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Invasión mediática en el Vaticano

Más de 5 mil acreditaciones a periodistas ha entregado la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Esperan un aumento de corresponsales entorno al Cónclave.

Periodistas congregados en la Plaza de San Pedro. foto edh / efe
Periodistas congregados en la Plaza de San Pedro. foto edh / efe

Por Jaime García oriani Corresponsal en El Vaticano

Mar 10, 2013- 19:00

ITALIA. En las afueras de un edificio cercano a la Basílica de San Pedro se ve un numeroso grupo de periodistas con sus cámaras, libretas, grabadoras y dispositivos móviles.

Ante la gran presencia mediática, la gente pregunta qué está sucediendo. Quizás en broma o quizás en serio, un turista japonés se acercó a un periodista para consultarle si todo el escándalo era porque ya se había elegido al nuevo Papa. Los comunicadores fueron incapaces de contener su risa.

Y es allí, en ese edificio cerca de la gran Basílica, donde se aglomeran los periodistas, en dónde está la Sala Stampa de la Santa Sede, es decir, el aula en la cual el Portavoz de la institución católica, Padre Federico Lombardi, desarrolla las conferencias de prensa.

Desde que comenzaron las sesiones de la Congregación General -las reuniones previas al Cónclave entre los cardenales electores y no electores-, la Oficina de Prensa lleva a cabo diariamente una sesión informativa a mediodía.

Lombardi da un balance general de la Congregación y también aprovecha para desmentir algunos rumores. El jueves, por ejemplo, dijo que no era verdad lo publicado por un medio que aseguraba que el maestro de ceremonias del Vaticano reservó la Basílica de San Pedro para hoy para la celebración de la Misa que marca el inicio del Cónclave.

Según datos oficiales, hasta el momento se han entregado 4,432 acreditaciones temporales y 600 permanentes, divididas entre personas de 65 naciones y 24 idiomas.

Los periodistas no permanecen únicamente en las afueras de la Oficina de Prensa. A pocos metros de allí, en los dos extremos de la Via della Conciliazione, se han colocado dos andamios de tres niveles cada uno, con el fin que los medios de comunicación transmitan con las mejores vistas de la Plaza y Basílica de San Pedro.

Otros rentan terrazas de casas u hoteles con vistas al Vaticano o simplemente se instalan en algún espacio libre de esta calle. Roberto M., propietario de un apartamento que tiene uno de los tan cotizados balcones, cuenta que cobra mil euros (unos $1,299) semanales a un canal de televisión alemán. “Me pagan eso porque ellos me lo ofrecieron; yo hubiera pedido menos”, comenta.

También se ven periodistas en los ingresos que conducen al aula en donde se reúnen los cardenales, para conseguir declaraciones. Una labor sin éxito, pues los purpurados prefieren el silencio.

Cada vez son menos los cardenales que hablan con los medios de comunicación. Ahora prefieren ingresar en vehículos a la zona y han cancelado algunas citas con medios.

Uno de estos casos es el de los purpurados estadounidenses, que sostenían conferencias de prensa con medios anglosajones, en los que informaban del proceso electivo. Sin embargo, desde el jueves se suspendieron las conferencias.

La religiosa Mary Ann Walsh, encargada de convocar a los medios a estos encuentros, envió un mensaje de texto a los periodistas explicando el motivo de la cancelación: “Se ha expresado preocupación en la Congregación General por las fugas de noticias reservadas. Por precaución los cardenales han decidido no conceder entrevistas”.

Acercarse demasiado a la Basílica de San Pedro es una de las pocas cosas que evitan los periodistas que desean transmitir información desde sus móviles, porque, según dicen, son afectados por los inhibidores de frecuencia (bloqueadores de señal) colocados por la Gendarmeria, el cuerpo de seguridad del Vaticano, en los alrededores de la Capilla Sixtina para garantizar que no haya interferencias las votaciones del Cónclave.

Con particular atención

Norberto González, profesor de Opinión Pública de la Universidad de la Santa Cruz (Roma), piensa que “el hecho que se preste atención global, así de relevante, a la renuncia del jefe de una de las religiones demuestra que, de alguna manera, la opinión pública percibe la singularidad de la Iglesia Católica y del hombre que la gobierna”.

Dice que “no se presta igual atención a la renuncia de otro líder religioso” y que existen factores que motivan a la prensa, como lo son número de fieles de la Iglesia y su historia, “pero por sí mismos no logran explicar el por qué de este interés”.

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