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Jóvenes soñaban con ser pilotos como sus padres

Fallas en una avioneta bimotor en Ilopango causó la muerte a un instructor y dos alumnos. Foto EDH / Lissette Lemus.
Fallas en una avioneta bimotor en Ilopango causó la muerte a un instructor y dos alumnos. Foto EDH / Lissette Lemus.

Por Jaime López sucesos@eldiariodehoy.com

Feb 16, 2013- 19:00

José Antonio Martínez, de 19 años, y Rodrigo Calles, de 22, no lograron hacer realidad sus sueños de ser pilotos de aviones comerciales como sus padres con 32 y 34 años de carrera.

Los muchachos iban bien en su anhelo, habían sobrevolado más de 100 horas en aviones de un motor y el día de su muerte realizaban su primer hora en avionetas bimotor o de dos motores, dijo José Martínez.

“Desde pequeños soñaron con ser pilotos. Mi hijo, al ver a su padre ponerse el uniforme, sobrevolar y acompañarnos en ciertos viajes, los motivó a escoger esta carrera que es tan preciosa”, manifestó Martínez.

Tan preciosa, que el piloto Martínez, dijo ” que si volviera a nacer, estudiaría lo mismo”. De ahí, que comprende las aspiraciones que tuvo su retoño. “El día del accidente yo había estado con mi hijo dos horas antes en Ilopango”.

Agregó que su hijo al despedirse de él, le dijo “papi lo veo más tarde porque tal vez no pueda ir a volar”. Pero más tarde le puso un mensaje en el que muy contento, le manifestaba “papi voy a ir a volar. Estaba emocionadísimo, incluso, se habían escrito los dos en las redes sociales (Facebook) que iban a volar su primera hora”.

El sueño de estos muchachos era llegar adonde estaban sus padres “desgraciadamente fueron coartados en sus sueños, nada más por la negligencia de una persona, una escuela o un grupo, en un desperfecto que pudo haberse evitado”.

“Yo vendo un servicio, entiendo que debo vender bien, si cobro bajo los estándares internacionales, debo dar los mismos estándares internacionales en mantenimiento”, afirmó Martínez.

La hora de aviación cuesta 370 dólares, y en dos alumnos eran $740, los que estaba ganando la escuela.

En el caso de Calles, tenía un hermano piloto, y su meta era expandir sus horizontes en la aviación. “Un día antes del accidente cenaron juntos en casa y muy emocionados los dos me dijeron vamos a volar nuestra primer hora en aviones de dos motores. Estaban contentos. Es triste que una negligencia les haya truncado sus sueños”, dijo.

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