de Edildo Alfredo, apodado “Burro”, no se supo mucho; solo se sabe que también era parte de una red de comercialización de droga en el sector de San Marcos.

La relación de Juana Guadalupe Reyes Saravia con el Repollo incidió para que otros hermanos de la mujer se involucraran en la supuesta red de narcos.

A pesar de las sospechas de que Juana Guadalupe había sido asesinada por órdenes del Repollo, José Germán y Santos Inocente, ambos de apellido Hernández Reyesm continuaron al servicio de él moviendo dinero hacia el sur de Centroamérica y drogas hacia Guatemala.

Pero tres años después de que Juana Guadalupe fuera asesinada, José German corrió la misma suerte: lo mataron.

Las autoridades sospechan que el asesinato fue cometido por pérdida de confianza, pues el hombre cuando se emborrachaba revelaba detalles del Repollo y decía que le “pondría” el dedo con autoridades de Estados Unidos.

Los cuatro asesinados tenían diversos negocios. Pero sus parientes dicen que no saben qué pasó con ellos.

“Usted sabe que un hijo, cuando ya se casa, es harina de otro costal. Él tenía varios comercios, pero no sabemos quién se quedó con ellos”, afirmó la madre de uno de los cuatro asesinados, quien dijo no saber si los negocios de su pariente eran legales o no.

El domingo anterior, el Fiscal General de la República, Luis Martínez, dejó entrever la posibilidad de que Ulloa Sibrián fuera acusado de algún homicidio, pero no detalló si es por alguno de esos cuatro casos que aparecen en la investigación.

El lunes fue presentada la acusación en contra de los 14 capturados en el Juzgado 9° de Paz. Según el abogado Nelson García, la acusación no incluye delitos de homicidio.

Negocios con colombianos y cubanos

Miguel Ángel Morales (Miguelón) aparece en un organigrama elaborado por la Policía como uno de los compradores de droga para la red supuestamente encabezada por Ulloa Sibrián y Cabrera Bonilla.

En mayo del 2008, Miguelón fue arrestado junto con su mujer por los delitos de tráfico de droga y tenencia ilegal de armas de fuego.

En esa ocasión, la Fiscalía lo vinculó con el colombiano Nelson Castrillón Ospina, (a) Samy, capturado en esa misma fecha por traficar heroína a Estados Unidos a través de paquetes de encomiendas.

En medio de la angustia por salir bien librado de ese delito, Morales buscó los servicios de un abogado para que le ayudara a obtener documentos de identidad falsos y así cambiarse de identidad, aseguraron a este medio fuentes policiales.

Morales se encuentra en libertad, y no fue necesario recurrir a los servicios del abogado, quien ha sido ligado a un proceso judicial por participar junto a otras personas en una estafa millonaria en la ciudad de San Miguel.

Otras fuentes de El Diario de Hoy indicaron que en sus negocios, Ulloa Sibrián se ha relacionado hasta con cubanos.

El Repollo vivía en una zona exclusiva de la localidad guatemalteca de San José Pinula, donde el viernes anterior fue arrestado junto a su nueva mujer, identificada como Ana Lorena Pérez, al parecer de nacionalidad salvadoreña.

Justamente en ese lugar, en la residencial Condado de San Cristóbal, era visto que se relacionaba con colombianos, entre quienes está el jefe de Ulloa Sibrián, según sospechan las fuentes.

A ese colombiano le gusta jugar golf en un club de golf y tenis que funciona cerca del Condado de San Cristóbal, detallaron las fuentes.

Agregaron las fuentes que Ulloa Sibrián tenía varios años de radicar en Guatemala en una residencial que también está localizada en San José Pinula, en donde al parecer también almacenaba droga que recibía de El Salvador.

Personas cercanas al supuesto cabecilla indicaron que es un hombre de gustos refinados, aunque no hace ostentaciones en ese aspecto.

Además de presuntamente codearse con narcos guatemaltecos y colombianos en Guatemala, donde ha residido la mayor parte del tiempo, Ulloa Sibrián y su familia han manejado un bajo perfil.

Fue hasta el domingo anterior que trascendió que es propietario de más de 40 inmuebles, entre ranchos de playa, casas en residenciales exclusivas y fincas o haciendas en varias partes de El Salvador.

En una de esas fincas, denominada Santa Rita, Ulloa Sibrián tenía una treintena de venados cola blanca y caballos de alta escuela.

Ulloa Sibrián solía frecuentar esa finca, localizada en la cima de la Cordillera del Bálsamo, en Santa Tecla, dijeron las fuentes.

Pero esa vida de lujos parece haber llegado a su fin. Ayer fuentes de este Diario indicaron que El Repollo ha dicho que prefiere pasar los años que sea en la cárcel antes que delatar a sus socios.

Articulos Relacionados

Tags

Abrir Comentarios

Cerrar Comentarios