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Estado de Italia negoció con mafia para bajar crímenes

Según revela el capo de la "Cosa Nostra", el gobierno lo buscó para poner fin a matanzas en los 90

Estado de Italia negoció con mafia para bajar crímenes
Estado de Italia negoció con mafia para bajar crímenes

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Jul 06, 2013- 21:00

ITALIA. El máximo jefe de la mafia siciliana Cosa Nostra, Salvatore Totó Riína, confirmó recientemente la negociación que hubo a inicios de los 90 entre el Estado italiano y su organización criminal para bajar los niveles de criminalidad.

Fuentes judiciales dijeron que el pasado 31 de mayo, en una charla informal con dos guardias carcelarios, Riína se refirió a la presunta tratativa entre el Estado y Cosa Nostra, para poner fin a la ola de atentados que la organización criminal emprendió en la década de 1990.

La relación entre la mafia italiana y el gobierno de la nación siempre ha estado en boca de periodistas, jueces y políticos. Nadie ha conseguido demostrar esta vinculación delante de un juez, pero eso ahora puede cambiar con el ‘chivatazo’ que el capo de capos de la Cosa Nostra ha podido dar a dos agentes que le custodiaban durante la vista del denominado “juicio del siglo” en Italia.

En este juicio se tratará de demostrar que representantes del Estado negociaron con la Cosa Nostra una “tregua” a cambio de dejar de perseguir a mafiosos prófugos y mejorar las condiciones carcelarias de los mafiosos condenados que acabaron con la vida, entre otros, de los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.

Desde 1974 hasta su detención en 1993, Salvatore Riína mató a 150 personas, a 40 de ellas personalmente, por lo que fue condenado a 13 cadenas perpetuas.

Toto Riína lleva encerrado más de 20 años en una celda de aislamiento y, en estas dos décadas bajo llave, solo ha abierto la boca dos veces. Riína sabe que su silencio garantiza la superviviencia de su organización criminal y solo se tiene constancia de que hablara con alguien en julio de 2009 y en julio de 2010 cuando realizó ante los jueces dos declaraciones en un tono misterioso y con mucho mensaje de fondo y no de forma.

Ahora, La Bestia, como se conoce a Riína por su pasado sanguinario, ha vuelto a tomar la palabra y sus declaraciones han creado un revuelo mediático en Italia.

El capo de la Cosa Nostra acusa a los servicios secretos italianos de estar detrás de los asesinatos de Falcone y Borsellino, asegurando que fue el Gobierno italiano el que se puso en contacto con ellos y no al revés.

El “jefe de todos los jefes” de la mafia, quien habló durante el traslado de su celda en la cárcel de máxima seguridad de Milán a una sala de videoconferencias, acusó a los magistrados y a los políticos de ser “la verdadera mafia” y de encubrirse entre sí.

“Ellos descargan todas las responsabilidades en la mafia, pero la mafia, cuando inicia algo, lo termina”, declaró.

También dijo que el siete veces primer ministro, Giulio Andreotti, fallecido el pasado 6 de mayo, “era un caballero” y que él mismo fue “andreottiano” toda su vida.

Las palabras de Riína confirmarían la tesis de la fiscalía de Palermo, que sostiene que los primeros contactos entre los mafiosos y el gobierno tuvieron lugar a instancias de altos cargos del ejecutivo italiano.

Antes de realizar las confesiones a los dos agentes, Riína les aseguró que “con los jueces no hablo, no quiero tener nada que ver con ellos. Pero si quieren, a usted le cuento cosas”.

En su desahogo, Riína aseguró a los agentes que en el asesinato del juez Falcone, azote de la mafia durante décadas, “hubo mano de los servicios secretos”, y que lo mismo sucedía con el atentado contra el juez Paolo Borsellino.

Y, de una manera asombrosa, Riína sentenció ante los policías: “Yo no busqué a nadie (refiriéndose al gobierno italiano), fueron ellos los que me buscaron a mi”, en clara referencia a que fueron los servicios secretos italianos los que contaron con él para intentar llegar a un alto el fuego.

