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Jornada de protestas antigubernamentales en Brasil

Es la tercera manifestación antigubernamental a gran escala este año, después de otras en marzo y abril.

Miles de personas se concentraron este domingo en decenas de ciudades de Brasil para manifestaciones convocadas por la oposición, que pretende dar una prueba de fuerza y protestar por la corrupción y la gestión económica del Gobierno de Dilma Rousseff.

/ Foto Por elsalv

Por AP

Ago 16, 2015- 10:47

Grupos de manifestantes salieron el domingo a las calles de ciudades y pueblos de Brasil para participar en un dí­a de protestas antigubernamentales a nivel nacional, considerado un termómetro del descontento popular con la presidenta Dilma Rousseff.

Las protestas, convocadas principalmente en las redes sociales por una serie de organizaciones, fustigan a Rousseff, cuyo segundo perí­odo en el gobierno se ha visto conmovido por un creciente escándalo de corrupción que ha involucrado a polí­ticos de su Partido de los Trabajadores y a una economí­a vacilante y una inflación creciente.

Es la tercera manifestación antigubernamental a gran escala este año, después de otras en marzo y abril.

Los analistas polí­ticos creen que la concurrencia a las manifestaciones del domingo podrí­an determinar el futuro del movimiento de protestas.

Si la convocatoria moviliza a multitudes podrí­a aumentar las presiones sobre el gobierno, pero si la concurrencia es escasa podrí­a dar cierto alivio a la presidenta.

Miles de personas que portaban banderas nacionales convergieron en la playa de Copacabana, en Rí­o de Janeiro y se efectuaban manifestaciones menores en la ciudad amazónica de Belem y en Belo Horizonte.

En la capital, Brasilia, una marcha por una avenida central donde se levantan ministerios y monumentos parecí­a haber reunido a varios miles de participantes. Se anticipaban más de 200 manifestaciones en todo el paí­s.

Las manifestaciones fueron convocadas principalmente por grupos de activistas en la red que demandan desde el juicio polí­tico a la presidenta hasta el retorno a una dictadura militar como la que rigió de 1964 a 1985, pero el fin de la corrupción parecí­a el objetivo principal, mientras se investiga la corrupción generalizada en la compañí­a petrolera estatal Petrobras.

Lincoln Carlos, un empresario de 60 años, dijo que se uní­a a la protesta de Rí­o para reclamar el fin de la corrupción. “Han robado al paí­s”, afirmó. “Es vergonzoso”.

La protesta de Rí­o, en una avenida amplia que corre a lo largo de la playa de Copacabana, debí­a coincidir con una prueba de ciclismo previa a los Juegos Olí­mpicos de 2016, pero los organizadores cambiaron la ruta y el horario para evitar la superposición.

La popularidad de Rouseff ha caí­do a su menor nivel para un mandatario brasileño desde 1992, cuando el presidente Fernando Collor de Mello se vio obligado a dejar el cargo después de ser sometido a un juicio polí­tico por corrupción. Una encuesta tomada este mes indicó que apenas el 8% de los encuestados consideraba que el gobierno era “excelente” o “bueno”. Por el contrario, el 71% consideró que el gobierno era “un fracaso”. La encuesta de Datafolha se basó en entrevistas a 3.358 personas el 4 y 5 de agosto y tuvo un margen del 2%.

El Grupo Eurasia, organización asesora sobre riesgos polí­ticos, consideró las protestas del domingo como un indicio importante a tener en cuenta. “Mientras los llamamientos a la renuncia de Rouseff serán el lema central de las manifestaciones del domingo, el mayor riesgo para el gobierno serí­a que las protestas masivas se hicieran frecuentes y fuesen seguidas por movimientos sindicales”, afirmó.

En 2013, una ola de protestas a nivel nacional tomó por sorpresa a los analistas ya que las multitudes más numerosas en una generación salieron a las calles antes del torneo de fútbol Copa Confederaciones, un año antes de la Copa Mundial. Los manifestantes estaban indignados por los gastos generosos en estadios y otra infraestructura para el mundial, en contraste con el deterioro de escuelas y hospitales. La insatisfacción con los servicios públicos y los impuestos elevados sigue en ebullición mientras el paí­s se prepara para los Juegos Olí­mpicos de Rí­o en 2016.

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