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Una joya capitalina llamada Centro Histórico

El lugar es considerado como "el verdadero génesis" de la metrópoli, ya que la belleza arquitectónica y urbanística que data de 1539 demuestra la grandeza de lo vivido en la zona. Una veintena de edificios cuenta el pasado.

El edificio conocido como La Academia posee detalles funcionalistas. Fue construido en 1947 y está en la calle Arce, a un costado de la plaza Hula Hula.
El edificio conocido como La Academia posee detalles funcionalistas. Fue construido en 1947 y está en la calle Arce, a un costado de la plaza Hula Hula.

Por Texto: Nidia Hernández Fotos: Omar Carbonero

Feb 10, 2013- 21:00

Quien visita la capital y no recorre el Centro Histórico, no sabe lo que se pierde, ya que es en esa zona donde surge la historia de San Salvador.

Imagínese que son las 6:00 a. m. Ubíquese en la calle Arce, a la altura de la belleza arquitectónica de la basílica del Sagrado Corazón de Jesús. Deténgase y admire la majestuosidad del templo. El templo fue edificado entre 1900 a 1913, con un estilo neogótico, con materiales de lámina troquelada procedente de Bélgica, y la madera fue importada de Europa (el próximo junio celebrará el centenario de su construcción). Transcurrió media hora en el lugar.

Comience a caminar por “la calle francesa más bella de la ciudad”, que es la calle Arce, así la denominó el historiador Héctor Sermeño.

De acuerdo al ritmo de marcha de cada persona, se llega a la “zona recuperada” y se encuentra con tres de los diseños arquitectónicos que han sido protagonistas, para denominarlo Centro Histórico. Hoy por fin (con el reordenamiento), ven la luz y saludan a los ciudadanos, que durante más de 30 años ignoraron su existencia.

“Son más de una veintena de edificios que valen la pena arquitectónicamente y de acuerdo a la evolución de la ciudad”, destacó Sermeño.

El Gadala María está en la 3.ª Avenida Norte y calle Arce, data de 1940 y tiene fachada palaciega, es decir era un palacio en aquella época.

Allí había una tienda de textiles, perfumes y diversos productos. Hoy se comercializa ropa, zapatos u otros productos.

El espacio que ocupa sobrepasa un cuarto de manzana, el diseño es de dos niveles muy bien equipados con suficientes ventanas.

La “puerta esquinera” es una de las particularidades de las edificaciones de la zona.

Era tradición, durante la primera mitad del siglo XX, que los propietarios de los inmuebles vivieran en la planta de arriba, así sucedió en el núcleo de la capital.

En la misma “calle francesa” está el edificio Éster de Ábrego, que era parte de una de las familias comerciantes, por ello denominaron el edificio con su nombre. Fue construido entre 1947 y 1948. Era una farmacia.

En el segundo y tercer nivel tiene balcón terraza, muy característico de su época. En la actualidad es un pequeño centro comercial.

Luego, está La Academia, que es otra de las joyas del centro, fue edificado en 1947.

Posee un estilo funcionalista, con elementos art deco, el cual se basa en la geometría. La estructura es utilizada para negocios de comida y ropa.

Las personas adineradas residieron en la zona, pero una de las razones por las que las familias fueron emigrando y cerrando sus negocios fueron las ventas informales que se instalaron frente a sus inmuebles y les quitaban visibilidad para ofertar sus productos.

Es en los años 80, con la guerra, cuando las ventas ambulantes empezaron a llegar a la zona. En la década de los 90 se volvieron vendedores estacionarios y construyeron sus estructuras frente a los grandes comercios.

El pintor Carlos Cañas, quien obtuvo el premio Nacional de Cultura el año pasado, ve la zona “como una raíz de la historia, es el lugar donde crecí”.

A partir de los años 60, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró que las áreas que tenían más de dos siglos de existir debían ser consideradas zonas históricas a proteger.

San Salvador surge en 1539, en el lugar donde se encuentra en este momento.

“Las fachadas y la reutilización de los espacios se pueden rescatar. Al restaurarse las fachadas, el centro vuelve a tomar vida”, señaló Sermeño.

Cañas acompañó el recorrido imaginario y recordó los domingos de 1950 que vivió ahí: “Era algo maravilloso vivir en el centro (…) Caminaba por las noches, cantaba con mis amigos. Se podía andar porque no había mucho automóvil. El edificio Gadala María es el mismo que está allí, no ha cambiado la hermosura que tenía”, recordó.

El artista lamenta la situación actual del centro y ve con cautela la recuperación del mismo. “La Rubén Darío está inundada de vendedores, no se puede transitar. El Telégrafo no se observa y también era hermosísimo. Es difícil rescatar todos los bellos lugares”, añadió.

El 21 de agosto de 2008, en el Diario Oficial, la Asamblea Legislativa emitió el decreto 680, que declaró como Centro Histórico de la ciudad de San Salvador, la zona del núcleo de la capital, ya que reúne a cabalidad los requisitos legales por su acervo arquitectónico, urbanístico e histórico. Esos puntos fueron tomados en cuenta para ser nombrado así.

La comuna capitalina, en octubre pasado, impulsó un proceso de recuperación de la zona. Después, junto a los dueños de los inmuebles, se pintó parte de los tres edificios mencionados.

René Campos, capitalino que transitaba por el lugar, expresó: “Es que ni sabía que existían estas obras de arte. Estoy asombrado de ver lo bonito que es el centro”.

En la caminata, en la calle Gerardo Barrios y la 6.ª Calle Poniente, está la iglesia El Calvario, otro de los templos que le dan vida a la zona.

Es mediodía. Con lo que ahora se sabe es posible ver el centro con otros ojos.

“Siempre he creído que falta alguien que cuente la historia, alguien que se encargue del estudio de las ciudades. Aún nos falta mucho aunque tengamos todo, todo el lugar donde se generó la historia de un pueblo, la historia de una nación entera. Para conocer afuera, primero hay que buscar dentro”, agregó Sermeño.

Sus palabras son apropiadas, pero aún falta descubrir más del Centro Histórico capitalino, lugar donde surge la metrópoli y que muchos consideran “el verdadero Génesis” de San Salvador.

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