Es eso, precisamente, lo que trata de establecer el juicio que se celebra ahora en Palermo: los términos de la negociación que el Estado italiano y la Mafia siciliana sostuvieron desde 1992 a 1994, en un intento de frenar la ola de atentados que sacudieron al país en aquella época y, de camino, salvar el pellejo de una serie de políticos que estaban en el punto de mira de la mafia.

Giovanni Brusca, uno de los pistoleros de Riína y que detonó personalmente la bomba que acabó con Falcone, se convirtió luego en confidente, tras ser arrestado en 1996.

Brusca afirmó que, durante 1991 y principios de 1992, Riína consideró realizar actos de terrorismo contra el estado como respuesta a la campaña contra la mafia, incluyendo acciones tales como volar la Torre de Pisa. De hecho, durante los meses posteriores al arresto de Riína, los Corleonesi detonaron varias bombas contra varios destinos turísticos en la península italiana, resultando en la muerte de una decena de personas, incluyendo una familia completa.

Según Riína, la complicidad con el Estado está clara: “He estado 25 años fugitivo sin que nadie me buscase. ¿Cómo es posible que sea responsable de todas estas cosas?”.

En el juicio celebrado en Palermo, capital de Sicilia, figuran como acusados el exministro del Interior, Nicola Mancino; el exsenador Marcello Dell’Utri, excolaborador del exprimer ministro Silvio Berlusconi, y arrepentidos mafiosos, el propio Riína y exoficiales de los carabineros. Entre los testigos se encuentra el presidente italiano, Giorgio Napolitano.

Carrera bañada en sangre

La carrera de Riína hacia la cúpula de la Cosa Nostra se sigue con facilidad gracias al reguero de sangre que dejó a su paso.

Comenzó como lugarteniente del sanguinario capo Luciano Leggio, un hombre de mirada gélida y temperamento sádico que era temido incluso entre los propios mafiosos.

Leggio y Riína eran la cabeza visible del clan de Corleone, y junto a Gaetano Baladamenti y Stefano Bontate, formaron una suerte de triunvirato mafioso a principios de los 70.

Durante una década el triunvirato funcionó con mayor o menor equilibrio y todas las familias pudieron enriquecerse con el negocio de la heroína, hasta que a principios de los 80 se desató una terrible guerra por el control de Palermo.

La masacre inició el 23 de abril de 1981 con el asesinato de Stefano Bontate, ametrallado en su Alfa Romeo cuando regresaba de su fiesta de cumpleaños. El siguiente capo fue Salvatore Inzerillo, ejecutado cuando salía de mantener un encuentro amoroso.

Los ‘corleonesi’ estaban matando uno a uno a todos sus rivales mediante una táctica que el juez Falcone calificó de “ejército fantasma”. Los asesinos ejecutaban a sus víctimas y desaparecían sin dejar rastro, tal y como les había enseñado Leggio, que se vio obligado a emplear una estrategia similar cuando eliminó al que por entonces era el padrino de Corleone, el doctor Michele Navarra, en 1958.

Entre 1981 y 1983, los noticiarios italianos dieron cuenta de más de 200 asesinatos. Solo el 30 de noviembre de 1982 murieron de forma violenta 12 miembros de la Cosa Nostra en Palermo. El clan de Corleone llevaba a cabo una auténtica operación de exterminio que convertiría aquel consejo trilateral en una dictadura, con Salvatore Riína en la cúspide.

En enero de 1993, la caída de Riína mantiene el estilo hollywoodense: fue apresado porque su chofer, Balduccio di Maggio, lo delató a los Carabinieri. Por eso, varios de los familiares de di Maggio fueron posteriormente asesinados.

Si bien su encarcelación causó satisfacción, se supo que durante 30 años Riína no hizo demasiado esfuerzo por esconderse. Anotó a sus hijos con su nombre original, y estuvo de luna de miel en Venecia, sin que nadie lo notara. Se estima que no hubo una necesidad política de atraparlo hasta que la opinión pública empezó a presionar sobre el gobierno.

Riína siempre dijo que era un simple empleado y que no sabía que era el asesino más buscado. Le secuestraron $125 millones en bienes, sólo una parte de su fortuna. Vive en prisión, adónde dice, es respetuoso y amable. —AGENCIAS

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