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¿Está amenazada la presidencia de Donald Trump?

El mandatario estadounidense negó ayer haber interferido en la investigación sobre una supuesta injerencia rusa.

-FOTODELDIA- STX03. WASHINGTON (EE.UU), 18/05/2017.- El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump (d), estrecha la mano del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (i), durante una conferencia de prensa conjunta tras una reuniÛn en la Oficina Oval de la Casa Blanca hoy, jueves 18 de mayo de 2017, en Washington, DC (EE.UU.). Trump recibiÛ hoy en la Casa Blanca a su homÛlogo colombiano, Juan Manuel Santos, y dijo que hablarÌa con Èl sobre el tr·fico de drogas, que calificÛ como "un problema muy grande". "Vamos a hablar (tambiÈn) sobre Venezuela. Lo que est· pasando en Venezuela es muy, muy triste", dijo Trump al comienzo de su reuniÛn con Santos en el Despacho Oval. EFE /MICHAEL REYNOLDS

Por El Diario de Hoy/ EFE

May 19, 2017- 10:26

WASHINGTON. El proceso de destitución del presidente, conocido como “impeachment”, ha tomado más fuerza en EE. UU. con la revelación de que Donald Trump pudo presionar al FBI, pero la medida, que nunca ha tenido éxito, ocasionaría un terremoto político y obligaría a una fuerte división entre los republicanos.

Los hechos irrefutables se han convertido en una certeza esquiva estos días en Washington, con la Casa Blanca contradiciéndose y filtraciones sin confirmar, y los legisladores, que pueden deponer a un presidente, quieren asegurarse de que si se llega a activar ese proceso, la traumática medida esté apoyada en pruebas claras que obliguen a un consenso bipartidista.

“El país debe darse cuenta que la gravedad de la conducta (del presidente) sea tal que el presidente no puede seguir al cargo. No puede percibirse (el ‘impeachment’) como un esfuerzo para anular las elecciones por otros medios”, apuntaba ayer el congresista demócrata Adam Schiff en una entrevista radiofónica.

Tanto legisladores demócratas como republicanos han llamado a la cautela y han repetido el mantra de “veamos a dónde nos llevan los hechos” al hablar del arriesgado proceso de destitución, iniciado en dos ocasiones en la historia del país y nunca culminado con éxito.

Los acontecimientos se precipitaron con el fulminante despido la semana pasada del director del FBI, James Comey, que lideraba la investigación sobre los intentos rusos de perjudicar a la demócrata Hillary Clinton en las elecciones, algo que Trump quiere que se deje de lado.

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El nuevo desencadenante de las peticiones de destitución de varios legisladores demócratas han sido las noticias de que las notas del exdirector del FBI indican que Trump le pidió olvidarse de la investigación al exasesor presidencial Michael Flynn, uno de los más expuestos por sus relaciones con representantes del Kremlin.

En una conferencia conjunta en la Casa Blanca con el presidente de Colombia Juan Manuel Santos, se preguntó a Trump si había interferido en la investigación del FBI sobre la injerencia rusa y respondió con un rotundo “no” y pidió la segunda pregunta

Esa es hasta ahora la evidencia más sólida de la acusación de “obstrucción a la Justicia”, un cargo que estuvo detrás del intento de juicio político contra Bill Clinton (1993-2001) y de la dimisión de Richard Nixon (1969-1974), que abandonó la Casa Blanca ante la certeza de enfrentarse a un proceso de este tipo.

El primer presidente que se enfrentó a un voto de “impeachment”, Andrew Johnson, casi fue destituido por, entre otras cosas, haber despedido al secretario de Guerra, otro paralelismo que se puede establecer con el comportamiento de Trump en sus intentos de llevar su poder Ejecutivo al límite.

Nombran a fiscal especial

Las bases para abordar un posible juicio político se han consolidado con el nombramiento este miércoles del reputado exdirector del FBI Robert Mueller como fiscal especial independiente para la investigación sobre la injerencia rusa, un actor clave en un posible proceso de destitución contra el presidente.

Mueller tendrá el poder de imputar, emitir órdenes para obtener pruebas o interrogar testigos, una labor que fue crucial durante el escándalo del “Watergate” que puso fin a la presidencia de Nixon.

Trump cuestionó el nombramiento de Mueller porque según dijo, pretende dañar su victoria electoral. Es “una cosa muy, muy negativa” que “daña terriblemente al país porque muestra que estamos divididos, no unidos como país”, dijo ayer.

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El mandatario dijo además que hay “cosas más importantes que hacer” y puso de ejemplo los tratados comerciales y asuntos militares.

La posición de Trump contrasta con la postura que ha tomado casi de manera unánime el Congreso, donde el nombramiento de Mueller ha sido ampliamente bien recibido tanto por demócratas como por republicanos.

En un comunicado, el fiscal general adjunto, Rod Rosenstein, anunció este miércoles el nombramiento de Mueller para supervisar la pesquisa sobre la intrusión rusa y los “asuntos relacionados”, en una aparente referencia a los posibles lazos entre la campaña del hoy presidente de EE. UU., Donald Trump, y Rusia.

“Mi decisión no es un hallazgo de que se han cometido delitos o de que una acusación está garantizada. No he llegado a semejante determinación”, explicó Rosenstein.

“Lo que he determinado -precisó- es que, en base a circunstancias únicas, el interés público requiere que ponga esta investigación bajo la autoridad de una persona que ejerza una cierta independencia de la cadena normal de mando”. -AGENCIA EFE

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