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Miguel Henrique Otero:

“Venezuela no es una dictadura normal, es una narcodictadura”

El presidente del periódico venezolano El Nacional conversó con El Diario de Hoy sobre la vocación autoritaria del gobierno de su país

Por Ricardo Avelar, enviado especial en Guatemala

Abr 02, 2017- 19:24

A pocos días de un intento de autogolpe en Venezuela, una legítima duda sobre el gobierno de ese país, encabezado por Nicolás Maduro, es si este puede ya considerarse una dictadura o debe emplearse el eufemismo de “régimen autoritario”.

Para Miguel Henrique Otero, quien se ha visto obligado a dirigir el periódico El Nacional (el último gran medio impreso crítico que queda) desde el exilio, la etiqueta dictadura no solo es válida desde hace mucho tiempo, sino que le queda corta al régimen. Él prefiere hablar de una narcodictadura.

Esto coincide con el mote que hace unos días diera al gobierno de Maduro el analista Asdrúbal Aguiar y con la declaración de la Internacional Democrática de Centro, cuyo presidente, el colombiano Andrés Pastrana, motivó que se le empiece a considerar así.

El Diario de Hoy conversó con Otero, en el marco de la reunión de la SIP en Guatemala, sobre las perspectivas de una posible transición democrática, en vista de que derrotar a un narco-régimen trae consigo retos titánicos. “Saldremos bien”, dice con optimismo Otero y añade: “Como el ave fénix”. Esto fue lo conversado:

¿Se constata con las acciones recientes del Tribunal Supremo de Justicia que en Venezuela hay una dictadura?
Esto es un incidente, pero el régimen es una dictadura por razones que ya tienen tiempo. Todos los valores de la democracia han sido violentados, el tema de la libertad de expresión, el tema de los derechos humanos, la no separación de los poderes, el autoritarismo y otra serie de características de una dictadura. Esto fue una especie de decisión que constata una realidad que estamos viviendo desde hace mucho tiempo.

¿Esta resolución del TSJ ya se veía venir?
Ellos revirtieron la decisión (de eliminar los poderes al Legislativo). Ahí pasó que cuando se elige la Asamblea Nacional y entre esta elección y la toma de posesión hubo un interin en que Maduro cambia a los magistrados, que ya eran afines al régimen, y nombra a individuos que eran candidatos a diputados que habían perdido o el presidente que tiene dos acusaciones de asesinato en su contra. Se elige la Asamblea con mayoría calificada y todas las decisiones, absolutamente todas, fueron anuladas por el Tribunal Supremo. Es lo mismo que no tener Asamblea.
Después la declaran en desacato por dos diputados electos y que el TSJ decidió que no eran electos por una cosa muy arbitraria y al final este señor Maikel Moreno toma la decisión de asumir las funciones de la Asamblea. Eso era innecesario, se les armó una reacción tan terrible a nivel nacional e internacional que Maduro se ve que buscó cómo revertir la decisión. Seguramente las fuerzas militares también presionaron. La manera de revertir fue decirle a la fiscal que declarara inconstitucional la sentencia y el TSJ la revierte sin discutirlo. Ni la fiscal ni los magistrados discutieron nada.
Al final regresamos a lo anterior, que seguirán anulando las decisiones de la Asamblea.

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En términos prácticos, no ha cambiado nada…
Es una Asamblea que está ahí, pero al tomar una decisión está sujeta a que el Tribunal Supremo la anule.

¿Cómo debe interpretarse el hecho de que el TSJ se hace para atrás?
Las dictaduras están aisladas, creen que pueden tomar cualquier decisión y no ven qué pasa alrededor. Lo que hace que desaparezcan las dictaduras es precisamente ese tipo de cosas. Tomaron esa decisión, se les revirtió fuertemente y tuvieron que recular. Y ya no es lo mismo, porque en condiciones normales esos magistrados dieron un golpe y tendrían que ser juzgados, destituidos de sus cargos y no creo que eso suceda.

