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Papa pide a fieles “no temer a las sorpresas de Dios”

Francisco bautizó, confirmó y dio la primera comunión a cuatro adultos de diferentes países

El Papa Francisco preside el Viernes Santo su primer Vía Crucis, celebrado en el Coliseo romano, como líder de la Iglesia Católica. Foto EDH / EFE
El Papa Francisco preside el Viernes Santo su primer Vía Crucis, celebrado en el Coliseo romano, como líder de la Iglesia Católica. Foto EDH / EFE

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Mar 30, 2013- 20:00

CIUDAD DEL VATICANO. El papa Francisco celebró ayer en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Vigilia Pascual, durante la que administró los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Primera Comunión a cuatro adultos procedentes de Italia, Albania, Rusia y Estados Unidos.

Durante la ceremonia, el Pontífice llamó a los fieles a no “temer las sorpresas de Dios”, a nunca perder la confianza durante las pruebas y tribulaciones de la vida diaria y, si se han desviado de la fe, que permitan a Dios entrar de vuelta en sus corazones.

“Si han sido indiferentes, tomen un riesgo: no serán decepcionados. Si seguirlo parece difícil, no tengan miedo, confíen en Él”, agregó.

“Acepta que Jesús Resucitado entre en tu vida, acógelo como amigo, con confianza: ¡Él es la vida! Si hasta ahora has estado lejos de él, da un pequeño paso, te acogerá con los brazos abiertos. Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedarás decepcionado”, afirmó el papa.

La Vigilia Pascual o “Lucernario” es uno de los ritos más antiguos de la liturgia y se celebró en la noche del Sábado Santo que San Agustín llamó “madre de todas las vigilias”, en alusión a la espera de la Resurrección del Hijo de Dios.

La ceremonia comenzó en el atrio de la basílica vaticana, donde Francisco bendijo el fuego nuevo y encendió el Cirio Pascual, símbolo de Cristo, “Luz del Mundo”.

Francisco realizó con un punzón una incisión sobre el cirio pascual, grabando una cruz y la cifra del año 2013, y pronunció en latín: “Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. A Él pertenece el tiempo y los siglos, a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos”.

Después, comenzó la procesión hacia el altar mayor, en medio de una total oscuridad y silencio en el templo, iluminado poco a poco con las velas de las miles de personas que llenan la basílica, encendidas con la llama procedente del Cirio Pascual.

Una vez llegado al altar se encendieron todas las luces, que dejaron al descubierto las maravillas que encierra la basílica, bellamente adornada con flores blancas, y comenzó el canto del Exultet, o pregón pascual, un recorrido sintético de la historia de la salvación.

En otro momento, el Papa Francisco ha afirmado que el rostro desfigurado de la Sábana Santa se asemeja al de tantos hombres y mujeres “heridos por una vida que no respeta su dignidad, por guerras y violencias que afligen a los más vulnerables”, pero que invita a la esperanza. —AGENCIAS

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