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La batalla final será en la Cámara baja donde dominan republicanos

El camino está cuesta arriba en esa instancia porque hay una división de opiniones entre los republicanos que ven la reforma como una amnistía para los indocumentados.

Los republicanos Lindsey Graham y John McCain junto al demócrata Chuck Schumer. edh/ EFE
Los republicanos Lindsey Graham y John McCain junto al demócrata Chuck Schumer. edh/ EFE

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Jun 27, 2013- 19:00

WASHINGTON. El rechazo que la mayoría republicana en la cámara baja ha demostrado hacia la idea de conceder la opción de naturalización a inmigrantes sin papeles se perfila como un obstáculo para las posibilidades de que el presidente Barack Obama promulgue este año la histórica reforma migratoria aprobada ayer por el Senado.

El senador republicano por Alabama, Jeff Sessions, crítico acérrimo de la reforma migratoria, calificó como “significativo” que no se hayan alcanzado los 70 votos porque “garantiza que la Cámara baja tiene margen suficiente para trazar una ruta opuesta y rechazar esta iniciativa”.

El grupo bipartidista de ocho senadores que redactó el proyecto de ley original había expresado públicamente su aspiración de alcanzar los 70 votos para ejercer una mayor presión sobre la Cámara baja, y con ese fin realizaron concesiones importantes a la bancada republicana.

Mientras el liderazgo nacional del partido republicano ha expresado la urgencia de apoyar una reforma migratoria como una manera de reconciliarse con el voto hispano que votó en noviembre abrumadoramente a favor de reelegir a Obama, muchos legisladores republicanos más bien definen sus estrategias pensando en la realidad política de sus respectivos distritos.

Y para quienes buscan reelegirse en las elecciones de medio término de 2014, apoyar una reforma migratoria los pondría en desventaja frente a rivales radicales que cuenten con el apoyo del grupo radical conservador conocido como el “Tea Party” y que los acusen de facilitar una “amnistía” migratoria.

Muchos en la Cámara baja —donde los republicanos son mayoría— prefieren un enfoque por partes en lugar de una reforma integral como la que está produciendo la Cámara alta.

La Comisión de Asuntos Jurídicos de la Cámara de Representantes aprobó el miércoles una iniciativa para establecer un sistema que obligue a todos los patrones a verificar el estatus migratorio de sus empleados con un plazo de dos años.

Y la semana pasada aprobó otros dos proyectos, uno sobre los trabajadores agrícolas y otro para tipificar como delito federal estar en el país sin permiso legal, cuando actualmente es una infracción del fuero civil.

Ninguno de los proyectos de ley aprobados por la comisión permite a los inmigrantes sin papeles legalizar su estatus, mucho menos naturalizarse.

Un grupo bipartidista de siete representantes ha negociado de manera interrumpida desde 2009 un proyecto de ley integral en la cámara de representantes, sin haber logrado una versión final.

El demócrata por California, Xavier Becerra, integrante de ese grupo bipartidista, indicó que “es momento para un liderazgo real en la Cámara baja. Debemos debatir y aprobar una reforma migratoria integral y bipartidista. Si trabajamos juntos, no como republicanos y demócratas, sino como colegas y representantes electos del pueblo estadounidense, haremos el trabajo”.

Agrupaciones a favor de la reforma migratoria realizarán movilizaciones y comprarán anuncios publicitarios para persuadir a los legisladores escépticos de votar a favor de la reforma migratoria.

El presidente de la Cámara baja, el republicano por Ohio, John Boehner, reiteró ayer que “la Cámara no someterá a voto cualquier cosa que apruebe el Senado”.

Kica Matos, vocera del Movimiento por una Reforma Migratoria Justa (FIRM por sus siglas en inglés) calificó la aprobación en el Senado como una “victoria para el movimiento”. —AGENCIAS

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