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Otra declaración preocupante de ese tribunal fue cuando llamó a Maduro a tomar decisiones penales, civiles, económicas y hasta militares contra los diputados. ¿Qué repercusiones puede traer esto?
Ellos tomaron una decisión, de eliminar la inmunidad parlamentaria y de hecho hoy en una protesta la policía política trató de arrestar a Henry Ramos Allup, que es diputado y tiene inmunidad, pero lo hicieron en medio de la manifestación y la gente no los dejó. Eso muestra las intenciones del régimen.

O sea, cualquier diputado en cualquier momento está en riesgo de ser capturado…

Sí, a que lo criminalicen.

¿Qué protecciones le quedan a estos diputados dentro?
Nada. Los jueces son todos jueces circunstanciales, no son por concurso. Es un sistema judicial formado por los que ellos ponen sin calificación alguna y ellos toman decisiones según lo que diga el Ejecutivo.

¿Qué caminos van quedando dentro o fuera para oponerse a la dictadura?
Venezuela no es Cuba. Ahí hay resistencia, hay partidos políticos, y hay líderes que están presos, hay 130 presos políticos, pero la mayor parte de los líderes de la oposición están ahí luchando y denunciando. Ellos violan la libertad de expresión, pero nosotros somos una ventana todavía. Internet sigue siendo un vehículo para que se exprese la gente y la comunidad internacional ha ido agudizando la condena al régimen entonces hay un frente al régimen que es cada día más contundente.

Es un régimen que solo tiene 10% de popularidad, que no tiene fuerzas armadas de su lado y que tiene a la comunidad internacional en contra. No es tan fácil mantenerse y no falta mucho para que ese régimen se caiga.

¿Qué rol juegan las fuerzas armadas?
Ahí hay muchos grupos. Hay uno de narcotraficantes, hay uno de militares chavistas, hay muchos oficiales en cargos públicos que llamamos “enchufados”, pero la tropa la manejan coroneles y tenientes coroneles que ganan $150 mensuales y en condiciones muy precarias. Ellos son demócratas y están en desacuerdo con las locuras que hace el régimen. Esa es la mayoría de las fuerzas.

De caer el régimen, ¿es posible que caiga para proteger los intereses de quienes están detrás del poder que ven en Maduro a un mal administrador?
No, si cae el régimen, cae el régimen. No es que unos del régimen sacan a otros. Este régimen es un grupo compacto y que está en negocios turbios y que independientemente de sus pleitos es compacto donde se necesitan unos a otros para mantenerse. Por eso es tan difícil sacar al régimen, son como Alí Babá y los 40 ladrones.

Ellos no son una dictadura normal, son una narco dictadura. En el mundo no hay sino una narcodictadura, es la Maduro. Así lo ha calificado la Internacional Demócrata de Centro que reúne a más de mil partidos políticos y cuyo presidente, el exmandatario colombiano Andrés Pastrana, ha sido firme en calificarla así.

¿Puede vencerse un narco-régimen solo desde dentro o es indispensable, como dijo el exministro Ricardo Hausmann, presión internacional?
Lo que dice él es lo que yo estoy diciendo. Sacar a un narco régimen es más difícil que sacar a una dictadura normal, pues se necesitan fuerzas internas y externas, pues son individuos que no respetan absolutamente nada y se mantienen en el poder a costa de lo que sea y además tienen intereses delincuenciales en su gestión. Estos no son los dictadores que conocemos.

Los dictadores que conocemos tomaban el poder, eran regímenes de excepción, pero esta es una situación única. No hay dos narcodictaduras en el mundo.

En ese sentido, ¿qué tanto puede hacer la OEA, Luis Almagro y los 20 países que avalaron su diagnóstico para detener el avance de esta narcodictadura?
Todo lo que haga son instrumentos diplomáticos, pero el aislamiento y la condena del régimen son muy importantes.

En septiembre de 2016 había una especie de optimismo tras una marcha de cerca de un millón de personas contra el régimen. ¿Se disipó ese optimismo?
Lo que pasa con la oposición es que hay una división transversal. Están los que piensan que es una democracia imperfecta que se puede sacar por una vía electoral y los mecanismos democráticos y los que piensan que se necesita algo más radical, como subversión o rebelión. Esta es la división de la oposición, pero la MUD está unida y actúa unida.

