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Ray Walser

“A El Salvador le falta dinamismo”

Analista de The Heritage Fundation considera que Estados Unidos está limitado en sus capacidades para seguir aumentando la asistencia económica y de cooperación para los países de Latinoamérica. También resalta la parca presencia de El Salvador en los intereses de Washington desde hace un tiempo

A El Salvador le falta dinamismo
A El Salvador le falta dinamismo

Por tomás guevara Corresponsal en Washington

Mar 09, 2013- 19:00

El analista principal del tanque de pensamiento conservador The Heritage Fundation, Ray Walser, habla con El Diario de Hoy sobre cómo se mirá desde Washington a Latinoamérica y a El Salvador en particular. Esto desde la perspectiva republicana.

Walser mira las oportunidades y ventajas que presenta la región en este momento con una movilización de inversiones desde China hacia México y cómo esto puede influir en las relaciones de Estados Unidos hacia el centro y sur del continente.

El analista, cuyo staff suministra insumos al Partido Republicano para la toma de decisiones desde los distintos estamentos políticos, habla de los cambios políticos que estarían por ocurrir en Latinoamérica tras la muerte del líder venezolano Hugo Chávez y los posibles caminos del Socialismo del Siglo XXI.

A su criterio, en este momento, ¿cómo se ve desde Washington a Latinoamérica?

No hay muchos cambios, en términos generales, América Latina no es una prioridad. En la Casa Blanca, ahora mismo, se tiene más atención por los problemas de Siria, Korea del Norte, Irán y Egipto. Eso es bueno de algún modo para América Latina porque no hay nada tan urgente que necesite atención inmediata.

¿Se vería como una región estable entonces?

De algún modo sí. Por otro lado, México, Centroamérica y el Caribe, que son nuestros vecinos, en algunos aspectos estamos con unas relaciones basadas en las leyes domésticas de Estados Unidos: inmigración, control de armas, tratados comerciales, seguridad nacional, que son cosas de este país que tienen mucho impacto afuera y no son necesariamente temas propios del Departamento de Estado.

Esto tiene gran impacto en toda la región, especialmente en Centroamérica por los vínculos demográficos, como los tantos salvadoreños que están viviendo aquí, miles de ellos con un permiso temporal de trabajo (TPS).

¿Y con México que es el punto de partida hacia el sur?

La relación con México, el problema de seguridad sigue siendo difícil, pero yo creo que hay más confianza y optimismo sobre todo porque hemos visto mejoras con un flujo de comercio que está creciendo aunque hay problemas en la frontera, las inversiones están creciendo en México, muchas de las industrias que estaban en China están regresando a México por los costos y la entrada más fácil de sus productos a los Estados Unidos.

¿Cree posible que ese efecto “positivo” en parte de México baje al Triángulo Norte de Centroamérica?

Eso depende. Quizá no podemos perder de vista la importancia de los Estados Unidos y la ayuda para tratar de bajar los homicidios y el crimen en Centroamérica. El problema son los fondos; México es mucho más rico, tiene instituciones más fuertes. Sin embargo, Centroamérica aunque también no es tan pobre, pero muchos no quieren pagar los gastos para la seguridad porque no tienen confianza en el Estado. Si hubiera confianza en el Estado ellos no pagarían más en una fuerza privada.

¿Qué pasará con el Socialismo del Siglo XXI y la polarización anti-EE.UU. que germinó bajo esa doctrina?

Ellos van a tratar de mantener las líneas de Chávez, pero sin el carisma. Creo que va ser más difícil. Se habla de que hay tendencias entre los grupos de Maduro, que está más tendiente hacia la línea civil, pero revolucionario, más alineado con Cuba y está Diosdado Cabello el grupo más nacionalista, más vinculado con los militares. Pero los militares a la vez son más corruptos. Entonces yo creo que no va tener una explosión, pero habrían fricciones, gente saliendo del movimiento, denuncias y también tienen una serie de problemas económicos internos que limitarán la capacidad de Venezuela de accionar como lo hizo en el pasado sobre los otros países.

¿Habría entonces un impacto en los programas que benefician a los países que están alineados con Alba?

Posiblemente tendrán que renegociar los términos de Petrocaribe, quizá tengan que repensar la relación con Cuba. Vamos a ver que pasa, no estoy tan seguro, pero creo que van a tratar de mantenerse hasta donde les sea posible.

¿Y la discursiva interna de los países? El Salvador, por ejemplo, se decidiría por una tendencia en la próxima elección presidencial. ¿Cómo cree que se procesará esta etapa?

Hemos visto que Mauricio Funes ha tratado de poner un poco de distancia. Vamos a ver si (Salvador) Sánchez Cerén, que es el candidato del FMLN, gana las elecciones. Sabemos que es más chavista que Funes, pero si ya no hay dinero en el banco y sin Chávez, no podemos prever todavía qué va pasar.

Hace dos años cuando el presidente Barack Obama iba de gira por Latinoamérica usted previó con bastante acierto, los réditos de esa visita. ¿Qué se puede decir de El Salvador a dos años de haber sido escogido por la Casa Blanca para esa reunión de jefes de estado?

Mire, ese es un problema con las visitas del presidente, porque la gente piensa, que los dioses están llegando con regalos para todos. Pero el Departamento de Estado, mis excolegas, están dando siempre una lectura de ver a El Salvador como un país clave, supuestamente porque es un país de la izquierda responsable con una orientación liberal.

Creo que durante la visita de Obama a El Salvador fue la estrella, aunque ha bajado un poquito.

Al final hubo un poco de todo…

El problema son los números, no tenemos presupuesto, ni la capacidad de aumentar la cooperación y asistencia económica. No sé en este momento cómo está el proceso para la elección de un segundo desembolso de la Cuenta Reto del Milenio, que es la vía más grande de ayuda.

En términos generales Estados Unidos tiene que tratar a El Salvador con algún tipo de éxito, pero con muchos problemas de pobreza, de inseguridad y aunque tiene una posición en las libertades económicas todavía le falta un dinamismo y hay incertidumbre y mucha preocupación.

La corrupción es muy sensible en Estados Unidos. ¿Qué se puede decir cuando en El Salvador la sociedad civil tiene una percepción muy negativa de la clase política por este tema?

Yo creo que sí, hay ciertos grupos y hasta personas, algunos alineados con conservadores, que no voy a mencionar nombres, pero supuestamente hay sobre ellos percepciones de corrupción. Hay negocios como Pacific Rim y otros que están hablando al Congreso que no están siendo bien tratados en el tema de negocios e inversiones. Pero no estoy al tanto de las otras áreas.

Al principio de la gestión de Mauricio Funes se hablaba mucho de su liderazgo en la región. Pero de un tiempo para acá hay silencio en Washington sobre El Salvador. ¿Qué ha pasado?

El problemas quizá no es la relación, el embajador Altschul ha sido un hombre muy activo. Probablemente sea una parte de la diplomacia. Creo que el canciller Hugo Martínez es un hombre muy hábil, muy inteligente, pero no lo hemos visto mucho por aquí. Creo que El Salvador está fuera del radar en este momento. Podría ser la diplomacia de Funes, o que hay otros problemas para el Departamento de Estado, pero en términos generales desde la reunión del SICA (Sistema de Integración Centroamericana), el año pasado, para hablar del crimen y del plan regional no hemos visto tanto de El Salvador y no sé exactamente cuáles son las razones.

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