El año pasado, en vista de una Asamblea que estaba siendo anulada desde el primer día, además de una represión creciente, aumentó la posición de sacar a la dictadura por la calle. Esto aumentó hasta que llegó a octubre y la idea del diálogo. A mi forma de ver, ese diálogo fue una conspiración internacional para que no pasara nada en Venezuela porque al llegar el diálogo, Maduro ganó tiempo, se desmovilizó la oposición, se olvidaron del referéndum revocatorio y Maduro no cedió en nada. Soltó a cinco presos y metió a 20 más.

Ese diálogo desmotivó a la gente, pero ya volvió la protesta y el régimen no cambia. Ellos lograron únicamente ganar tiempo.

¿Y este tiempo ha sido capaz de matar una pretensión electoral?
La presión era para la salida de un régimen que no hace cronograma electoral, no convoca elecciones, pero se busca la salida del régimen por la vía que sea. Hay cuatro cosas en las que el régimen no cede. Primero, presos políticos. Segundo, cronograma electoral, no hay ninguno. Tercero, respeto a las instituciones. Cuarto, ayuda humanitaria, pues el régimen no reconoce que hay una crisis terrible y la gente se está muriendo. Es una cosa hasta genocida. Esas cuatro cosas son las únicas condiciones con las que se puede establecer diálogo.

¿Qué tanto peor se puede poner Venezuela antes de poder mejorar?
Los países no tocan fondo, ni quiebran como las empresas. Siempre pueden estar peor. Creo que esto tiene un límite social y político internacional que hará que el régimen se eche para atrás en algunos temas. Pero si se termina el régimen, cae del todo, no es que sale Maduro y entra Diosdado.

¿O sea que el chavismo puede estar en las últimas?
Más el régimen que el chavismo. Cualquier transición que venga tiene que aceptar una realidad, que el chavismo es una fuerza política y no espero que se dé una ilegalización del chavismo. Los que han cometido delitos que vayan a un sistema judicial transparente.

¿Será posible enjuiciarlos?
Claro que sí. En cualquier país en transición, el judicial va a actuar contra quienes tienen delitos comprobados. En Venezuela han pasado tantos años sin contraloría ni jueces y han hecho lo que les dio la gana. En Venezuela se desaparecieron un trillón de dólares y no se ha hecho ninguna gestión, no ha pasado nada.

¿Hay mecanismos de justicia internacional que puedan unirse a este proceso?
Es complicado porque se tiene que sustituir el sistema judicial que existe. Tú no puedes sustituirlo por uno revanchista. Tiene que ser un sistema profesional y esa modificación no se hace de lunes a martes. La ayuda internacional es importante. En Centroamérica lo entienden, pues ha habido casos de apoyo internacional que han ayudado a mejorar un sistema judicial. Pero estamos un poco especulando.

En cuanto a medios, ¿cómo resiste la prensa?
No resiste. Estamos reducidos a un periódico impreso con poca paginación, casi todos los periódicos se han vuelto páginas web, dos periódicos grandes se los vendieron al gobierno que pagó con dinero público. Y ahora hay un cerco a las redes. Hay quienes sobreviven porque estas son dictaduras posmodernas. Estos son bárbaros en algunos aspectos, pero dan una imagen de que respetan algunas cosas, pero la verdad esto no puede mantenerse por mucho.

Usted habló de una dictadura posmoderna. ¿Qué se puede decir de gobiernos que se dicen progresistas pero callan ante los abusos de este régimen o lo avalan?
Ellos antes tenían mayoría en la OEA, pero la han ido perdiendo y este es un proceso. Hay países agradecidos porque Venezuela les dio petróleo por un tiempo y hay países a los que les da petróleo aún. Pero en la práctica, el apoyo que tienen no es conceptual porque no tienes cómo justificarlo, mucho menos ahora que se constata que esta es una narcodictadura. Es un problema de tiempo hasta que pierdan todo el apoyo, salvo casos como Cuba, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, aunque estos últimos pueden cambiar pronto.

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